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Loveless cumple 20 años. Recordamos a My Bloody Valentine y al Shoegaze, género que apadrinaron

1ª parte. Loveless: 20 aniversario

Veinte años han pasado ya. Veinte años desde que, en noviembre de 1991, viera la luz uno de los discos más influyentes, tal vez el que más, de las dos últimas décadas: Loveless, de los irlandeses My Bloody Valentine.

Un mes antes veía la luz Nevermind de Nirvana y tan sólo un par de semanas después Achtung Baby, de U2. Difícil que en un espacio tan corto de tiempo se den cita tres lanzamientos con una repercusión posterior tan importante. Por otra parte no hace falta conocer demasiado del tema para saber que Loveless no tuvo el impacto comercial de sus dos compañeros de generación, pero tal vez su influencia, a día de hoy, sea más interesante en cuanto a los caminos que mostró y cómo éstos han sido utilizados por los grupos que lo tienen como referencia.

Hablar de Loveless es hablar de un extraño fenómeno musical de la Inglaterra de finales de los 80 y principios de los 90: el Shoegaze. Tal vez esté de más explicar que bajo esta etiqueta la prensa británica reunió a una serie de grupos antes conocidos como “la escena que se celebra a sí misma”, los cuales tocaban, como el propio término indica, “mirándose los zapatos” (en realidad eran sus pedaleras de efectos) y entre los que se encontraban Ride, Slowdive, Lush, Chapterhouse y por supuesto los propios My Bloody Valentine. Este sonido se inaugura con la edición del primer álbum de la banda de Kevin Shields, Isn´t Anything (si bien la etiqueta vendría un tiempo después), y Loveless supone su cima.

Pero empecemos por el principio. Mucho se ha escrito sobre la gestación de este impresionante artefacto musical. Ciertas cosas serán ciertas y otras no, pero parece claro que la banda formada por Kevin Shields, Colm O´Ciosoig, Debbie Googe y Bilinda Butcher pasó dos años en el estudio dando forma a este proyecto. La tan comentada historia de que el carácter obsesivo y perfeccionista de Kevin Shields casi arruina a Creation Records también parece cierta, y con respecto a esto habría que comentar que por el estudio pasaron un buen número de productores e ingenieros de sonido para ayudar a Kevin a recrear ese sonido que tenía en su cabeza a base de un ingente número de pedales, amplis y las reglamentarias Fender Jaguar y Jazzmaster tan propias de la época, si bien el propio Kevin llegó a afirmar que muchas de estas personas se limitaron a ir a buscar el café.

 

Pero si uno se para a analizar la trayectoria del grupo, la sensación es que Loveless llevaba gestándose, en la cabeza de su autor, mucho más tiempo que esos dos años referenciados anteriormente. Y es que toda la carrera de My Bloody Valentine parece encaminada a conseguir ese objetivo. Desde aquel primerizo y extraño LP llamado This is your Bloody Valentine (1985) con un talDave Conway a las voces (una especie de Elvis trasnochado sobre un fondo ruidoso y totalmente amateur), pasando por la etapa twee-pop de Sunny Sundae Smile (en mi opinión, tan interesante como breve), el acercamiento definitivo a un nuevo estilo y sonido que suponen los EPs de Strawberry Wine, Ecstasy, Feed Me With Your Kiss o You Made Me Realise (¿el mejor EP de la historia del rock?) y finalmente la edición de ese hermoso campo de pruebas que supuso en 1988 Isn´t Anything. Para 1990 y comienzos de 1991, intercalados con la grabación de Loveless, los EPs Tremolo y Glider ya muestran algunos temas del futuro LP (Soon, To Here Knows When) y anticipan la evolución del sonido de Isn´t Anything, el cual se muestra más depurado y con muchos más matices añadidos a las clásicas distorsiones.

 

Y por fin llegamos a ese noviembre de 1991 en el que se edita Loveless, un álbum que pudo resultar (y seguirá resultando) extraño para muchos, un álbum de difícil acceso y poco agradecido en primeras escuchas, pero que se va abriendo ante el oyente, dejando fluir sus infinitos surcos, su magia onírica y todos los mundos a los que puede transportarnos. Poco importa de qué hablen los textos, susurrados y escondidos tras un muro de delays y reverbs magistralmente fusionados con distorsiones (lo más extendido por la red es que en directo Kevin utiliza una Marshall Shredmaster, tal vez para hacer de sus conciertos una experiencia más asfixiante, pero en estudio utilizó muchas más, con diferentes tonalidades y, en su constante afán de experimentación, mezcladas con todo tipo de efectos). Las voces son un instrumento más dentro del collage sónico que nos ofrece la banda y apenas podemos discernir de qué hablan Kevin y Bilinda. Sus susurros están ahí tan sólo para hacernos “sentir”, más que para contarnos una historia, y contribuyen a la sensación de que éste es un disco espacial, la perfecta banda sonora de un sueño sensual, etéreo y por momentos alucinado, un sueño del que, al despertar, apenas podemos describir nada y que, como un perfume, volverá a estar con nosotros cuando volvamos a pulsar el botón de “play”.

