Echo & The Bunnymen

Echo & The Bunnymen + Reyko (La Riviera) Madrid 26/09/23

Ian McCulloch – hincha irredento del Liverpool – dijo una vez que estar en Echo & The Bunnymen era como llevar la camiseta de su equipo, que no tenía sentido si no lo vistes con orgullo. El liverpuliano es en definitiva un tipo al que seguro se le pueda llamar de todo, pero nunca previsible y que cuando habló así, tanto de su equipo del alma, como de su grupo del ídem, lo hizo muy en serio. Otra cosa es la realidad, o aquello del “como me veo, como me ven», o si no, que se lo digan a los asistentes al Visor Fest.

La cuestión es que estábamos allí plantados enfrente del escenario, esperando con miedo a que saliesen Echo & The Bunnymen, con la incertidumbre de si aquello iba a funcionar o no.

Minutos antes pudimos ver al dúo español de electro dark pop, afincado en Londres; Reyko, con sus ritmos pregrabados, la guitarra distorsionada y muy bajita, por cierto, de Igor y las voces y pizperetas vueltas por el escenario de la vocalista; Soleil. Acompañamiento ideal para los de Liverpool, con poca gente aun en la sala y preguntándonos qué sentido tiene poner a un telonero al que ni siquiera se le presenta en los carteles, ni en las webs de las tiqueteras.

“Celebrating 40 years of magical songs” –propiciada en España por la promotora Houston Party – es la gira del cuarenta aniversario de la formación británica, que se tuvo que suspender en bastantes fechas del 2022 por motivos de salud y que ha coincidido con la reedición de su mítico recopilatorio Songs To Learn & Sing, disco muy significativo para toda una generación.

Las idas y venidas de los asistentes de escenario y los “pipas”, afinando guitarras, colocando una y otra vez el ventilador enfrente del micro de Ian y los minutos de retraso sobre la hora estipulada, nos hacían ser presos de una incertidumbre insana. Comenzaban los cantos gregorianos con los que suelen comenzar sus conciertos y nos sentíamos aliviados, a pesar de los quince minutos de retraso.

Así salía al escenario la totalidad de la banda, con un Ian McCulloch al frente, en apariencia bastante contento y su inseparable guitarrista y cofundador de Echo & The Bunnymen Will Sergeant, apostándose en su sitio, impertérrito y serio. Comenzaban a sonar las atmosferas preliminares de “Going Up” y rápidamente nos dimos cuenta de tener enfrente a una banda más que engrasada, con un sonido fantástico y una voz de Ian fuera de toda crítica y duda.

Enlazaban magistralmente con otros dos cortes de su álbum debut Crocodiles (Korova Records 1980) y esencial para entender el post punk, “Rescue” y “All That Jazz”, para lucimiento esta última de una sección rítmica perfecta y sin contemplaciones a la hora de golpear duro. ¿Qué estaba pasando? ¿Nos habíamos metido en un vórtice espacio temporal y habíamos viajado al Reino Unido de principios de los ochenta? ¿Por qué estaba Ian McCulloch pletórico? ¿Por qué daba las gracias casi (me atrevo a decir) emocionado y se mostraba comunicativo con el respetable?

Atacaban con “Flowers”, canción deudora de The Velvet Underground y nos asustábamos cuando Ian se daba la vuelta para reprender al teclista, solo ellos sabrán por qué. Menos mal que todo prosiguió sin más y se quedó en anécdota, sin que el sonido ni el set se vieran perjudicados.

Con “Bring on the Dancing Horses” Will Sergeant demostró que no solo es culpable del sonido atemporal de Echo & The Bunnymen, también sobre él recae gran parte del peso sonoro de los directos. El típico que parece que no está, pero vaya si está, un genio y para el que esto suscribe uno de los guitarristas más innovadores e imitados de su generación.

“All My Colors” sirvió como momento intimista de la actuación y para hacer de conexión con otro de sus éxitos sin fecha de caducidad, “Seven Seas”, que dio paso a “Nothing Last Forever” con el consabido homenaje a “Walk on the Wild Side”.

Si digo que “Over the Wall” sonó tan apabullante, energética y frenética como nunca lo haya visto, no exagero. Qué perfección al volante la de la banda, qué sonido, qué grandeza absoluta, en definitiva. Porque no es ningún secreto que las composiciones de Echo & The Bunnymen tienen la extraña virtud de ser ensoñadoras, al mismo tiempo que desgarradoras, pero que eso se pueda llevar al directo, ya es otro mundo.

“Bedbugs and Ballyhoo” nos retrotrajo a los mejores The Doors, banda por la que Ian McCulloch nunca ha disimulado su admiración, con una presencia escénica a prueba de bombas. A todo esto, a Ian le había dado tiempo a todo, a hacer un gesto de “te corto el cuello” a Ste – bajista – a intentar hablar en castellano, para contarnos que estudió un poco del idioma en la escuela, a preguntar a una chica de primera fila “¿Cómo te llamas?”, a sus idas y venidas a la mesa apostada a su espalda para beber algo, que suponemos no era agua; y todo ello sin mermar para nada un concierto para enmarcar.

La tremebunda y mágica “Never Stop” nos atrapó cual tela de araña para dejarnos caer, prisioneros en un embrujo que tenía pinta de ir acabándose, en la inevitable e imprescindible “The Killing Moon”, el momento más celebrado de la noche.

Con “The Cutter” y la voz de Ian en estado prodigioso, anunciaban la despedida, agradeciendo al público de la madrileña sala La Riviera. No hubo que esperar mucho para un bis, que han estado haciendo en toda la gira, la acertada y coreable “Lips Like Sugar”.

Cuando todo parecía que ya había acabado y reconociendo en mí mismo a un hombre de poca fe, a punto de salir corriendo de la sala, salieron y se despacharon con una versión extendida y fantástica de “Ocean Rain” y que no estaba planeada para nada en su setlist. Lo nunca visto, Ian McCulloch haciendo concesiones al público, pasándoselo bien y disfrutando más, si cabe, que todos los que estábamos enfrente.

Quizás Echo & The Bunnymen siempre han sido eso, un vaivén en la cuerda floja, a punto de caer al abismo, o de subir a lo más alto, aquí vimos lo más alto. Y si me permiten la licencia humorística, ya no solo podemos decir esa cosa “cuñada” de: “la mejor agua la de Madrid”, también ahora: “los mejores Echo & The Bunnimen; los de Madrid”.

Fotos Echo & The Bunnymen : Fernando del Río

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