Andrés Calamaro – Honestidad Brutal Extra Brut (Warner Music)

¿Es Honestidad Brutal (1999) el mejor disco de la historia del rock en castellano? Sí. ¿Es en realidad Honestidad Brutal un disco de rock? Sí y no. Sí, pero es mucho más: rock, pop, blues, tango, torch songs, ranchera… El doble disco de Andrés Calamaro contiene en las 37 canciones que lo conforman una bacanal de estilos y sonidos que lo hacen difícilmente clasificable. No se puede enmarcar en una sola categoría estilística por lo que la primera afirmación la tenemos que tomar por la vía de su gestación y grabación: el rock and roll way of life llevado al límite. Aunque mucho se ha hablado durante años del Vietnam, en palabras de su autor, en que se convirtió la grabación del doble álbum -hay libros incluso sobre el tema- conviene hacer un pequeño resumen para ubicar esta obra maestra ligada al contexto en que se creó. Después de finiquitar Los Rodríguez, banda con la que tocó el cielo comercial a ambos lados del Atlántico durante la década de los 90, Calamaro continuó su senda victoriosa con Alta Suciedad (1997), impecable álbum que, además de dos singles como “Flaca” y “Loco” que le mantuvieron en el olimpo de la radiofórmula, contenía una colección de canciones absolutamente incontestables grabadas en Nueva York con músicos de postín que aunó el éxito de crítica y público. Iba lanzado.

Así, en abril de 1998 Calamaro comienza a grabar en Buenos Aires lo que debería ser su continuación y para ello reúne a un grupo de músicos en su misma onda vital y tóxica, en un line up donde destacan su hermano Javier, la leyenda del blues porteño Pappo Napolitano y un aún desconocido Coti. Calamaro acaba de sufrir un revés sentimental y solo quiere componer y grabar tirando de farmacia. En la primera semana de grabaciones ya completan lo que será la espina dorsal del álbum pero, lejos de quedar satisfechos, deciden continuar registrando canciones sin más objetivo que volcar toda su creatividad musical y lírica en jornadas maratonianas, empalmando sistemáticamente sesiones sin distinguir entre el día y la noche durante el resto del año, recorriendo doce estudios entre BB.AA., Madrid, Miami y NY fijándose como tope para parar alcanzar el centenar de canciones registradas.

Una vez llegados a la centena y con la cabeza ya un poco separada de cuerpo, selecciona y pule 37 canciones, alumbrando un doble álbum que sorprende pero es venerado por sus fans desde el mismo momento de su publicación. No solo es la ingente cantidad de material nuevo que ofrece año y medio después publicar lo que era su cima, sino la calidad de ese repertorio, una colección de canciones en la que apenas sobra nada y donde se desgranan todos los estilos que pueden caber en el rock latino, si es que eso existe. De escucha y disfrute inmediatos, Honestidad Brutal ha soportado el paso del tiempo de manera estratosférica, envejeciendo con lucidez y atemporalidad manteniendo en todo momento la vigencia. Uno se pregunta qué habría pasado si el argentino hubiera defendido el disco en directo en condiciones en vez de encerrarse para grabar lo que terminó siendo El Salmón (2000).

Ahora, sin ninguna fecha redonda como coartada, se reedita a lo grande (no podía ser de otra manera) en una extensa y cuidada edición “Extra Brut” de 6 cds que incluye, además de los discos, un libro con interesantes reflexiones sobre su creación e impacto, fotos inéditas y las letras de las canciones, además de apuntes concretos para intentar ubicar en la mente del oyente el maremágnum de grabaciones que se presenta ante él. Los primeros dos discos, como suele ser habitual, ofrecen poca novedad, incluyendo el álbum original remasterizado. El tercer cd recoge Versión original, disco ya editado en doble vinilo para el Record Store Day de 2020 que por primera vez está disponible en cd y plataformas. Fotografía de cuerpo entero de lo que fue aquella primera semana de grabación, compila 17 versiones primerizas de lo que sería el esqueleto del álbum final. Ahí están en su génesis “El día de la mujer mundial”, “Te quiero igual”, “Paloma” o “Ansia en Plaza Francia”, además de un descarte de primer orden como la stoniana “Colegio de animales”, que incomprensiblemente quedó fuera en su día, y una versión de “Desconfío”, del propio Pappo, que parece que fue la que prendió la mecha del huracán que estaba por venir.

Los tres discos restantes, titulados “In & Alt”, ofrecen material muy variado y casi todo interesante. Aquí caben mezclas y versiones alternativas, demos, temas inéditos…. Calamaro desempolva su archivo y ofrece una selección de 45 temas, la mayoría inéditos hasta ahora. Las remezclas y tomas alternativas en algunos casos no se alejan mucho del original y con el oído tan acostumbrado a las versiones que salieron en el álbum pocas llaman verdaderamente la atención, pero hay excepciones. En la mezcla que Joe Blaney, sufrido coproductor del disco que no quedó nada satisfecho ni con el resultado ni con la experiencia, proponía para “Con Abuelo” ganan peso los teclados y vientos y, aunque no mejora la original, aguanta el tipo, mientras que la mano del americano en “Eclipsado” capta el espíritu de la canción mejor que la mezcla conocida.