 

Analizando los momentos magistrales del LP –es decir, sus 11 canciones- tenemos el ya clásico comienzo de «Only Shallow», con esa batería que en muchos tramos del álbum no es real, sólo samplers (debido a que Colm O´Ciosoig se perdió buena parte de la grabación por enfermedad), los loops de lo que podría llamarse “estribillo”, la sensación de que los acordes se disgregan, quedan anclados y se mezclan con los siguientes y el omnipresente zumbido, un zumbido dulce eso sí. La canción realmente resume Loveless y debió ser todo un puñetazo en la cara de más de uno hace 20 años. «Loomer» es una dulce canción pop sumergida en un mar de distorsión que la ahoga y nos la devuelve en forma de viaje lisérgico. El extraño interludio «Touched» es la aportación en solitario al disco del anteriormente citado Colm O´Ciosoig, y entronca perfectamente con la belleza inabarcable de «To Here Knows When», la canción en la que más podemos preguntarnos si lo que suenan son guitarras, sintes o el mismísimo océano pasado por un filtro de reverberación. Tras la calma llega la que para mí es cima del disco y una de las canciones más importantes de los 90, «When You Sleep» es un clásico moderno en toda regla, las voces parecen estar más claras por una vez y el tempo se hace más vivo. El antológico “riff” (y que se note que lo pongo con comillas) que sacude la canción hace el resto. I Only Said comparte estructura con la anterior y de hecho la banda se inventa otro riff que conduce el tema en sus dos últimos minutos sin apenas variación.

 

Y es que Loveless es un disco simple en el fondo aunque obviamente no en la forma, sus estructuras son sencillas e incluso puede sonar repetitivo, pero eso forma parte de la ecuación. «Come in Alone» y «Blow a Wish» (más distorsionada la primera y más dulce la segunda, con preciosa interpretación vocal de Bilinda incluida) son el perfecto ejemplo de que éste es un álbum que deja huella sin que nos demos cuenta, ya que es difícil revivir las sensaciones que producen si no es sumergiéndonos en ellas con atención. «Sometimes» es el punto de partida de Billy Corgan para crear Siamese Dream y eso ya es decir mucho. Infinita sensación de tristeza y desazón en la voz lánguida de Kevin Shields y otra canción para la eternidad. «What You Want» vuelve a aumentar el tempo y parece introducir líneas de teclado (aunque cualquiera se fía de sus oídos aquí) a la vez que su relajado final nos introduce en Soon, último coloso y ascensión final de una etapa con llegada en alto. El tema que cierra el LP es casi bailable y está guiado por una estupenda sección rítmica, aderezada por los clásicos susurros y por ese “riff” que Kevin parece inventarse para que cada una de las canciones más accesibles del álbum puedan ser reconocibles, lo cual da más importancia al hecho de que las voces son sólo un instrumento más.

Y aquí acaba el disco, ¿o no?. Pues parece claro que no. Una nueva escucha nos lleva a descubrir nuevos matices, a preguntarnos cómo sería tal o cual canción que no llegamos a recordar del todo y, por encima de lo demás, a reconocer con cierto desasosiego que un álbum tan calculado, tan original, tan redondo, no puede tener un sucesor. Sólo nos queda reconocer que la obra de Kevin Shields,al menos en lo que se refiere al mundo del Shoegazing, está acabada y que sólo nos podemos contentar con que algún día nos vuelvan a ofrecer esos tapones para los oídos que se reparten en los conciertos del grupo, tapones que obviamente rechazaremos, porque somos hijos del ruido, de este ruido divino.


2ª parte. El Shoegazing y sus discos representativos

My Bloody Valentine fueron la punta de lanza de un movimiento que sacudió la escena musical británica en los últimos 80 y primeros 90. Alejado del baile y el hedonismo de la corriente Madchester -de la que fue contemporáneo- y de los estribillos pegadizos del brit-pop que le sucedería en el tiempo, los grupos de “Shoegazing” enterraban, entre mil capas de distorsión y efectos, grandiosas canciones pop.

A continuación se nombran algunos de los discos más representativos del género, sus precursores y lo más destacado de los grupos que siguen fieles a esta corriente en el siglo XXI.

 

PRE-SHOEGAZE:


1985: Jesus & Mary Chain: Psychocandy
Primera piedra para la creación de un género musical. Tremendas canciones pop sepultadas por montañas de ruido. Originalidad a raudales y mucha mala leche. Mágico.

