The Bellrays – Hard, sweet and sticky (Bittersweet)

La salida del guitarrista Tony Fate del seno de The Bellrays ha propiciado que el componente más punk, incendiario y crudo de la banda, aquel que les emparentaba en sus acometidas más fieras a MC5, haya perdido protagonismo. Así resulta difícil que Hard, sweet and sticky o cualquier lanzamiento venidero pueda igual las cotas alcanzadas por su magno Grand fury o su posterior The red, white and black.

Sin tapujos diré que estamos ante su trabajo más prescindible, inferior a toda su andadura por su posicionamiento en tierra de nadie: ni tan catárquico como sus primeros álbumes, ni con tanta clase y feeling como Have a little faith publicado hace dos años.

Hard, sweet and sticky cuida muy mucho su presentación: un delicioso art-work que conecta entre golosinas, mieles resbalantes y pieles mojadas acordonadas con la estética blaxploitation y disco 70’s. Mucho savoir faire. En el apartado sonoro encontramos canciones concisas y correctas, con dificultad para atrapar en el primer tramo del recorrido.

La fiereza de antaño sólo clava a conciencia sus incisivos en “Psychotic hate man”. Es mejor dejarnos embaucar por el candor y los matices soul tan bien llevados por Lisa Kekaula en el groove heredero de Motown (“Footprints on water”), el susurro cómplice (“The fire next time”) y la hipnosis misterioso-sensual (“Weedding bells”).

Disco resultón que contentará a los fans de siempre, pero que exige un revulsivo de urgencia en el próximo para no enfilar una indeseada cuesta abajo autocomplaciente.

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