Julio de la Rosa

No entiendo el endiosamiento de la gente que hace música

Estoy seguro de que Julio de la Rosa es uno de esos tipos con los que merece la pena echar la tarde en una terraza sin prestar mucha atención al transitar de las cañas. Sus entrevistas, conversaciones ricas en honestidad y realismo, son de las que no necesitan ni una coma ni un punto de más.

Hablamos con él con la excusa de la salida de su nuevo disco, La Herida Universal (Ernie Records/King of Patio). Una simple formalidad y un pretexto ideal para acabar hablando de muchas otras cosas.

Últimamente estás muy volcado con las bandas sonoras, ¿cómo combinas los procesos de composición con los proyectos personales?
Bueno, no me gusta estar haciendo únicamente discos míos todo el rato. Me sentiría demasiado ombliguista, qué pereza estar todo el día pensando en uno mismo. Por lo general procuro que no me coincidan proyectos, aunque a la hora de la verdad manejar fechas se hace más complicado que hacer música.

Allá por abril pudimos hablar un rato cuando viniste a tocar y a dar una charla a Valencia. Te vi bastante más volcado en las bandas sonoras que en los discos…
Hombre, Jorge, si no recuerdo mal, hablamos a la salida del taller que di de bandas sonoras, es lógico. Me encantan las dos cosas, y me gustaría seguir poder haciendo ambas durante mucho tiempo. A mí lo que me agota es tocar en directo: cada vez me dan más miedo la carretera y la noche.

Y luego está ese espejismo de la ´fama´. Cuando sales de gira pierdes un poco la perspectiva de la realidad, y me da grima verlo en gente que conozco, procuro tomar cierta distancia. No entiendo el endiosamiento de la gente que hace música o crea en cualquier sentido. Es una puta habilidad como otra cualquiera, una habilidad algo más mística quizá, pero una habilidad; el problema es de la gente que no cree que existan otros mundos en éste. Así que creo que, los que creamos, deberíamos dar gracias por tenerla –la habilidad– y dar las gracias a los que nos prestan atención, en lugar de ir reclamando parabienes y pensar que somos la hostia porque nos los han dicho cien veces. Supongo que a mi nivel es más fácil porque no soy ninguna estrella del rock and roll, pero es que veo a las estrellas, a algunas las he conocido de cerca, y he pensado: “uf, no quiero ser como tú”.

De ahí, entre otras muchas cosas, que me apasione hacer bandas sonoras, y de ahí que haga los discos que me da la gana, sin sentir esa presión que ejerce la ambición en la gente que quiere convertirse en una estrella. Porque esos son aún peores, los que quieren ser estrellas y aún no lo han conseguido (ojalá lo consigan, por su salud mental). Si te fijas, hasta ahora he ido sacando disco cada dos años. Creo que es buen ritmo.

Si te soy sincero, me fui con la sensación de que iba a pasar mucho más tiempo hasta que apareciera otro disco de Julio de la Rosa…
Pues ahí lo tienes. Y es el mejor que he hecho, y no porque sea el nuevo.

Como si en esta etapa, componer para bandas sonoras te llenara más que hacer discos.
(risas) Tío, me encanta ver una peli sin música y luego ponérsela yo. Me engorda el ego tanto como hacer mis propios discos, y no tengo que pensar en qué contar, porque el mal rato ya lo ha pasado otro. Sólo pienso en cómo contarlo, cómo transmitir, con música, las emociones de esa historia, de esos personajes, de ese guionista y de ese director, principalmente. También las del productor, claro.

En el concierto de este año en Valencia dijiste que haces discos nuevos para olvidar la “mierda” que haces antes, ¿lo piensas de verdad o es sólo pose?
Hombre, es una frase epatante, pero tiene mucho de verdad. Es una sensación extraña eso de crear y luego ver lo que has creado. Te da demasiado que pensar. En M, la peli de Fritz Lang, el protagonista explica que no sabe por qué mata niñas, que él siente algo que le empuja, hace lo que hace sin darse cuenta, y que al día siguiente, cuando ve su rostro en los carteles de ´se busca por asesinato´, piensa: ´¿eso lo he hecho yo?´ Es esa sensación. M volvía a matar porque la culpa le daba dolores de cabeza que no se le pasaban hasta que volvía a matar. Con las canciones es igual, intentas borrar la mierda que hiciste anteriormente. Pero lo único que haces es añadir más mierda a la colección. Afortunadamente me basta con las canciones, hasta ahora no he matado a nadie. Quién sabe qué estaríamos haciendo los creadores de todo tipo si no hiciéramos conatos de arte.

Por cierto, creo recordar que sólo tocaste un par de las nuevas (“Hasta que te hartes” y “Las camareras”, pienso). Te guardaste alguna más o directamente compusiste el resto de abril a septiembre?
No, estaban casi todas, creo, y creo también que toqué alguna más. Para este disco he compuesto mucho. Ya que preguntas por el cine, hacer bandas sonoras me ha servido para darme cuenta de que la inspiración no es tan difícil de que llegue, sólo hay que estar componiendo muchas horas, que es algo que ya sabemos todos por la famosa cita de Picasso, pero que no sabes hasta qué punto es cierta cuando te pones a ello.