1986: Spacemen 3: Sound of confusion
El hermano maldito de Psychocandy. Una auténtica locura. Rabioso a la par que psicodélico, The Sound of Confusion es un shoegaze sin control gestado mucho antes de que el género existiera como tal.

1987: The Pastels: Up for a bit with The Pastels
The Pastels, junto con The Vaselines y los grupos de Sarah Records, son la influencia pop del shoegazing. Amateurs y con unas voces que no son gran cosa, contaban con un encanto fuera de toda duda que los hizo objeto de culto.

1988: Cocteau Twins: Blue Bell Know
Se podría hablar casi de cualquier disco de Cocteau Twins como influencia para el shoegazing, pero tal vez éste, por tener una mayor presencia de guitarras y por su carácter ensoñador, es el que mejor podría encajar aquí. Los efectos y el tratamiento de guitarra y bajo por parte de Robin Guthrie y Simon Raymonde son la antesala del trabajo perfeccionista de Kevin Shields en Loveless.

1988: Sonic Youth: Daydream Nation
Héroes del rock alternativo de los 80 y 90 en EEUU, este disco inabarcable es su gran obra y tal vez uno de los más influyentes de la historia del rock. Por su condición de adalides del noise rock tienen su hueco en este apartado de precursores.

1988: Galaxie 500: Today
El clásico disco mega-influyente grabado con cuatro duros por unos tipos que no parecían tener mucha idea del tema. La mítica producción de un tal Kramer y el final de Tugboat son pilares en los que sustentar un artefacto tan logrado.

CREADORES DE UN GÉNERO:

1988: MBV – Isn’t Anything
Para llegar a Loveless, Kevin Shields utilizó como puente varios EP’s y este Isn’t Anything, una especie de Loveless a lo bruto, algo menos cohesionado que su célebre hermano mayor, pero muy disfrutable también. Tal vez el hecho de que un 90% de aficionados al género lo escuchara tras el trabajo más famoso de la banda le reste impacto.

1989 Telescopes – Taste
Telescopes tomaron como base el sonido que 3 años antes facturaran Spacemen 3 en su Sound of Confusion y crearon un álbum espinoso, rudo e hiriente para los oídos del oyente. Taste es un compendio de ruido, oscuridad, crudeza y guitarras afiladas. Estos chicos tenían bien aprendida la lección que nos dejó European Son de la Velvet o Upside Down de los Mary Chain.

1990: Ride – Nowhere
En el podium del género para la gran mayoría de aficionados, Nowhere es, a día de hoy, todo un clásico de culto que sin embargo debió ser la banda sonora de toda una generación.

1990: Pale Saints: Comforts of Madness
Pale Saints aunaron, en su primer largo, toda la gama de colores, sonidos y formas que podía mostrar el shoegaze. El resultado es un álbum algo más deslavazado que los Loveless, Souvlaki o Nowhere, pero igual de interesante. La rabia de Way the world is y You tear the world in two se mezcla con la calmada experimentación de Sea of Sound y el pop de Language of Flowers. Además, es el disco que contiene Sight of You, otra cumbre shoegazer.

Lush – Gala
Otro de los iconos de la época, sin duda uno de sus iconos más representativos que con álbumes como Gala sentaron las bases de un movimiento para entonces en pleno auge.

1991: Chapterhouse: Whirpool
Creo que puede bastar con decir que Breather y Pearl suenan a 1991 y resumen todo un estilo musical.

1992: Spiritualized: Lazer guided melodies
Tras la aventura psicotrópica de Spacemen 3, Jason Pierce se desmarca con Spiritualized, nuevo proyecto, menos rabioso, pero igual de original y psicodélico. Disco hermoso y piedra angular del dream pop.

1992: Band of Susans – Love Agenda
Band of Susans exploraron la vertiente más ruidosa del género. Sin las atmósferas que sí caracterizaban a otros grupos de la escena, Love Agenda supone una visita al lado más salvaje del shoegazing.

1993: Slowdive – Souvlaki
El otro peldaño del Top 3 (que cada uno ponga su orden) siempre ha correspondido al álbum que Slowdive se sacaron de la manga en 1993. Con la ventaja de conocer el trabajo de My Bloody Valentine y Ride, los de Reading se marcaron el que para el que escribe es el disco cumbre del shoegazing. Alison, Machine Gun, 40 Days, Dagger y ante todo la inmortal When the Sun Hits así lo atestiguan.

1993: Adorable – Against Perfection
Adorable significaron la parte más accesible de la escena, la épica de Glorious, Sunshine Smile o Homeboy deja clara la intención del grupo de arrasar, algo que no consiguieron. Al menos les salió un auténtico discazo.

