The Wave Pictures + My Mother Is Bigger Than Others – Sala El Loco (Valencia)

A pesar de que The Wave Pictures llevan camino de superar a Love of Lesbian como grupo que más veces se ha subido a un escenario español en los últimos 18 meses, el conjunto británico sigue levantando expectación allá por donde pasa. Y tiene su mérito, porque la propuesta musical de David Tattersall y sus muchachos no da para muchas variaciones de un concierto a otro. Todavía no hace un año de su anterior visita a Valencia, y aquí los tenemos de nuevo.

A las 22h y unos pocos minutos aparecieron sobre el escenario los componentes de My Mother Is Bigger Than Others para oficiar como teloneros. Su propuesta musical, que ellos definieron muy acertadamente de manera literal como “pop-no-sé-qué” (a medio camino entre el powerpop y el indie-pop de chavalería de instituto americano, aclaro yo) y que evidenció que necesita todavía bastante rodaje, quedó un poco lastrada por diversos problemas técnicos. Sin embargo hay algo en ellos que no sabría definir y que me dice que merecieron más suerte. Puede que sea su (¿calculada?) imagen amateur y desorientada, sus inesperados brotes de ofensiva guitarrera, sus canciones a medio terminar o sus esfuerzos por coordinar sus a veces inaudibles veces (por todo ello me vienen a la cabeza The Feelies), pero me da la sensación de que, a pesar de que anoche parecían actuar sólo para una docena de amigos de la primera fila, merece la pena seguir su progreso.

Apenas unos minutos después de terminar su actuación los teloneros, aparecieron sobre el escenario The Wave Pictures. En su anterior visita empezaron de forma suave, casi apagada, y apenas consiguieron hacerse oir por encima del griterío de la multitud. Anoche, tal vez con la lección aprendida, arrancaron directamente con “Just like a drummer” con idea de enganchar a la gente desde el principio. El resultado fue, más o menos, el esperado: exceptuando las primeras filas, el resto de la gente prestaba atención a los “hits” del grupo mientras que en el resto de las canciones su interés se dispersaba (o se concentraba en otros puntos lejanos al escenario). A lo largo del primer tercio de concierto sonaron “Long Island” y “Strange Fruit For David”, antes de atacar una batería de temas nuevos (o a mí me lo parecieron) entre los que destacó uno que presentaron como “Chickens”.

A todo eso, David parecía estar algo menos comunicativo con el público. Hizo las bromas habituales sobre el sexappeal del bajista y todo eso, pero no se le veía tan espontáneo y dicharachero como otras veces. Al menos eso me pareció a mí.
El concierto pareció tomar carrerilla a continuación, encadenando “I thought of you again”, “Too many questions”, “Strawberry cables” y la recuperada “I shall be a ditchdigger”. Llegó entonces el conocido pero no menos esperado momento de Jonny Helm. A su habitual  “Sleepy eye”, que el público jalea como si de una competición cervecera en un pub irlandés se tratara, se unió esta vez una rota interpretación de “Now that you’re pregnant”. Como suele decirse, ni mejor ni peor…diferente…

Enfilada la recta final, la banda se dispuso a interpretar “Susan rode the cyclone”, el tema titular de su último disco. En mi modesta opinión, una canción para ser degustada en silencio, para paladear cada uno de sus tímidos punteos de guitarra, para dejarse llevar por su ritmo in crescendo, para cerrar los ojos y dejar que penetre por los poros, o para abrirlos y admirar la habilidad de David con su guitarra. Pues no, amigos, no ocurrió nada de eso, a la gente le da igual que suene “Yesterday” que “Twist and shout”, aquí se baila y se berrea todo…pero centenares de asistentes a un concierto no pueden estar equivocados, así que supongo que lo estaré yo.

Me queda la esperanza de que David Tattersall opinara como yo, porque después de que mandara a su Susan a luchar con los nightclubbers, y de que estos se la devolvieran magullada y vencida, cortó por lo sano y nos mandó a casa con “Come on Daniel”. Nada de “Kiss me”, parece que dijo a los de la primera fila. A pesar de todo, en el obligado bis abrió un poco la mano y le dio al público lo que esperaba: primero, un hit (“I love you like a madman”), y después un himno borrachuzo para captar la atención de los de la cháchara y el ligoteo codo en barra (“Friday night in Loughborough”).

El segundo y último bis nos lo podríamos haber ahorrado todos, porque esperábamos “Leave the scene behind” y sonó otra canción que no pude identificar ni ganas que me quedaban ya a esas alturas. Y menos sin aire acondicionado, oiga.

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