Jamiroquai – Wizink Center (Madrid) 25/11/17

He de admitir que mientras atravesaba Madrid camino del WiZink Center para ver y escuchar a Jamiroquai no las tenía todas conmigo. Ni mucho menos. Tras siete años sin noticias discográficas de Jay Kay y los suyos, Automaton (2017) no respondió a las expectativas, palideciendo frente a cualquiera de sus grandes discos. Además, su visita veraniega al Crüilla barcelonés no invitaba tampoco al optimismo, con su líder fuera de foco y una preocupante sensación de irrelevancia dentro de la saturación estival.

Sin embargo, el mundo de la música tiene cosas fascinantes y una es la imprevisibilidad del éxito. En esta escena globalizada donde dominan las listas gente que ni sonaba hace apenas un año y no hacen falta discográficas existiendo Youtube, el regreso a nuestros escenarios tras nueve años de ausencia de alguien tan de la vieja escuela como Jamiroquai podría haberse saldado con un pinchazo importante. Más en un recinto de gran aforo como el antiguo Palacio de los Deportes con entradas a precios no muy populares, pero nada más lejos de la realidad: llenazo hasta la bandera y ambiente festivo desde el inicio. Empezaban a despejar dudas.

El sonido limpio y potente pero sin saturar que brotaba de una banda de diez miembros –destacando las tres magníficas coristas- bien engrasada y sin perderse en virtuosismos innecesarios, encontró la estupenda réplica de su líder. Justo de voz, pero más que digno en sus bailes, Jay Kay conserva su carisma y transmite aún ganas de diversión, pareciendo incluso realmente sorprendido por la respuesta del pabellón, con muchas ganas de bailar y de agasajar al británico desde los primeros compases. Conviene apuntar que, sorprendentemente, la audiencia estaba compuesta a partes iguales por fans que vieron su éxito en tiempo real y ya no son unos chavales, y jovenzuelos que le habrán descubierto con el citado Automaton, en el que a su clásico sonido funky-disco añade pinceladas de electrónica dance muy actuales.

Para beneplácito de todos, el repertorio panorámico y equilibrado no dejó lugar a dudas ni bajones, con una escenografía versátil y trabajada que incluía, como no podía ser menos, el tocado de Jay Kay, que se iluminaba al ritmo de las futuristas proyecciones que adornaron la actuación. Comenzó enlazando temas recientes como “Shake it on”, perfecta como apertura o una “Automaton” con más músculo que su versión de estudio, con perlas como la muy celebrada “Little L” -y sus palmas- y “The Kids”, que con más de veinte años a sus espaldas sonó renovada y vigente. Con “Alright” y “Cosmic Girl” marcando el tope de decibelios se llegó a la traca final. “Canned Heat” “Love Foolosophy” y “Virtual insanity” redondearon un triunfo incontestable ante el delirio del personal, este cronista incluido. Así, mientras volvía a cruzar Madrid de camino a casa tras dos horas con la sonrisa puesta y sus melodías aún en la cabeza recordé por qué me gustaba tanto Jamiroquai. La sorpresa es que ahora lo sigue haciendo.

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