Black Rebel Motorcycle Club – Specter at the Feast (Abstract Dragon / Vagrant Records)

Contrariamente a lo que se podría pensar después de escuchar este disco, en la portada no hay ningún mensaje que diga “aquí yace Black Rebel Motorcycle Club“. Y es raro, porque Specter at the Feast tiene un tufo a epitafio trasnochado que tira para atrás. Y me fastidia. Más que nada porque hace un par de años dejaba escrito por aquí que Beat the Devil´s Tattoo podría significar un despegue lento pero voluntarioso, un sacar las piernas del fango después de haberse hundido hasta las rodillas. Pero no. Ni de lejos.

Ya cuando vi que el adelanto del séptimo disco de BRMC era una versión del clásico de The Call (“Let the day begin”) empecé a temer lo peor. Cuando lo mejor que puedes adelantar de tu nuevo disco es una canción de otro grupo: uhm, mala cosa. ¿En serio no tienes nada propio que nos pueda enganchar? Pues no. Y lo peor de todo es que “Let the day begin”, que tiene su encanto aunque no la han reinventado, y sin duda es de lo mejor del álbum, es en realidad Kasabian con un ataque de hard-rock. Y ser Kasabian para Kasabian, o para cualquier otro grupo, no está mal. La cuestión es que querer ser Kasabian cuando eres BRMC chirría bastante y suena más a broma pesada que a otra cosa. (matiz para suspicaces: este razonamiento no implica un juicio de ningún tipo sobre Kasabian)

Turner y Hayes (y, por ósmosis, Shapiro) parecen enrocados en un punto de no retorno. Uno en algún rincón del limbo del “tú antes molabas“. Y de ahí no salen. Hay que comprender que la cosa es complicada así, sobre todo porque en sus guitarras ya no hay lo que hubo en su día. Quizá por eso, los californianos optan por una simple actualización de sus greatest hits, una colección de canciones con la que intentan contentar a todos y en la que se imitan a ellos mismos hasta la extenuación. La cosa no tiene mucho éxito, claro.

Y eso que Specter at the Feast no empieza mal del todo, sobre todo si rebajas las expectativas y piensas en cosas bonitas. Como por ejemplo, Twin Peaks. “Fire walker”, que recuerda a la perturbadora precuela de la obra maestra de Lynch, es un medio tiempo oscuro de esos con las siglas BRMC que, de no ser porque le sobra un minuto por delante y otro por detrás, podría ser hasta una gran canción. Lo mismo que “Let the day begin” si: a) fueran Kasabian, y b) no fuera una versión. “Returning”, la tercera en discordia, sí parece acertar; otro tema que roza el ambient y el shoegaze y que, de no ser por pecar de sentimentaloide, hasta podría haber entrado en los bonus tracks de su brillante primer disco.

A partir de ahí, la cosa da para poco más. “Hate the taste” y “Rival” son casi idénticas y se podrían haber fusionado en una; “Sometimes the light” es una imitación barata de los peores Jesus and Mary Chain a los que se les ven las costuras; “Lullaby” y “Some kind of ghost” intentan ser un guiño al Howl menos directo, pero se les tuerce el gesto; “Teenage disease” es la “Whatever happened to my rocknroll” de los nuevos BRMC, es decir, sacarina; y el final es un querer y no poder con “Funny games” y “Sell it”, y un exceso somnífero con “Lose yourself”. La obsesión por estirar los temas sin necesidad agota.

Black Rebel Motorcycle Club vuelven a hundirse. Quién sabe si ésta será la definitiva.

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