Built to Spill – Apolo (Barcelona)

¡Vuelve Built to Spill a España! Por lo insólito de la noticia y por el babeo de anticipación que genera, uno está dispuesto a pasar por alto ciertas extravagancias. ¿Qué la actuación se centrará íntegramente en el disco Perfect from now on, de hace once años? Bueno, ¡que más da! Si el introvertido grupo de Idaho se digna venir hasta Barcelona hay que ir a verlos sin el mínimo asomo de queja, aunque anunciaran que sólo tocarían versiones del bolero de Ravel al ukelele.

Lejos de mi intención el criticar el disco escogido; es más, Built to Spill es uno de aquellos escasos grupos que factura álbumes sin malos temas, sin notas de relleno y sin momentos flojos. Todos sus discos, todos, son exactamente igual de buenos desde el primer rasgueo hasta el último redoble. Por tanto, ¿como fue el concierto? Sorpresa sorpresa: fue muy bueno. Vale, era bastante previsible. Built to Spill es un grupazo de rock (¿progresivo? ¿clásico? …lo que sea) de tal categoría que sorprende un poco verlos tocar en un Apolo semivacío. Ante la relativa indolencia del público de Barcelona, la banda subió al escenario, afinó sus guitarras y sus baterías, y con tranquilidad empezaron a reproducir el disco de principio a fin. Por lo que les hemos visto en España no parece un grupo demasiado dado a brincar, gritar, hablar con el respetable o moverse demasiado (juraría que el bajista ni siquiera respiraba). Sin llegar a la desdeñosa parálisis de un Mark Lanegan, sí que se puede decir que cuando ellos están en escena no hay más espectáculo que la música. Que nadie espere pirotecnias, proyecciones de videoartistas, crowd surfings ni demás artimañas. Eso sí, el sonido grandioso y la ejecución perfecta (la verdad es que puestos a buscar comparaciones, al grupo al que en algún momento podían recordar era a Pink Floyd) son los de una banda que pide a gritos tocar en el estadio más grande que se tenga a mano. Estos podrían sonar realmente apoteósicos.

¿Entonces, dado el ambiente frío y el escaso margen para las sorpresas, qué diferencia existe entre ir al Apolo a verlos o quedarse en casa escuchando el disco – aparte del precio de las copas? Lo primero, vale la pena comprobar que en directo tocan realmente tan bien como en estudio; recordemos que esa es una de las señas que diferencian a una verdadera banda de rock de un grupillo apañado cualquiera que se ha sabido arreglar las grabaciones de estudio. Segundo, sorprende escuchar en directo la voz de Doug Martsch, que nos pareció más fina, precisa y llena de matices que en sus discos. Tercero, que obviamente premiaron al respetable con unos bises algo más actuales y populares – especialmente un hermoso “Goin’ against your mind”, que es un cañonazo, y con esto se animó notablemente el fin de fiesta. Después de todo, “Perfect from now on” es un excelente disco pero con un tempo relativamente suave e hipnótico, y algo alejado de los arabescos rítmicos de sus últimos trabajos, que tienen puntos notablemente más guitarreros y agresivos. El tono general, pues, es más Explosions in the Sky que Jimi Hendrix. Y puestos a elegir, ¿a cual de esos dos preferiríais ver en concierto? Pues de la misma manera, y sin desmerecer el gesto purista y tan en boga de interpretar un álbum íntegro en concierto, se hubiera preferido más variedad, más populismo, y más caña.

Ah, y una cuarta diferencia. Y digo esto sabiendo que existen normativas sobre ruido, quejas vecinales, y todas esas cosas. Pero una sola cosa hubiera ganado de haberme quedado en casa a escuchar el disco… ¡hubiera puesto la música mucho más alta!

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