Steven Tyler: ¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera? Reseñamos la biografía del cantante de Aerosmith

Con un subtítulo tan poco sugerente como “¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?” que suponemos Ignacio Julià, encargado de la traducción al castellano, ha preferido escoger en vez de un simple ¿Te molesta el ruido que hay en mi cabeza? (“Does the Noise in My Head Bother You?” es el título original), la editorial Malpaso publica en España un libro con la firma de Steven Tyler, cantante de Aerosmith y que contiene su descarnada, descarada y aturullada autobiografía. Un libro alborotado, con una redacción tan vertiginosa y desordenada que por momentos hace plantearse al lector si el hecho de que algunos párrafos tengan que ser leídos dos veces para comprenderlos es culpa de una mala traducción, o si por el contrario es culpa realmente del descontrol prolífico y la verborrea salvaje de su protagonista. No hemos tenido la ocasión de comprobar si esto es sucede también así en la versión original. Aunque cabe subrayar que una vez que te adentras en el histriónico estilo de su narrativa el libro engancha como el mejor de los best sellers, de manera adictiva se lee del tirón.

El libro más que una autobiografía parece un libro de autoayuda (para el propio Steven Tyler, no para el lector), como si algún integrante de su ejército de psiquiatras y psicólogos le haya aconsejado poner por escrito todo aquello que le atormenta para sacarlo fuera. Igual que cuando se muere alguien cercano a ti y te obligan a escribirle una carta para superar el dolor. El líder de Aerosmith aprovecha sus más de cuatrocientas páginas para demonizar y exorcizar todas las cuentas pendientes con los miembros de la banda, llevándose la mejor y la peor parte Joe Perry, el otro miembro fundador de Aerosmith. Su hermano tóxico, al que dice odiar y amar con la misma intensidad. Pero al que, si nos hacemos caso de lo que cuenta, ya sólo le une un pasado conjunto glorioso y cientos de rencores y conversaciones por terminar. Eso, y un interés nada disimulado por amasar millones de dólares del modo que sea. Justo en esa disección que hace Steven Tyler de su relación con Joe Perry es donde reside lo que desde un punto de vista estrictamente musical resulta más enriquecedor de la lectura de este libro. Aunque sólo sea por confirmar lo que ya intuíamos. Esa forma de narrar la historia del grupo, la descripción de la transformación de aquella virginal ilusión, con la que unos chavales obsesionados por los Byrds, “los Rollings” y Led Zepellin escribían eufóricamente sus primeras canciones colocados hasta las trancas en un rácano apartamento de Boston, que se convertiría más tarde en una interminable sed por el dinero y la fama llevándoles a mendigar ante los grandes gurús de la mercadotecnia para que les ayuden, o directamente les escriban canciones con las que lograr estribillos del millón de dólares. No le duele en prendas al bueno de Tyler en reconocer que “I don´t to want to miss a thing”, a la que Aerosmith le debe una segunda vida, fue escrita por Diane Warren, a la que contrataron sin ningún otro espíritu ni alma que el de facturar dinero y darles la excusa para volver a la carretera a girar. Y así vendiendo su alma al diablo, se nos muestran los entresijos de un grupo que parece ya no compartir más que el nombre. Consumidos por los dioses de la mercadotécnica, pero sin ningún tipo de pudor en admitirlo.

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Bueno, consumidos por un mercantilismo desaforado y por la droga que junto a la música, se convierte en la otra gran protagonista del libro. Con la excusa de su adicción se sirve Steven Tyler para espetar al resto de la banda aquello del “y tú más“. Un Tyler que se queja de haber cargado él solito con las penas del infierno por su interminable adicción a todo tipo de drogas (legales e ilegales), de la que no ha conseguido curarse a día de hoy, reprochando a sus compañeros de banda que a pesar de seguir caminos paralelos, sigan culpándole a él solo del desvanecimiento del grupo.

Y de la mano con el tema de las drogas, que las encontraréis dentro del libro de todos los gustos y colores, acompañaremos al cantante en un rosario de polvos y de sexo descontrolado minuciosamente detallado que hará las delicias del más ávido onanista de espíritu cotilla. No faltará la obligatoria y clásica confesión sobre sus escarceos en la juventud con gente de su mismo sexo (aunque asegura que el rollo homo no le va en absoluto).

La fórmula utilizada en el libro, construida a base de historias de drogotas, es tan densa y se repite de forma tan cíclica que por momentos consigue hastiarte. Pero de una manera divertida. Y es que la supuesta autobiografía muestra de manera bastante creíble, sin matices ni tapujos, como aquel chaval que alcanzó su sueño de convertirse en estrella del rock, ya no tiene nada más que aportar al mundo, a pesar de mantener intacta su pasión por la música y los conciertos. Y digo “supuesta” porque es el propio Tyler quien reconoce que no se trata simplemente de un manuscrito suyo, sino que ha tenido que echar mano de unos cuantos colaboradores por culpa de su adicción para poder concluirlo.

Cierto es que por momentos el protagonismo del libro deja de recaer en el cantante para centrarse de manera obsesiva en sus múltiples adicciones. La palabra “drogas” se menciona prácticamente en todas las páginas. Lo que me recuerda a aquél libro para dejar de fumar que se puso muy de moda hace unos años cuyo método consistía en hablar constantemente del tabaco buscando que el lector fumador terminara por aborrecerlo. Este parece ser el principal cometido del libro de Steven Tyler, sólo que aplicándose el cuento a él mismo. De otro modo no se explica cómo deja pasar casi de puntillas la relación que tiene con su hija Liv Tyler, que aparece mencionada en contadas ocasiones, o cómo a pesar de afirmar que profesa un amor desmesurado por sus hijos, ninguno de ellos ocupa un papel esencial en la historia, como si lo hacen la cocaína, la heroína y las clínicas de desintoxicación.

Una historia que con un trazado bastante especial, por no decir irregular, nos guía de manera amena y entretenida a través de una historia del rock, llevando por bandera la máxima de sexo, drogas y rock and roll, pero desde un punto de vista privilegiado. Montados en la lengua descarada y descontrolada de uno de los personajes secundarios de lujo en la historia del rock del s. XX. Un tipo al que terminas por coger cariño y del que se presume que mantiene intacto su pasión por la música. Ahí quedan como reflejo de ello sus peroratas psicogalácticas sobre la teoría musical más académica.

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