En total hay 16. ¿No son muchas? Tu media eran 10-12 por disco…
Son muy cortas. El disco entero no llega a cuarenta y siete minutos, y era necesario meter todas esas canciones para tener la sensación de álbum, que era algo que me apetecía mucho, en estos tiempos de canciones sueltas: hacer un disco, un álbum, no un saco de canciones. Le he dado tantas vueltas que creo que he acertado incluso con el orden.

No las he escuchado todas, pero hay mucha percusión en tus bandas sonoras (o me lo parece a mí). Escuchando este disco tengo la impresión de que se ha volcado un poco de todo ese trabajo de indagación que haces para las películas…
También he hacho varias pelis sin absolutamente nada de ritmo, pero sí, hay una comunicación entre lo que hago para cine y lo que hago en mis discos, aunque sean músicas muy dispares. Aprendes cosas en uno y otro lado y las vas incorporando. Si te fijas, en el disco nuevo hay una banda de sonido ambiente de principio a fin del disco: pájaros, viento, el sonido del mar, gallos, ladridos de perros, grillos. He intentado jugar con eso para que cada canción tuviera la atmósfera adecuada a lo que quería contar. Eso es algo que he vivido en los estudios donde se mezclan pelis, y me hacía gracia incorporarlo en un disco de rock. Vaya, que la comunicación entre una cosa y otra se da a muchos niveles.

Lo de las bandas sonora parece el paso natural. Veo en tus canciones pequeñas historias altamente “cinematograficables”.
Supongo, sí, me dicen que pienso mucho en imágenes, será verdad. Me gusta escribir, en cualquier caso, y me gusta que sin decir apenas nada se pueda expresar una emoción, es algo que me atrae bastante a la hora de escribir.

¿Perduran más que los discos?
¿Las pelis? No sé, yo de eso no entiendo. A mí me perdura todo lo que me gusta, excepto las relaciones de pareja.

No sé si en alguna etapa de tu carrera no lo has hecho, pero estás en un momento en el que parece que haces lo que te apetece. A tu ritmo, a tu manera,…
Siempre he procurado hacerlo así. Quizá ahora esté dando algunos frutos, cosa que nunca pensé que pasaría.

¿Tiene algo que ver el cambio de sello? ¿Dónde lo colocamos, en las causas o en las consecuencias?
Consecuencias. Quería cambiar de sello un tiempo, demasiados discos con la misma discográfica. Eso sí, yo a Mark Kitcatt lo quiero mucho.

En un artículo de tu blog en Clubcultura decías esto: “A mí personalmente me da igual trabajar para Everlasting o Universal que para Movistar u Ono. O incluso para ninguna de ellas”… ¿Es la música (y muchísimos músicos) víctima del engranaje que la hace mercancía?
No, aquí no hay víctimas ni verdugos. El que no esté contento que pelee.

¿Has acabado definitivamente con el rock de El Hombre Burbuja o M.O.S.?
Nunca digas nunca jamás. Pero El Hombre Burbuja también tenía una vertiente muy pop, y otra muy lánguida. El M.O.S. es así, aunque hiciera ahora un disco muy roquero, sería muy distinto a ése.

Que no te moleste esta pregunta. ¿Es este es tu disco más comercial?
(risas) El Espectador creo que era más comercial, éste simplemente es que entra mejor. Y bueno, si lo comparas con las Leyes del Equilibrio, sin duda éste es un disco comercial…

¿Y el más optimista? ¿O el de más paz espiritual?
No, ni de coña. Sí es el que tiene más humor, y en el que más me he divertido.

Escuchando tus canciones uno acaba por cogerle cariño a los timadores sentimentales… Está claro que sabes del tema. ¿En qué lado te sitúas, timador o timado?
¿En serio? ¿Piensas que el disco habla de eso? Bueno, es quedarse en la anécdota, ¿no? Con lo bien que ibas… bromeo (risas). Es cierto que en el disco hay algunos chistes, canciones-chiste incluso, pero están hablando de algo más, al estilo de las comedias. Pero no creo que consista en eso, en el amor nadie pretende timar a nadie. Ni nadie se puede sentir timado. Hay que entender que estas cosas son así, para bien y para mal, desgraciadamente. La palabra timar es quedarse en el lado negativo del asunto, y amar es maravilloso, aunque duela a ratos.

Dylan dijo una vez que se consideraba poeta primero y músico después, que vivía como un poeta y que moriría como tal. Tú que tienes tanto de poeta…
Preferiría morir como una persona, la verdad. Morir mirándote el ombligo tiene que ser muy aburrido.


ESCUCHA en Spotify: Julio de La Rosa – La Herida Universal

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