Libro: Lucio Battisti, por Miguel Jurado (Dialéctica Ediciones)

Imagina por un momento que tienes de nuevo veinte años y te dispones a ver por primera vez El crepúsculo de los dioses o Perdición, tirado en el sofá de casa de tus padres. Rebobina en el tiempo y sueña con comenzar la lectura de Eugenia Grandet o Papa Goriot, con esa arrogancia juvenil del que piensa que en cosa de libros está todo inventado, y que lo de Balzac no sería para tanto. Algo similar experimenté hace bien poco cuando, apenas un año atrás, mediados de 2018, se me aparecieron las canciones de Lucio Battisti. Llegaron y no se irán jamás, como fantasmas del pasado que se me han quedado a vivir en el piso, y ahí siguen.

Quiso el azar que el culpable, o mejor dicho, el responsable de ese hallazgo fuera el mismo autor del libro que quiero recomendar ahora, Miguel Jurado Bautista. Fue en su podcast Melodías de Transición Interna donde escuché por vez primera las canciones de la primera época de la discografía de Lucio Battisti (1943-1998), la del tándem con Mogol, en mi humilde opinión, fase mucho más interesante que la que vendría después, a comienzos de los 80s. Sorprende comprobar la impetuosa evolución del italiano desde discos más accesibles como Emozioni (1970) o Il mio canto libero (1972), a la fusión inexplicable de Anima latina (1974), la apabullante voluntad de dominación de un álbum como Lucio Battisti, la batteria, il contrabbasso, eccetera o la elegancia casi nuevaolera de Una donna per amico (1978). Luego llegaría el divorcio musical de Battisti y Mogol, y los años ochenta, una década en la que todos los grandes patinaron, desde Dylan a Neil Young pasando por Bowie o McCartney (estos dos últimos, reconocidos y reconocibles fans de las canciones de nostro caro Lucio). Los discos de esta segunda fase, ya con Pascuale Panella haciendo de letrista en la sombra, se me hacen menos digeribles, aunque ahí quedarán, como testimonio final de un músico-autor que quiso hacer siempre las cosas a su manera, en lo bueno y en lo menos bueno. En los noventa, el hermetismo más absoluto.

lucio battisti portada

El libro de Miguel Jurado, que se llama La apariencia (Dialéctica Ediciones, 2018), se lee como sólo se leen los libros que te interesan mucho, de un tirón y con mucha prisa. Es ese tipo de libros que te obligas a dosificar en un par de sesiones -máximo-, con la esperanza un poco infantil de no agotar su lectura pronto, porque a saber qué es lo que va a venir después. Libro de fan y para fans, que reivindico como una apuesta muy valiente en un país como el nuestro, en el que hablar de música italiana significa hablar, hilando muy fino, de Umberto Tozzi, de Ricchi e Poveri o de Franco Battiato (las canciones de Fabrizio de André o Lucio Dalla deberían estar en la Serie A, como Battisti, pero en España no han acabado de cuajar).

La vida de Lucio acabó en un hospital de Milán, de una forma triste, casi anónima, no como la de Reyes o Rubalcaba. Como decían en una película que viene mucho al caso, al fin y al cabo casi todas las vidas terminan siempre así, de una manera muy universal y horizontal: con la muerte. Pero antes, hubo vida, y en el caso de Lucio, muchas canciones (“La collina dei ciliegi”, “Con il nastro rosa”, “Il mio canto libero”, “Ancora tu“). La Apariencia se nos presenta como lectura de verano ideal, ya que pone subtítulos a la discografía de un Battisti que todavía no es reconocido en España como merece.

Pueden contactar con el autor en el siguiente enlace: [email protected]

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