Wovenhand – Kafe Antzokia (Bilbao)

Hace ya  más de un mes que la lluvia se instaló en Bilbao de manera perpetua y parece que la condenada de ella no tiene intención de dejarnos. El frío, por su parte, está con nosotros desde hace un par de semanas. Ambos nos tienen bien agarrados.
La visita del reverendo Edwards y su banda sirvió para convertir el Antzoki en un caluroso oasis. Los seguidores del ex 16 Horsepower buscaban ese reducto en el que poder hacer escala en esta invernal travesía que nos toca vivir.

El desierto y sus habitantes nos acogieron como si de buenos amigos se tratara. Un líder espiritual, un jefe apache que marca la pauta, se posiciona en su silla y comienza a intimidar a sus fieles. No tiene medida, apabulla al mismo tiempo que aúlla. DEE hizo parada en Euskadi tras su doble actuación en el Primavera Club y no con la intención de cumplir el trámite. Ni mucho menos. Pudimos sentir una intensidad epatante, que hacía tiempo no experimentábamos por estos lares. Tengo grabada una imagen de oscuridad y una tenue luz blanca que ascendía hacia el techo del teatro, mientras Eugene Edwards recitaba con esa voz que capta más atención que la mayor de las orquestas. Me acordé de Mark Lanegan y Nick Cave, pero esta  oscura fuerza superaba la que dichos señores han podido mostrar en sus varias visitas a nuestro país.    

Ten Stones es el séptimo trabajo de la formación de Denver y la (re)confirmación de la solidez del proyecto que capitanea Edwards. En directo la propuesta adquiere el máximo esplendor, combinando intensidad, contundencia y maestría. Desde la aridez, la austeridad del desierto gana muchos puntos gracias a una voz que deslumbra y acojona. El rubio alternó mandolina y guitarra para lograr un repertorio seductor y conmovedor. El público no tardó en sucumbir ante tan inmensa evidencia: Woverhand sobresale y marca para siempre. Aplausos y gritos de éxtasis entre el respetable, el cuarteto norteamericano tuvo que volver a salir para realizar un segundo bis.

Tan natural e inesperado como el depredador que vaga por el desierto y tan dominante como el león jefe que gobierna la sabana. ¡Animal salvaje!

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