Bob Dylan + Andrés Calamaro – Illumbe (San Sebastián)

Última parada de los seis apeaderos estatales en 2015 de este tour continuo de Bob Dylan, del que, dicen, es el norteamericano vivo más importante. El mito, la leyenda, el compositor, el músico, en esta ocasión convertido en “crooner” de la historia de la música de su país.
Comenzó la noche con un Andrés Calamaro en formato semiacústico que ofreció 40 minutos de aromas porteños, con Antonio Serrano a la armónica como base de todos los temas y que, yendo de Piazolla a “Estadio Azteca”, consiguió arrancar entusiastas ovaciones, en lo que parece ser el preludio de una próxima gira de escenarios más íntimos.
Convocados por un gong, Dylan y su banda acometen “Things Have Changed” de claro aroma fronterizo y a continuación, la primera deconstrucción de la noche, “She Belongs To Me”, reconocible por el estribillo, y sin solución de continuidad nos lleva hasta Nueva Orleans con “Beyond Here Lies Nothin”.
Dylan abandona sus cuatro micrófonos centrales para pasar al piano en “Working´s Blues 2”, único instrumento que tocará en la noche junto con su sempiterna armónica abandonando la guitarra, parece ser, que por prescripción médica.
Una banda sobria, compacta, precisa en el detalle, que navega en un punto medio entre lo acústico y lo eléctrico que da el armazón profundo e inspirado para que Mr. Zimmerman vaya rebuscando en su repertorio del nuevo milenio ese arte escondido que atesora y que parece no estar a la vista de todos.
El aire íntimo y recogido del concierto se prolonga con “Waiting For You”, la elegante “Pay in Blood”, “That Lucky Old Sun” y el ambiente teatral cabaretiano de la puesta en escena. Un celebrado y remozado “Tangled up in Blue” eleva la temperatura justo antes de un descanso de 20 minutos.
El banjo de “High Water” abre la segudna parte con un Dylan interpretando desde la forma de cantar que no se esconde tras el piano como en anteriores giras y hasta con alguna que otra postura ligeramente desafiante, piernas abiertas y mano en cadera. La segunda visita a Blood on Tracks de “Simple Twist of Fate”  pone los pelos de punta y el salto de varias décadas hasta “Early Roman Kings”, blues arrastrado en el que su estropajosa voz roza cual lija. Las exquisiteces continúan con el acordeón en la crepuscular “Forgetful Heart” y su famosa voz nasal aparece en ese swing de cuna que es “Spirit on the Water”. Un precioso diálogo violín y banjo, nos conduce por la espectral “Scarlet Town” en una extraña uniformidad que cala por su búsqueda de lo menos evidente en un artista de su talla y que alcanza cotas de emoción contenida en “Long and Wasted Years”.
La rúbrica a su noche como “crooner” la hace su conexión con la Chanson francesa y el cover de Yves Montad “Autumm Leaves”, con el que se despide y que empuja a buena parte del público a pie de escenario y a abandonar las sillas de plástico del poco digno recinto que alberga su actuación.
Para el bis deja una disfrazada “Blowin´ in the Wind” con un insólito arreglo de violín pero que necesariamente debe sonar distinta que en los 60. “Love Sick”, una de sus últimas grandes canciones, pone fin al concierto con un arreglo menos tenso que en el disco, dejándonos un majestuoso sabor en boca de un mito que sigue siendo artista encima de un escenario.
 

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