Manos de Topo – Ortopedias bonitas (Pias)

El surrealismo surgió en un contexto de incertidumbre debido a la tradición cultural burguesa y las amenazas de una moral arcaica. Años después, el Euribor, la literatura de autoayuda y las tiendas cool, son la incertidumbre cotidiana de no pocos oyentes potenciales de Ortopedias bonitas, debut de Manos de Topo.

Es recurrente asociar “surrealista” a lo que se sale de lo común. Pero, esta vez, yo no pico. El que corresponde asociar a este disco es el de realismo; un realismo puro y duro donde la representación del “todo vale” artístico se fundamenta en reírse del público. La hoja de promoción les emparenta con El niño gusano y Sr. Chinarro. Estas comparaciones –más allá de las melodías y arreglos propios de los extintos maños- se me antojan un insulto a la inteligencia: ni la melancolía, ni la sensibilidad, ni la seriedad, en su sentido artístico, tienen cabida aquí; Manos de topo nunca grabarán El escarabajo más grande de Europa o El porqué de mis peinados.

Y el motivo fundamental es la voz que articula los textos ocurrentes y sangrantes (“Es feo”, “Otra llamada” o “La estatua de la libertad” son un inteligente ataque al estilo de vida de politonos, drogas duras, convivencias efervescentes y “Folladas-Dogma”), un tono afectado e insoportable donde el manido tema de que en este país no existen cantantes, adquiere una dimensión ya desorbitada: risión, bochorno, vergüenza…son palabras que no alcanzan a explicar la afrenta sonora, una afrenta que alcanza su apoyo y refugio en una sociedad trufada de modernez y de goce estético vacuo, donde terminarán cantando los sordomudos con la sonrisa complaciente de audiencias lobotomizadas por el culto pop que asesinó su esencia.

Eso sí, si estos mensajes de desamor son una provocación al borreguismo de la Noche en Blanco, a esa España de Bienvenido, Mr. Marshall disimulada en el S.XXI con flequillo francés, gafas de pasta y Fotolog, Chapeau.

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