Zuco 103 – Arena (Madrid)

Quien sabe si Zuco 103 se hubiesen comido algún rosco de ser brasileños y no europeos. Quien sabe si hubiesen podido juntar el acid jazz y la bosanova. Pero las cábalas son pesadas, y el directo de Zuco 103, un cóctel ligerito y digestivo que pasa por muchas etapas, como un círculo cromático.
Empezaron bailones, con ese tema a mayor gloria de Fela Kuti que es “Peregrino”, uno de los mejores de su último disco, “Tales of High Fever”, que presentaban ante una sala Arena fumeta y con ganas de que les hicieran mover el culo, más que de moverlo ellos solitos.
Lilian Vieira (voz), Stefan Schmid (teclados) y Stefan Kruger (batería) trajeron para la ocasión a un bajo, un percusionista y hasta un dj (DJ Sjam), encargado de hacer cuatro scratches y poco más.
Vieira es una mujer que encandila porque no se ajusta al modelo de vocalista tropical “cómo me gusto y cómo me toco”. Graciosa, haciendo coreografías tontitas y divertidas, o copiándoselas al público, desborda teatralidad por todos los poros, canta, explica las canciones y hace chistes. Especialmente estupenda estuvo en “Brasil 2000”, un cuento sobre los problemas telefónicos en su tierra natal, en la que soltó un tremendo speech alabando las bondades de la telefonía española (a quien se le ocurre), y arrebatándole el móvil a uno de la primera fila para cantarle la canción a su interlocutor.
Estupendo también Schmid, que se lució en los momentos más acid-jazz, como “Treasure”, que ocuparon el segunda parte del concierto. También se recuperó del “Tales…” su “Bebete Vambora”, versión del sesentero tema de Jorge Ben.
Y, a partir de este momento, las cosas se desmadraron. Primero, con el drum’n bass de “Humana”, cantada más o menos bien por las chicas de la sala. Luego, con el recitado frenético de “Curso de Reclamaçao” y el baile desmadrado de “Um côco”. Más adelante, con la aparición de de la brasileña Cibelle como vocalista invitada, guapísima, joven y “modenna” que, seguramente, pegue el pelotazo en breve. Y, al final del todo, con techno del de Jeff Mills, sobre el que empezaron a improvisar melodías calentorras.
En los bises, “Zabumba no mar”,otra de las melodías conocidas de “Outro Lado”, su primer disco. Y se completó el abanico. El resultado, como ellos, es orgánico, el todo pesa más que las partes. ¿Electrónica con música brasileña o música brasileña con electrónica? Quien sabe si nos encontramos delante de los futuros articuladores de las músicas del mundo y nosotros sin darnos cuenta.

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