¡Que mutada! (L-Kan, La monja enana y Aviador Dro) – Sala Cool (Madrid)

Últimamente buena parte del mundo de la música está de lo más llorica, hablando de crisis, “operacionestriunfos”, dramas padre e inventos imaginativos para luchar contra la hecatombe que, parece ser, viene encima. El caso es que aquí todo el mundo tiene que comer de algún sitio o, cuanto menos, soltar la música que lleva dentro, contarle algo a alguien que quiera oír. ¡Qué mutada! plantea sus propias soluciones, juntando las fuerzas de Aviador Dro, L-Kan y La monja enana en un proyecto que va más allá del disco y que pretende infectar de subversión, tecno-pop, mundo freakie y coña a mutantes como tú.

El concierto es una parte importante de un pack que comienza con las 14 canciones del CD editado por PIAS y que continúa con chapas, cómics, cromos, pegatinas, posters y toda una parafernalia pocas veces vista en el mundillo musical. La sala Cool de Madrid acogió la presentación de una gira arropada a los platos por Dj Polar, entre otros, en un ambiente de lo más idóneo (decoración retro-futurista), aunque a los seguratas parecía no hacerles mucha gracia ver tantas zapatillas juntas.

Armados todos de nuevos trajes y superpoderes, los tres grupos han mutado, claramente, pero también siguen conservando su espíritu intacto, aprovechando que cada grupo tiene su tirón y su público. Y esto es importante, porque en este mini-festival tecno-pop la mayoría va a por algo muy concreto (por “su” grupo) y sale sorprendido del resultado general.

Abrieron L-Kan, los más bandarras de todos, armados de melenas ‘jevis’ para “Regulín regulán”, pestañas gigantes para “Viva la Pestaña” y cascos de obra en “Nave industrial”. A destacar la capa de Caperucita de B-Kan y la actuación de O-Kan, uno de los tíos con más arte encima del escenario que servidor ha visto (se nota que el chaval se dedica al mundo de la farándula). Pero lo mejor fueron sin duda las guarreridas de B-Kan en “Rollo Porno”, provocando al personal, entre el que se podían encontrar un Juan de Pablos muy bailón y un Ordovás y Julio Ruiz perdidos por ahí. Cada canción era una performance mongola: pancartas contra Lars Von Trier, apología del Trinaranjus y (momento grandioso) pisoteo público de “La insoportable levedad del ser”. Ya era hora de que algo así pasase en este país.

Los siguientes en subir al escenario fueron La monja enana, después de compartir “Estrella fugaz” con sus predecesores en el escenario. Los madrileños soltaron una buena tanda de canciones Seltz, como ellos: dulces por fuera y con pica-pica por dentro. Bailes, casiotones, desbocados (bueno, en realidad era un Korg) y todo con la tierna voz de Ana.

Los últimos en salir fueron Aviador Dro. Con 22 años a la espalda (sólo el Duo Dinámico se mantiene ahí, dando el callo, como ellos) han visto como tres generaciones de músicos nacían y morían para al final ver como la música española volvía al punto de partida, que es el tecno-pop con el que empezaron hace décadas. Han tenido que llegar a nuestras orejas unos Les Rhytmes Digitales, unos Atari Teenage Riot o unos Daft Punk revival para que aprendamos el potencial que tienen canciones míticas como “Nuclear Sí” o “Programa en espiral”. Dejando a un lado esas letras futuristas (en todos los sentidos) que adelantaban la llegada de Internet o la clonación, la música del Aviador sigue conservando chicha y una fuerza arrolladora para arrastrarte a bailar. Buena parte de la culpa la tiene Servando Carballar, una auténtica máquina del escenario, frenético él, saltando hacia la pista para animar un pogo, enerbolando sus banderas de Anarquía Científica y curándose toda esa escenografía, que tal vez pueda resultar artificial (octavillas, administración de pastillas al público), pero que es la plusvalía que te ofrecen ellos frente a los sosos conciertos de siempre.

Para acabar, una reunión mutante con los 10 en el escenario, cantando los dos temas conjuntos: “Moda mutante” y “Quiero mutar” (gran fin de fiesta). Sí, el tecno-pop puede ser música sin pretensiones… pero no hay que fiarse.

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