1993: Catherine Wheel: Chrome
Siempre referenciados en las listas de grupos de aquella época y género junto a los grupos ya mencionados y otros como Swerdriver o Lush, Catherine Wheel siguen siendo una banda semi-desconocida sin el prestigio de unos My Bloody, Ride o Slowdive. Tal vez han pasado demasiados años para que Chrome se convierta en clásico de culto, pero sería lo justo.

1993: The Verve: A storm in heaven
Aunque poco pueda parecer al escuchar el disco por el que llegaron a la fama (en opinión de un servidor, merecidamente), The Verve fueron un día auténticos shoegazers con un marcado toque psicodélico.


 

3ª Parte. El shoegaze en el siglo XXI

2003: The Radio Dept: Lesser Matters
Los suecos The Radio Dept. son ya una banda consolidada (incluso con recopilatorio a sus espaldas) y que lleva haciendo las cosas bien mucho tiempo, pero éste fue el disco que les puso en el mapa. 1995, Strange Things Hill Happen o Where the Damage Isn’t already Done dan fé de ello.

2003: M83: Dead Cities, Red Seas and Lost Ghosts
Hurry Up, We’re Dreaming (2011) ha dado a Anthony Gonzalez la fama que lleva tiempo mereciendo. Concretamente desde este Dead Cities, Red Seas and Lost Ghosts.

2005: Mew: And the glass handed…
Emparentado con un sonido puramente noventero, y más cercano al dream pop que al ruido, el cuarto disco de los daneses Mew contiene temazos como «Chinaberry Tree» o «Special».

2005: Serena Maneesh – Serena Maneesh
Desde Oslo, Serena Maneesh se unieron por la puerta grande al movimiento neo-shoegaze con su álbum de debut de 2005. Y es que hay momentos («Selina´s Melody Fountain», «Chorale Lick») en los que podríamos pensar que estamos ante la continuación más certera del sonido de Loveless.

2006: Asobi Seksu: Citrus
Asobi Seksu pertenecen a la elite del nuevo shoegaze. Su Citrus y especialmente aquel hermoso single Thursday son de manual.

2007: Planetas – La Leyenda del Espacio
¿Por qué nombrar a Los Planetas y no hacerlo hablando del Super 8 o de Una Semana en el Motor de un Autobús?, pues simplemente porque este disco de 2007 me parece su experimento más acertado y certero. Es cierto que en discos anteriores se acercaban, y mucho, al shoegaze, pero aquí es donde consiguen fusionarlo con esa vena flamenca por la que les ha dado ahora, y el resultado es perfecto.
Sirvan Los Planetas para hacer mención al apartado nacional, donde el shoegaze y sus derivados se han visto reflejados con bastante acierto a lo largo de los años. Ejemplos: Triangulo de Amor Bizarro, Manta Ray, Schwarz, Klaus & Kinsky, Nadadora, Nudozurdo, Odio París o Neuman.

2007: A Place to bury strangers – A Place to bury strangers
Shoegaze de la vieja escuela el del grupo de Nueva York. Su debut no esconde la tremenda influencia de Jesus and Mary Chain y My Bloody Valentine. Se puede llamar copia o influencia, pero también acertada actualización de un sonido.

2007: Blonde Redhead: 23
23 es el disco más accessible de Blonde Redhead y en él brillan las atmósferas, perfectamente emparejadas con la voz de Kazu Makino, que canta como si le hubieran enseñado en una hipotética escuela de dream pop.

2007: The Raveonettes – Lust Lust Lust

Ponemos este disco pero se podría poner cualquiera de la banda. Está claro que el ruido, las pedaleras con mil efectos y las atmósferas son terreno propio de los Raveonettes desde hace ya unos cuantos años. Además lo bordan.

2008: Have a nice life: Deathconsciousness
Deathconsciousness es una rareza. Con el paso de los años, y si estos chicos no sacan nada más, todo apunta a que se convertirá en clásico de culto. El shoegazing del más allá, como muestra su nombre, su portada y lo que nos transmite al escucharlo.

2009: The Pains of Being Pure at Heart – The Pains of Being Pure at Heart
Si A Place to Bury Strangers actualizan sonido, los Pains actualizan hasta una época y su éxito. A medio camino entre la inmediatez del grunge, la candidez de los grupos de Sarah Records y las atmósferas del shoegaze, el grupo neoyorkino, tan amado como odiado, ha conseguido facturar dos discos tremendamente adictivos, exitosos y, por qué no decirlo, plenos de calidad.

2009: The Horrors: Primary Colors
Tras un primer disco que hizo que más de uno les cogiéramos tirria, los Horrors se desmarcaron con un segundo largo inteligente y que bebía de todo lo mejor que ha dado la música británica de los últimos 30 años, con el shoegaze en primer plano.

2011: Veronica Falls – Veronica Falls
Con toques a lo Jesus & Mary Chain y al rock de los 50s, la llama de las distorsión continúa viva en nuestros días gracias a referencias como esta.

 

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