The Montgolfier Brothers – Centro Cultural del Matadero (Huesca)

El dúo de Manchester formado por Roger Quigley y Mark Tranmer publicó en 2005 su tercer disco, All My Bad Thoughts (2005), un trabajo sencillamente impecable acompañado de una gira tras la cual The Montgolfier Brothers cesaron su actividad. Siete años después y con el álbum convertido en obra de cabecera para aquellos que encuentran consuelo y comprensión en la soledad de su lírica, la banda anunció una gira para interpretar el elepé al completo.

El apropiado teatro del Centro Cultural del Matadero de Huesca acogió una de las primeras fechas del tour, ante sólo una treintena de hábiles aficionados. Tranmer fue el primero en pisar las tablas para, tras reverenciar educadamente al público, tocar las primeras notas de piano de “The First Romours Of Spring”. Otto Smart, fiel escudero del grupo desde hace años, le siguió unos segundos después haciendo lo propio con los cuidados punteos que extrae de su guitarra, demostrando que su impecable aportación alcanza mucho más allá de la mera colaboración, resultando imprescindible para retratar fielmente las experiencias exorcizadas por sus autores. Finalmente es Quigley quien ocupa su lugar frente al micrófono, en pleno centro del escenario y ante la proyección de pasajes de la película La Noche del Cazador (1955) que acompañará toda la actuación.

La capacidad para emocionar y turbar del trío es descomunal, mientras que la presencia escénica del vocalista acongoja por su capacidad interpretativa y sobre todo por la sinceridad de su implicación. Un escritor que no duda en reabrir en canal aquellas heridas motivadoras de la composición para que el espectador entienda la circunstancia sin atisbo de duda. 

Formas de extrema delicadeza y elegante melancolía, dotadas de una singular y cegadora belleza que el artista utiliza para describir con detalle a los responsables de ese dolor que marca las arrugas del rostro y genera contusiones internas que jamás sanan del todo. Una intensidad ardorosa siempre creciente mientras piezas como “Don’t Get Upset If I…”, la propia “All My Bad Thoughts”, “Koffee Pot”, “Brecht’s Lost Waltz (Summer Is Over)” o “Quite An Adventure” son acometidas respetando el riguroso orden original, mientras el público, sumido en la oscuridad de su butaca, comparte los hechos narrados desde el escenario como propios.

Las desgarradores ocho minutos de  “Journey’s End” y “It’s Over, It’s Ended, It’s Finished, It’s Done” desbordan definitivamente, justo antes de que los músicos se retiren sólo un instante antes de completar la inmortal velada con “Even If My Mind Can’t Tell You” y “The World Is Flat”, recuperadas de Seventeen Stars (1999) y The World Is Flat (2002) respectivamente.

Los conciertos de los británicos albergan, al igual que sucede con sus canciones, tal calado emocional que jamás permitirán olvidar las sensaciones provocadas por su música.

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