Yuck – Glow & Behold (Fat Possum)

Así de repente, cuanto te enteras de que una banda ha perdido a su cantante, lo primero que imaginas es que haya podido perder su esencia, su rasgo de distinción. Eso es lo que le ha sucedido a los británicos Yuck, pero con la suerte de que, en este caso, no sólo no han perdido su esencia, sino que han conseguido firmar una notable continuación de su celebrado debut, el homónimo Yuck (11).

Lo primero que llama la atención,  es que el relevo tomado por Max Gloom en las voces hace que apenas nos acordemos de Daniel Blumberg, enfrascado ahora en su proyecto en solitario Hebronix, si bien en el primer disco ya demostró poder tomar el mando sin perder por ello ni un ápice de frescura.

Y en segundo lugar, advertimos  un ligero cambio de rumbo al bajar el pie del acelerador en favor de unos medios tiempos que ganan por goleada en este melancólico y entrañable “Glow & Behold” (13). Si bien echamos de menos una mayor pulsión eléctrica presente en numerosos  ejemplos de su debut como “Get away”, “The wall”, “Holing out” o la emblemática “Georgia”, dicho recuerdo no nos impide disfrutar de la clase que demuestran a la hora de reencarnarse en unos Teenage Fanclub de bolsillo en las mágicas “Out of time”, “Lose my breath”  o la tituar “Glow & Behold”, donde la electricidad deja paso al poder de las melodías.

Las luces se apagan en “Somewhere” o la excelente “Memorial Fields”, donde no andan lejos de los inicios en clave emo de gente como Death Cab For Cutie, en unos números resueltos con soltura y elegancia donde los ritmos sostenidos, a punto de quebrarse, nos descubren a unos nuevos Yuck dotados de una sensibilidad extraordinaria a la hora remover emociones. Los dos singles ya conocidos, apenas las únicas descargas de electricidad aquí reunidas, se encadenan en la mitad del álbum; “Middle Sea”, gancho ganador con la impronta de Dinosaur Jr. o Yo la tengo en mente y la muy My Vitriol (aunque para mucha gente suene a My bloody valentine) “Rebirth”, de título irónico y revelador,  que consigue con su espiral melódica abrir un nuevo camino en su evolución redondeando el grueso de un disco convincente y que demuestra que el ahora trío asume con dignidad y sobrada calidad el legado de un buen montón de bandas reconocibles y admiradas, dotándolo de frescura e ideas, casi todas buenas. El nuevo repertorio se antoja ideal para combinar con el antiguo en lo que supone un equilibrio entre calma y tempestad.

Las trompetas presentes aquí y allá, como en la notable “How does it feel”, las instrumentales “Sunrise in maple shade” y “Chinese cymbals” y la sensación general de querer entregar algo distinto a lo que hubiéramos podido esperar de ellos, no hacen sino acrecentar la idea de que  han querido dar un paso adelante en esta nueva etapa y han encontrado la inspiración necesaria para hacerlo entregando un segundo disco que nos deja con ganas de más. Bravo por ellos.

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