Ángel Stanich + The Levitants (sala Hangar) Córdoba 17/10/19

El Festival Eutopía cerró su apartado musical este 2019 en la sala Hangar de una forma brillantísima. Había incluso más expectación por ver en directo a una de las últimas sensaciones discográficas en el rock independiente hispano, The Levitants, que por un Ángel Stanich ya conocido por estos lares y siempre triunfante. Sin duda, una combinación sobradamente atractiva para una noche de jueves que resultó más que intensa, sobre todo por la sorpresa que supuso para muchos toparse con la banda vallisoletana, desde ya casi una obligación para todo aquellos y aquellas que quieran vibrar en directo con una propuesta fresca y rematadamente adictiva.

Si alguien escucha con un mínimo de atención temas rasgados por las uñas del post-punk como “Kolmanskop” o “Red lines” sabe dónde puede estar el faro creativo de este jovencísimo trío, llamémosle Joy Division si nos ponemos clásicos o Interpol si abogamos por los sonidos más contemporáneos. Basan su directo en la potencia de los teclados y las bases para elaborar las melodías, y las expanden hasta que la guitarra de Sergio pone el punto de oscuridad preciso para que el proyecto tenga una personalidad abrumadora. Sorprende también, tras la marcha de un par de miembros después del primer álbum, que hayan decidido prescindir del colchón sonoro que siempre aporta el bajo y sustituirlo por los sintetizadores de Juan que en absoluto desentonan y casi se podría decir que los hace sonar más graves. Es lo que tiene saber trabajar unas canciones rotundas y tocarlas con la potencia con la que abordan “From the other side (Driving)”, una de las mejores canciones que hemos escuchado en lo que va de año, “Enola (M de llorar)”, el tema que titula su nueva colección, “Telescape” y la impresionante “Coimbra”, regrabada para la ocasión tras ser el que bautizó ya su primer disco y llena de recovecos rítmicos apuntalados por la batería de Dani. Son tres, pero podrían ser algunos más y nadie lo habría notado. Se bastan y sobran para que todo suene en su sitio y solo lamentamos que su concierto dure tan poco, obligados puntualmente por el horario y el hecho de no demorar demasiado la nueva cara en directo, ahora en formato trío, del enorme Ángel Stanich, habitual compañero de cartel y otro artista que merecería mucho más espacio en medios y público. Para empezar, The Levitants confirmaron lo que ya sospechábamos: Conciben la música para ser tocada en vivo y mientras sigan tenencia la presencia y la prestancia que demostraron aquí pueden llegar a convertirse en una de las mejores noticias que hemos tenido recientemente en cuanto a la renovación de una escena que en según qué ocasiones y contextos puede estar aquejada del mal de la reiteración.

Justo de eso huye a toda costa un músico menudo, con aspecto de profeta orate y mirada de alma alucinada. El que le insufla él a todo lo que toca y canta con esa voz atiplada y con los recursos mínimos es harina de otro costal, y presentarse en la misma sala en la que las dos veces anteriores has triunfado de pleno con solo dos músicos y un nuevo vestido para las canciones que tanto hemos disfrutado en su versión a banda completa. Víctor L. Pescador pone la guitarra, la base en muchas de las canciones, y los teclados justos, y Lete G. Moreno se sienta a la batería y a veces la toca solo con una mano mientras dibuja líneas de sintetizador con la otra para hacerlo todo un poco más grande. La acústica, los tirantes y el pelo los trae el autor de las canciones, que ya cansado de la pseudoetiqueta de “cantautor lisérgico” y por epatar un poco se va sin tocar el reclamado “Camino ácido” pero sí le da un nuevo giro a la maniobra perfecta de “Mátame camión”, reduce los ya escasos arreglos de “Carbura”, cabalga sobriamente por la remozada ironía de “Sr. Tosco” y revive “Un día épico” entre Janis y Bukowski. Tiene todas las papeletas este señor para tornarse en una especie de artista de culto, de personalidad al margen de la industria y sus devaneos, y sin embargo en largo o en corto muestra una cercanía encantadora y ha conseguido en poco tiempo que los buenos oyentes lo cataloguen de freak sin las connotaciones negativas que el término suele implicar.

“Metralleta Joe” se revela incluso más efectiva sin tanta electricidad y tampoco apetece que se termine nunca “Escupe fuego”, una de las mejores canciones escritas en español sobre el desamor en los últimos años, a la vez que te alegras de nuevo de que “Más se perdió en Cuba” y sus consecuencias en la lírica de este artista genial que se apropia de eslóganes como el mítico “Galicia calidade” y se saca de la barba la varita mágica que transforma en oro todo lo que toca. Una delicatesen en principio no apta para cualquier tipo de orejas que ha logrado en dos discos largos la unanimidad en cuanto a su valía.

Un disfrute único y con visos de repetirse en breve, dada la tendencia reciente de las luminarias del pop y el rock patrios a visitar una ciudad cada vez más acostumbrada a hacer de la cultura su estilete y de la música en directo su emblema. Un signo de distinción nunca bien ponderado por muchos que aún no quieren darse cuenta de que tienen a mano (y a oído) tantas cosas imposibles de apreciar para una amplia mayoría ensordecida por el mercantilismo de una industria fuertemente perjudicada. Afortunadamente, hay otros a los que se nos quedan cortos los adjetivos de agradecimiento por disfrutar una velada como la aquí narrada y sobrevivir con orgullo para contarlo. La música nos salvará a todos, aunque tengamos que morir en el intento por defenderla.

Fotos: JJ Caballero + Antonio Elías

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