Dear Reader – Idealistic Animals (City Slang Records)

Cuando Brent Knopf (ex-Menomena) decidió sacar su disco en solitario bajo el pseudónimo Ramona Falls, la banda surafricana Dear Reader fue la encargada de acompañarle como su banda en directo durante la gira. A cambio, Knopf, quien ya produjo su disco anterior, ha vuelto a ponerse a los mandos de la producción para su segundo y nuevo largo, este Idealistic Animals. Se puede aplicar fácilmente eso de la sombra de Knopf es alargada y este disco hará las delicias de los que disfrutaban con los temas más melódicos e intimistas que Brent firmaba en Menomena así como de esa especie de fábulas primorosas que formaron su debut como Ramona Falls.

En Idealistic Animals, Cherilyn MacNeil (voz y compositora de Dear Reader) se plantea cuestiones primordiales, como la pérdida de las creencias fundamentales o el sentido de la vida. Pero que nadie espere un disco oscuro, denso o triste: las canciones de Idealistic Animals son como pequeños y preciosos cuentos en los que la instrumentación, entre infantil y barroca, da una forma poética a los temas, y los arreglos funcionan como bonitas ilustraciones que ayudan a crear unas canciones dulces como caramelos. Pero como todo buen cuento, prestando un poco de atención uno descubre matices, que aquí son de amargura y decepción, a pesar del aire candoroso y delicado; de resentimiento y miedo, a pesar de la luminosidad y el aire risueño.

Es fácil quedar atrapado por temas como “Camel (Not black or white but camel)”, con una melodía pegadiza, bonitos cambios de ritmo y coros poco usuales. O por “Monkey (Go home now)” (¡esto es un tema de Ramona Falls!!!), con un violín y un piano melancólicos que hacen contrapunto a la voz cristalina de MacNeil y un final made-in-Menomena. El disco lo tiene todo, a priori, para ser un enorme álbum, pero al cabo de cuatro canciones es fácil perder la atención y desconectar, lastrado por algunos temas algo monótonos y que se alargan (“Mole (Mole)” o “Man (Idealistic Animal”), por ejemplo). Aun así estamos ante un disco con algunas canciones exquisitas, que combina la belleza de Kate Bush con la dulzura de Joni Mitchell en unos temas de aire clásico, indiferentes a modas pasajeras

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