Crónica del FIB Benicassim 2016: domingo

Reivindicativo cierre del mejor FIB en muchos años con Kendrick Lamar y Massive Attack como protagonistas de una jornada al nivel del resto de días del festival. Escribiremos, porque lo merece, un especial sobre el tema, pero Benicassim  ha superado sus propias expectativas reuniendo a casi 170.000 personas durante todo el fin de semana, una media de 42.000 espectadores al día, cifras que superan las del BBK Live y se acercan a las del Primavera Sound. Y sin Radiohead, Arcade Fire, Pixies, New Order o Neil Young. El año titulamos el artículo sobre el balance del festival, “FIB 2015: Punto de Inflexión”, destacando que una de las claves del nuevo éxito del FIB era haber equilibrado las proporciones entre público nacional e internacional, apostando sin tapujos por bandas españolas. La otra ya la hemos repetido hasta la saciedad, es el festival más divertido del mundo. Los conciertos suenan, se ven (sin zonas VIP de por medio), y se viven de otra manera, y a partir de cierta hora, siempre hay dos o tres opciones de cerrar la noche bailando. Aunque este año, mejor no hablamos de las pinchadas de pop, porque prácticamente no ha habido más que electrónica (solo se salvan Julio Ródenas y el inmortal, como el FIB, Amable).

Benicassim FIB 2016

En cuanto a los conciertos del domingo, tradicionalmente el último día del festival siempre ha sido la gran jornada musical. Muchos de los grandes nombres y los wannabe se suceden en este último día de clausura. Y este año tampoco parece ser una excepción. Kid Simius, o lo que es lo mismo José Antonio García Soler, granadino afincado en Berlín, ha puesto patas arriba el público que ha tenido el acierto de acercarse a su concierto. Tenía que competir con los descarados y divertidos Fidlar, que han congregado casi a la mayoría de los asistentes en otro escenario, pero los curiosos que pasaban por el escenario South Beach se han quedado para retozar y divertirse de lo lindo con los ritmos electrónicos, desenfadados y bien arreglados del granadino. Cuando la diversión es tanto o mayor en escena que entre el público, podemos hablar de comunión. Las sonrisas que desplegábamos todos corroboraban que el concierto de Kid Simius ha sido uno de los platos fuertes del festival. Una pena que las cabezas pensantes de la programación no hayan tenido el acierto de programarle a horas más golfas, porque la fiesta que han desatado en nada, pero en nada, desmerece lo que otros grandes como Chemical Brothers han conseguido alcanzar. Su hit “Hola Chica!” que desde aquí siempre hemos considerado que debería ser el himno de esta edición del FIB ha desatado la euforia y ha sido el empujón perfecto para arrancar la última jornada, esa en la que luchamos todos contra los cuerpecitos de jota que algunos arrastramos. Sin duda, por méritos propios este chaval, y su orondo y simpático compañero, se han ganado un buen puesto en el cartel. Esperemos verle en otra edición un poquito más tarde, el viernes o el sábado para que tenga la posibilidad de darse a conocer aún más. Porque el tipo se lo merece.

Fidlar

Tremendos Fidlar en el escenario grande del FIB. Pura adrenalina punk que provocó un pogo continuo durante todo el concierto. Juventud, sudor y empujones bajo la dictadura guitarrera de los californianos. Ni aun siendo del mismo centro de Bilbao me ocurrió probar el circle pit que se organizó desde la segunda canción.

Doble Pletina

En las antípodas de Fidlar, Doble Pletina proponían desde el escenario Radio 3 pop preciosista lastrado de ciertos problemas de sonido. Siempre alabamos la precisión con la que se produce todo el FIB, así que no podemos evitar quejarnos del sonido de los conciertos de la carpa, que ha deslucido actuaciones tan brillantes como la de Aries. De todas formas, ni el peor sonido del mundo podría estropear un concierto que termine con “Música para cerrar las discotecas” y una contenida “Electrobolero”.

