Zongamin – Zongamin (XL)

Apenas si hemos llegado a la mitad de 2003 y ya hemos escuchado gran parte de lo más esperado. Entre ello (no por orden de preferencias y seguro que faltan muchos) lo nuevo de grandes estrellas como Blur, Madonna o Tricky, de grupos mayoritarios como Asian Dub Foundation, Arab Strap o Massive Attack, e incluso regresos tan esperados como los de Bent, Alpha o Goldfrapp. Pero, con más o menos acierto, pocos de ellos nos han sorprendido. Nos han ofrecido lo que casi todos esperábamos. Por eso las alegrías, esa satisfacción de escuchar algo fresco que inconscientemente te coloca una sonrisa en el rostro, tenían que hallarse entre los debutantes. Entre ellos se coloca Zongamin –junto a Pulseprogramming y The Postal Service– Una banda desconocida y liderada por un japonés, emigrado a Inglaterra, sin club de fans fuera de las islas. De Zongamin, al menos yo, sólo habíamos tenido noticias porque Soulwax decidió incluir “Serious trouble” –una canción que recuerda al Homework de Daft Punk o al Fat Boy Slim más cercano- en el celebradísimo mix 2 Many DJs.

El cerebro se llama Susumu Mukai, todo un renacentista del siglo XXI, de 29 años y que, además de tocar el bajo, la guitarra, el piano, el clarinete o ser percursionista, ha hecho de todo. Ha estudiado en la Escuela de Arte de Londres, ha colaborado en revistas como Dazed and Confused, Arena o Blueprint, ha escrito un par de libros sobre arte, ha trabajado para discográficas como Universal o Monocle 78, en clubes como Electric Stew o Crackin’ Skullz, e incluso en la sucursal que la fábrica italiana Filatti Tesutti Crespi tiene en Inglaterra y ha sido ilustrador de Flesh Records. Todo un parto bien aprovechado, sí señor.

Bueno pues con todo eso en la cabeza, decidió fundar Zongamin con varios colaboradores más y, sorprendentemente, no utilizar apenas instrumentos para su primer larga duración. Este álbum, que lleva el nombre del grupo, está creado a partir de la experimentación de Mukai con los ordenadores y el sampler y con influencias que van desde Prince a David Bowie, pasando por Joy División o las bandas sonoras de Morricone.

Significando que las doce composiciones son formidables, me quedaría con la ya mencionada “Serious Trouble”, el apocalíptico inicio de “Make love not war” (que bien podría acompañar a un moderno John Ford o ser la introducción del último éxito de Chemical Brothers), la guitarra y los scratches de “Street surgery 2”, el guiño a Third Eye Foundation de “Tresspasser” o algo cercano a Tarantino como “Whiplash”.

Sonar a nuevo sin inventar nada debe ser propio de un mago, en este caso, de uno nipón como Susumu Mukai.

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