Alondra Galopa – Ocaso (Linier Discos)

El dúo más osado de la actual escena granadina se lo vuelve a guisar y comer en esta cuarta entrega, probablemente su colección de temas más aplomada y prometedora. Graban en su propio estudio, más exactamente en el que acondicionó para su uso y disfrute Juan Antonio Salinas, el cincuenta por ciento de una asociación completada por Mónica Navarro, una mente tan inquieta como la de su partenaire que da el alma en cada nota que canta. En esta ocasión asume algo más de protagonismo vocal, oscura en “Nocturno” y brillante en una pieza de pop amable como “Estar donde deseas”, donde la guitarra acústica suplanta la habitual identidad eléctrica del concepto. En “Que no” (no confundir con el tema de idéntico título de Deluxe, ahora Xoel López) también se aprecia cierta apertura que ensancha su ya variada paleta musical.

La versatilidad de Alondra Galopa parece dividirse en conceptos de la espesura de “Perdí el hilo”, la agilidad rockera de “Todo es diferente” y “No hay marcha atrás”, ambas con ambos pies anclados en los noventa, y el noise melódico (sí, se pueden conjugar los dos términos) de “Palabras sucias”, demostrando que la evolución nunca debería estar reñida con las convicciones. Lo realmente interesante de su propuesta es que pueden acariciar y arañarte casi al mismo tiempo con solo un par de acordes, y con “Visiones”, un ramalazo de hit en toda regla, y “Ocaso”, tanto el disco en su globalidad como el tema homónimo que lo cierra, provocan esa sensación de incomodidad sonora que hacen que te arrastres sin remisión entre las notas y desees que el viaje sonoro se prolongue un poco más. Los detalles están mucho más cuidados de lo que parece y en algunos de ellos se adivina la huella de pasadas experiencias artísticas, como la de Salinas con Neuman, bastante evidente en la leve distorsión de “Despierta tus sentidos”, o el fuste de “Alejandra”, otro de los temas en los que englobar las características básicas de la banda. Luego, cuando plasman su admiración por Bowie y más concretamente su “Starman” retitulándolo “El hombre de las estrellas” y reformulando sus bases, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que con este cuarto disco merecerían definitivamente el despegue comercial. ¡Ah!, que aquí ya hace tiempo que nos olvidamos de eso…

No pasará mucho tiempo más, o no debería, sin que estos grandísimos músicos escalen los peldaños que les quedan en el duro e ingrato camino al reconocimiento masivo y, por qué no, a su propia y definitiva identidad. Con Ocaso están un paso más cerca de conseguirlo.

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