Joaquín Pascual – Una Nueva Psicodelia (Subterfuge)

Joaquín Pascual ha sido siempre un tipo inquieto. Inquieto y ampliamente talentoso en realidad, en lo que supone una conjunción de peculiaridades que, a lo largo de treinta años, ha motivado variados proyectos creativos. Una trayectoria extensa y jugosa que incluye militancia junto a Fernando Alfaro en los atemporales Surfin’ Bichos, liderazgo de un mito del indie nacional de los noventa como Mercromina, pertenencia a los infravalorados Travolta y Tórtel, o una serie de entregas en solitario que completan los bandazos estilísticos del músico.

Sin embargo y a pesar de tales antecedentes, el albaceteño logra sorprender (y emocionar) profundamente, completando uno de los misterios más intensos y atractivos de su carrera. El artista mantiene los rasgos generales de su trazo en el presente elepé, con su voz sincera y casi susurrada como distintivo común junto a las (inherentes) cualidades sonoras del albacetown. Pero son los añadidos quienes en esta ocasión marcan literalmente la diferencia, apostando con frecuencia por unas finísimas bases electrónicas a modo de plataforma desde la que erguir inquietantes fábulas costumbristas. El manchego experimenta pacientemente, utilizando luego sus hallazgos para conformar una canción tras otra sin perder de vista el orden conjunto, y las primeras impresiones sugieren así una falsa calma que, en sucesivos pases, se revela como el nervio constante y siempre vigente de las propias composiciones.

De este modo y a lo largo del disco puede degustarse la poesía maldita (habitual en Nacho Vegas) de “Maridos” o la excepcional “Me lleva el aire”, las reminiscencias krautrock de “El secuestro de J.P.” o el talante reivindicativo de “Alguien tiene que hacer algo”. Junto a ellas cohabita esa nana algo macabra que es “Da miedo entrar en tu habitación”, el folk tropical de “El Misionero” o los arreglos majestuosos de “Rick y Rachael” echando el cierre con distinción. Una Nueva Piscodelia (2015) es un álbum imaginativo e insinuante que, en su propia ausencia de prejuicios, deriva en una obra con sentido, sólida y capaz de inquietar repetidamente.

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