Jess Glynne

El FIB es un festival clásico, en mucho sentidos, y como tal manda la tradición. Hay que programar a un viejuno, hay que programar nueva hornada, the next best thing y como mandan los cánones de este festival también hay que programar a la típica diva pop que haga las delicias de los menos guitarreros. Este año el lugar que en otras ediciones ocupó Ellie Goulding o Lily Allen lo ha ocupado Jess Glynne, que si bien se merece mis más sinceros respeto como música, cierto es que su disciplina musical y su contenido espectáculo no ha dejado muchas cosas reseñables, más allá de ese atuendo tan DIY y ese telón de fondo plateado. Entre el público, alborotadísimo,y repleto de niños, mamás inglesas y un buen nutrido grupo de gays enarbolando la bandera arco-iris en cada canción. Su académido espectáculo ha aportado color, pero no mucha emoción a una jornada festivalera tan grandiosa. En la sala de prensa en la que nos encontramos nos han facilitado el setlist del concierto en el que nos han escrito hasta los minutos de discurso que tenía planeado hablar entre canción y canción. Pues eso, espectáculo de corta y pega, gracioso, colorista y desechable. Y eso que han caído todos los temazos que el respetable esperaba desde “Gave Me Something”, hasta un “Hold My Hand” en perfecta sinfonía con sus coristas. Pues eso, que mucho éxito, pero no lo hemos terminado de entender. Todo muy random.

The Maccabees Para random el concierto de The Maccabes, un sonido bastante pulcro no es suficiente para ocupar un lugar tan privilegiado en este fantástico cartel. Pinchan un poco al intentar plasmar en directo los temas de sus discos. Con esto no queremos decir que su concierto haya sido malo, ni mucho menos, pero la absoluta indiferencia que muchos de los miembros de la banda aparentemente parece tener con respecto a los otros, como si cada uno actuara en solitario, lastra un poco, bastante, el sentido del espectáculo. Han tenido algunos momentos álgidos, pero al final la sensación de que este no será uno de los conciertos reseñables del festival ha durado casi hasta su fin. Así que tendremos que esperar a que Kendrick Lamar continúe la brecha explosiva que ha abierto Kid Simius. Mac Demarco

El canadiense Mac DeMarco, se presentaba en el escenario, Visa, con su “Soft Pop”o “Jizz Jazz”, como él mismo se autodenomina, y terminó por congregar a buena parte de los asistentes a la cuarta jornada del FIB. En formato de cuarteto, acompañado por su inseparable, Pierce McGarry, al bajo y su inconfundible “Dress Code”, en forma de vestido femenino. Ya lo hemos comentado, esas canciones que se gasta el canadiense, son en apariencia, Pop inofensivo, pero tienen ese algo inexplicable, que te atrapa y te hace, como mínimo, quedarte ahí enfrente del escenario, moviendo el pie, para los más sosos, y bailando, para la gente normal. Mención especial a la, cuanto menos chocante, forma de desplegar esas canciones tan dulces, de esa manera y desparpajo tan punk. “Salad Days”, “No Other”, “Another One”, “My Kind of Woman”, fueron solo un ejemplo de la colección de orfebrería Pop que se gasta, Mac DeMarco en vivo, un artista de los que parece que no, pero sí, y mucho. YoungFathers-Fib-2

Mientras tanto, en el escenario, South Beach, los escoceses, Young Fathers, rompían a base de graves sacados del averno, los tímpanos de los atrevidos que se atrevieron a pasar por allí. La en principio, exagerada etiqueta, de “renovadores del Hip Hop”, que la prensa británica se ha apresuró a colocar a la banda, cobra tintes de realidad cuando te enfrentas a ellos delante del escenario. Una base rítmica contundente, tocada en directo, junto a sonidos pregrabados, sintes, también en directo, voces impecables, y esa curiosa mezcla de Rap, Jungle, y otras referencias musicales difíciles de averiguar, hicieron de su concierto, de los más sorprendentes del escenario, South Beach. “Queen is Dead”, “Feasting”, “War”, o “Get Up”, sonaron mucho más oscuras y salvajes que en las grabaciones. Apúntenselos.

Hooton Tennis Club

Si el Primavera tuvo su momento Pavement con Car Seat Headrest, en el FIB pudimos ver a Hooton Tennis Club reivindicar la herencia de la banda de Stockton. Siendo ingleses, combinan el ruido con melodías de onda Pastels. Perfectos para el próximo Madrid Popfest.