La alternativa de “Clonazepán y circo” contiene un registro vocal de Calamaro en modo lija además de una métrica diferente del alambicado recitado original. La “Victoria y Soledad” versión Pez es una reinterpretación dylaniana que conserva la magia del original despojándola de su aire festivo, mientras que “Los aviones” suena en su mezcla neoyorkina más brasileña si cabe. Excelsas son la demo de “Negrita”, conmovedora desde la más profunda sencillez y la versión de “Hay”, que lleva al extremo la intensa letra de Corcobado. También destacar (para mal) la infame versión de “Aquellos Besos” en la que colabora Alejandro Sanz, que por algo ha permanecido en un cajón todos estos años.

En cuanto a los inéditos que no entraron en la selección final “Los Demonios” no pasa del esbozo, pero nos recuerda la excelencia del añorado Guille Martín a las seis cuerdas y la efervescencia de un joven Andy Chango que colabora en este tema de la misma sesión que su celebrada colaboración “Voy a la playa”. “Graciela”, en versión doble (me quedo con la espontaneidad de la demo, aunque la mezcla de Blaney estaba muy pulida) quizá sea lo más destacado de los inéditos. Pop marca de la casa con una letra trabajada y un acabado que resulta sorprendente que no estuviese entre las 37 elegidas. “Dig it” por el contrario parece una broma privada con su compinche Ciro Fogliatta, un blues canónico para el lucimiento del gran broken fingers de Rosario. La simpleza de la metacanción “El fontanero”, de nuevo con el blues en el punto de mira, encajaría mejor en El Salmón tanto por intenciones como por resultados, mientras el sonido espartano de “Bajan” no impide que se aprecie el potencial de la canción.

En “Es tarde” nos habla de nuevo sobre del paso del tiempo y el proceso de grabación con una sonoridad sinuosa y aroma a improvisación. Igual que “Prefiero olvidar”, poco más que una demo con encanto y más de una frase inspirada que, de haber sido más trabajada, podría haber llegado a buen puerto. ”Inocentes” es rock pesado y pasado de vueltas, y no cuesta imaginarse a AC en vela intentando sin éxito rematarla. “Los reventados”, por contra, vale su peso en oro, con la sutil guitarra de su viejo socio Gringui Herrera como hilo conductor. Tras ella “Pero igual” sigue la senda stoniana de “Colegio de Animales” y resulta un tanto redundante aun teniendo momentos interesantes, igual que “Blues de hoy”, cuyo título ya la define: ejercicio de estilo poco memorable.

“Mal en mí”, muy bien grabada y producida, es rock con aroma a Bolan y aunque desentona respecto al resto del disco, bien podría haber sido aprovechada en proyectos posteriores o como cara b. “17 y 3” es una demo entre amigos mientras “Día de los enamorados” es, en palaras del propio Andrés, una grabación perdida en un bucle del tiempo-espacio; una marcianada inclasificable. “El ascensor” me recuerda a las canciones que componíamos con el Casio en el cole, aunque si hubiera entregado esta canción me habrían suspendido. Parecido ocurre con “Gin tonic time”, especie de jam con Jaime Urrutia y, de nuevo, Andy Chango que seguro que resultó más divertida de grabar que de escuchar. “Fiesta cervezal” mantiene el tono etílico con una especie de proto punk de bajo voltaje que se olvida en cuanto termina y  “Barcos”, con el acompañamiento de Fito Páez, supera la versión que publicó en On the rocks (2010), canción de amistad y camaradería que con el arrojo de rosarino supera la prueba del algodón.

Aparte de los inéditos, otro añadido de interés es The lost álbum sessions, mini proyecto del que se rescatan cuatro temas. Para estas sesiones Calamaro se encerró con Gringui durante un fin de semana para dar forma a un disco de regalo para su amigo Pappo, que atravesaba un bache personal. La idea era que solo lo escuchara él. “El olvido (no tiene perdón)” recuerda al Calamaro previo a Los Rodríguez, una canción sencilla pero con encanto que remite a la época de Nadie sale vivo de aquí. “Cuatro estrofas” emociona en su nocturna calidez mientras la versión de “I shot the Sheriff”, habitual en sus directos de la época, podría habérsela ahorrado (entonces y ahora), junto al “Blues del pie”, innecesaria a pesar de su encanto vocal.

En otro orden de cosas, rescatados de su gira como telonero de Dylan tenemos dos cortes que no superan el mero valor documental: “Seven Days”, versión del propio Dylan, que fue una mala idea desde el principio y una “Los Aviones” a la que le habrían venido bien unos cuantos ensayos más y combustible de menos octanaje en el cuerpo. Como cierre de los seis discos y a modo de pista oculta, una tercera versión de “La parte de adelante/atrás”, otra muestra de las mil caras que puede esconder una misma canción cuando Calamaro anda suelto en el estudio. En resumen, una reedición que no hace sino consolidar la leyenda de un álbum que nunca perdió su vigencia y aumentar la admiración por lo cosechado en un periodo creativo que, si bien casi se lleva por delante al músico y a la persona, deja un legado que es historia de la música argentina y española.

Escucha Andrés Calamaro – Honestidad Brutal Extra Brut

 

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