The National – Sad Songs For Dirty Lovers (Talitres/Everlasting)

Según va avanzando la melancólica “The Cardinal Song”, es inevitable pensar en Bill Callahan, Will Oldham, John Darnielle o incluso Walkabouts o Lambchop. Según va avanzando el resto del disco, nos damos cuenta de que The National son mucho más que unos buenos alumnos aplicados, y que Sad Songs For Dirty Lovers es uno de los discos más hermosos y emocionantes de los últimos meses. Allí donde el folk avanza hasta encontrarse con el rock y el pop se sitúa la propuesta del quinteto, con el añadido de que ellos mismos nos llevan de la mano en ese camino, más esquinado y sinuoso de lo que parece a primera escucha.
Tras su notable y altamente recomendable disco homónimo del 2001, este trabajo confirma el vigor y sensibilidad de esta banda originaria de Ohio y residente en Nueva York, formada por dos pares de hermanos (los Devendorf y los Dessner) y un amigo común, Matt Berninger, poseedor de una voz privilegiada que bascula entre sombría, rabiosa, tierna y escalofriante. Es a partir de esa voz donde se sostiene la visión pesimista de la vida diaria que muestran la docena de joyas del disco, con especial acritud en las relaciones sentimentales. Títulos clarificadores como “Murder Me Rachael”, “Slipping Husband”, “Sugar Wife” o “Trophy Wife” avisan de los derroteros del disco.
No obstante, a pesar del planteamiento más o menos folky que preside este Sad Songs…, la banda ha tenido una especial habilidad para otorgar concesiones al pop-rock más convencional –sin ningún sentido peyorativo-, como ocurre en “Available” (tema que parece un single vocacional, y que puede causar más de una decepción entre los que piensen que el resto de temas van por ese camino) o, en menor medida, en la excelente “Slipping Husband”. Entre esos extremos transitan canciones como la espléndida “90-Mile Water Wall” y sus violines, que ponen los pelos de punta, las bellísimas y amargas “Thirsty” (vaya temazo) o “It Never Happened”, cuya segunda parte es sencillamente magistral por el contrapunto que supone a la primera. Si a este paisaje le faltaba alguna pincelada, es la que proporciona “Murder Me Rachael”, que marca la mitad del camino de este fascinante viaje entre estilos y la que añaden “Fashion Coat” y “Lucky You”, densas y sobrias a partes iguales.
Así, Sad Songs For Dirty Lovers se dirige más al corazón que a la cabeza, es un nudo en la garganta de tres cuartos de hora que sin embargo no desalienta, poseedor de un tremendo poder adictivo. Mientras iconos de la postmodernidad musical se empeñan en ponerse en entredicho, mientras en las islas se encienden las luces de alarma (salvedad hecha de Tindersticks), resulta que gente como Songs: Ohia, (Smog), The National o, en menor medida, The Red Thread, están entregando las mejores composiciones del año. Algo está pasando, y algo muy interesante.

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