 

1975

Seguro que hay varias formas de ver a los británicos, The 1975, pero ninguna debe ser de manera muy crítica, porque entonces estaríamos hablando de una pérdida de tiempo, o de un rato tirado al retrete. Y es que está claro que el primer álbum, de titulo homónimo, de los chicos de, Matty Healy, fue sorprendente, pero la segunda entrega, no deja de ser un ladrillo de multitud de estilos que a ratos no hay por donde cogerlo. Quizás sea la duración del disco, exagerada y con canciones a todas luces, sobrantes. Pues lo mismo pasa con su directo, la primera toma de contacto es efectiva, con un escenario bien diseñado y muy acorde con su estilo de ascendencia “ochentera”, y con un frontman estiloso e histrión a ratos. Comenzar con, “Love Me”, ese homenaje (o plagio) a los INX, es garantía para captar la atención de los fans y de esa parte del cerebro que quiere diversión. Pero a medida que pasa el concierto es inevitable debatirse entre bailar y dejarse llevar o irse para no volver jamás. Lo que está claro es que, The 1975 triunfaron en el FIB, y que son la muestra clara de por dónde van los tiros y por donde irá los próximos años el Pop británico.

Chucho-Fib-2

Mientras The 1975, desplegaban sus fuegos de artificio en forma de pop edulcorado, una propuesta radicalmente opuesta acontecía en la carpa escenario de Radio 3. Se trataba de Fernando Alfaro, uno de los personajes claves de la historia de la música Pop de este país, que acaba de editar un nuevo disco, con una de las bandas de su vida, Chucho. El disco en cuestión, Los Años Luz (M Records) es uno de los mejores regresos que uno pueda recordar, rotundo e incontestable, como la práctica totalidad de la carrera de Alfaro. El setlist se basó en la práctica totalidad del nuevo álbum, entre las que destacaron: “Flores sobre el estiércol” y “Oso bipolar”, mezcladas hábilmente con clásicos de la banda, felizmente celebrados entre la escasa concurrencia (a Chucho le tocó bregar con eso de tocar el ultimo día de festival) como: “La mente del monstruo”, o “Revolución”. Una pena que en ocasiones se oyeran los otros escenarios casi al mismo volumen que lo que estaba aconteciendo en este. Es la historia de la vida de Chucho, caminar cuesta arriba y con el viento de cara, y salir airosos en el intento. Grandes.    Kendrick LamarKendrick Lamar, no muy habitual en España, era el gran atractivo del festival. Hip hop rebosante de talento y particularidades, como la de tocar con banda y sin DJ, la propuesta del rapero de Compton huye de las caricaturas tradicionales del género para centrarse en las canciones. Incorpora elementos de jazz o funk, lo que dota a su música de un espectro de color amplio y profundo. Tampoco rehuye la crítica, como demostró abriendo el concierto con la leyenda “How much a dollar cost?” impresa en las pantallas del escenario, pero sus letras no destilan la rabia de otros raperos. Si el jueves Skepta fue tensión, músculo y metralla, Lamar prefirió la elegancia y la contención, aunque quizás se quedó corto de intensidad. Massive Attack

El magnetismo oscuro de Massive Attack fue el perfecto colofón de los conciertos del FIB. Inéditos en el festival desde 1999, tanto ellos como el FIB han cambiado mucho desde el siglo pasado. Desde el Mezzanine (Virgin, 1998), Massive Attack se ha dejado ver poco (dos discos en 12 años), y cuando lo han hecho, se han centrado en la experimentación y la militancia política (a favor de las libertades y en contra de la xenofobia), colaborando con bandas más jóvenes como Young Fathers, de los que ya hemos hablado en esta crónica, y que participaron en cuatro canciones del concierto. Por ello, el comienzo del concierto fue tan atractivo como denso. Enmarcados en una pantalla donde se iban leyendo mensajes de tinte social relacionados con la actualidad (Turquía o el Brexit), el show fue un continuo crescendo en el que los bajos parecían cobrar vida propia en mitad de la oscuridad. “Inertia” despertó de cierto letargo al público que agradeció un emocionante final dedicado al Blue Lines (Virgin, 1991),  “Safe From Harm” y “Unfinished Sympathy” (interpretadas por Deborah Miller.)

Textos: Juanma Caballero, Fernando del Río e Iñaki Espejo-Saavedra. Fotos: Fernando del Río e Iñaki Espejo-Saavedra.

Crónica del FIB Benicàssim: jueves
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