Ray Davies –  Americana (Sony)

América, o para ser más exactos Estados Unidos, es conocida como la tierra de las oportunidades. El lugar donde los sueños se cumplen, líder del mundo libre, the land of the free. Nadie que haya estado en contacto con la cultura popular (cine, música, TV) de los últimos cien años puede escapar a la fascinación que el mito norteamericano ejerce sobre todos nosotros. Pero los Estados Unidos es también la tierra de las contradicciones: la de Hollywood y Charles Manson, la de Lincoln y los magnicidios; la del summer of love y la de la Asociación del Rifle, la de USA for Africa y la del muro con Mexico; la de las grandes películas del Oeste y la de los tiroteos indiscriminados en centros educativos. Esas contradicciones alimentan el mito, y son también el combustible que da alas a uno de los mejores álbumes que han visto la luz en este 2017: Americana, de Ray Davies.

El líder de The Kinks nunca ha ocultado su atracción por la cultura norteamericana: recordemos canciones como “Oklahoma USA” y “Celluloid heroes”, o el disco Muswell Hillbillies (1971), por mencionar solo algunas de sus referencias. Pero Davies sufre también de esa esquizofrenia, esa relación de amor y odio que a la mayoría nos provocan esas contradicciones tan profundas, ese país capaz de darnos a Martin Luther King y a Trump. Además el escorpión no puede evitar serlo, y Ray Davies es incapaz de posar su mirada sobre el objeto de su admiración sin pasarla por el mismo filtro de la ironía y la mordacidad con el que desmenuzó a la sociedad británica en algunos de sus míticos álbumes de los 60. Surge así Americana (Sony, 2017), la primera parte de un proyecto musical que funciona como banda sonora de sus memorias (Americana: The Kind, The Road And The Perfect Riff), publicadas en 2014, y que cuenta con The Jayhawks como invitados de lujo.

Efectivamente, las canciones de Americana siguen una narrativa equiparable al periplo vital de Davies: de la fascinación y la promesa de una vida mejor (“Americana”) al desengaño (“They seem happy together but I saw the tragedy” canta en “Poetry”, o “The romantic on a wreckless chase ‘til reality hit me in the face” en “The great highway”). Desde las ilusiones compartidas con su hermano (“My baby brother and me in the land of the free”) hasta su amarga salida de New Orleans que sustenta “Silent movie”, pasando por la cruda melancolía de “Rock and roll cowboys”. Los cantos de sirena de una vida bohemia, siempre en la carretera, y el alejamiento de la familia que lleva consigo tienen su hueco en el disco (“A place in your heart”, “Message from the road”), como también lo tiene el choque con la realidad de los negocios (“The deal”) y con la propia sociedad que le abre las puertas pero le mira con recelo (“The invaders”). Este último tema parece hecho a medida para la era Trump, aunque se deja entrever cierto ajuste de cuentas con aquellas malogradas giras norteamericanas de los Kinks en los 60.

No nos podemos olvidar, sin embargo, de la parte musical. Maravillosa, por cierto. Con unos The Jayhawks excepcionales y un Ray Davies que se deja llevar por su calma hasta el punto de ponerse en un segundo plano si es necesario, como en el dueto con Karen en “Message from the road” o en “A place in your heart”, donde buena parte del peso lo llevan Gary y los suyos con unos coros casi doo-woop que recrean el sonido del tren. Se trata de un guiño a la música norteamericana como hay muchos otros en el álbum. Y es que, aunque el título pueda llevar a engaño (no es un álbum de Americana, en el sentido que conocemos del género), es cierto que la influencia de la música popular estadounidense planea sobre todo el disco. Y no solo por la presencia de The Jayhawks, que también, sino por el uso inteligente que Davies hace de sus referencias sonoras a la hora de homenajearlas pero también para potenciar su mensaje. Así, no debe ser casualidad ese casi imperceptible sonido hillbilly que le da a “The invaders” y sus toscos agentes de inmigración, o ese adorable estilo tan irónico y refinado, tan británico pero también tan maravillosamente Randy Newman, que tiene “Heard that beat before”.

Americana es Ray Davies en su salsa, en la de Arthur, en la de “Victoria”, en la de “Where have all the good times gone”, en la de “Do you remember Walter” o The Village Green Preservation Society. Solo que aquí mete en las maletas su visión sarcástica y melancólica, su aparente adulación que se convierte en acerada crítica de manera casi indolente, su lucidez para analizar las contradicciones de la vida, y se planta de un salto al otro lado del charco. America, here we go. Esperaremos con impaciencia la segunda parte.

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