Mayhem + Gaahls Wyrd + GosT (Sala Mon) Madrid 10-11-2019

Una tarde desapacible de domingo es un buen pasaporte para desear quedarse en casa a ver pasar las horas con total tranquilidad. Pero también sirve para intentar lanzarse al otro lado de las cosas donde la calma de la noche que llega, da paso al ruido desatado. Ese ruido, trató de hacerse con un espacio que, quizás, no era el mejor para unas propuestas, que a modo de magma sonoro, exigían un soporte que sonase mejor. Pero defenderse ante la medianía de recursos no fue muy complicado para los que subieron al escenario.

GosT, el proyecto del tejano Baalberith, abrió la noche con una synthwave plagada de ecos black metal que trayendo los pasajes de su reciente “Valediction” (2019) y de anteriores entregas, mostro la medianía de una propuesta que, salpicando en sus limitaciones, parecía no dejar salir a flote la intencionalidad que Baalberith trata de buscar con sus composiciones. Quizás no fue su momento.

Por eso fue, que antes de que acabase su actuación en la que se hizo acompañar por un bajista que acompañaba sus bases, fueron notorias las figuras de cinco personajes que se dirigían al costado del escenario para ir preparando lo que luego vendría con auténtica fuerza.

Al subir el volumen, la atmósfera cambio: la presencia del inquietante Gaahl, el que fuera alma de los atronadores Gorgoroth, dejó claro que lo suyo sí que era apoderarse del escenario.

Gaalhs Wyrd, su nuevo proyecto, supo plantarse frente a los altavoces con ese hermetismo cavernario y ritual que le caracteriza, pero lo hizo con autoridad y, sobre todo, con un set que basado en su álbum “Gastir” (2019) rugió mostrando interesantes matices de black metal que salían de temas como “Ek Erilar”, “Ghosts Invited”, “From The Spear” o “Carving The Voices”, por citar algunos. En ellos y los demás, Gaalh se plantó pausadamente como un carismático ser de negro que sabe cual es su lugar sin aspavientos.

Tras ellos, llegaba la celebración de los misterios de Mayhem, una de las bandas más señaladas en cuanto a la historia más definitoria y controvertida del black metal.

Los de Oslo llevan desde 1984 transitando por un discurso en el que, más allá del rastro de determinados acontecimientos en su historia, queda la obstinación de una trayectoria en la que Jørn “Necrobutcher” Stubberud, el pétreo Attila Csihar y sus compañeros de acción, han ido sorteando el paso del tiempo y sus vicisitudes para mantener un repertorio extremo en el que la urgencia y la confrontación han ido cobrando distintos prismas de observación.

Sí, porque Mayhem suelen ser asociados a la violencia, la muerte y el satanismo, en su variedad de interpretaciones, pero también se puede ver atisbos de existencialismo, ritualismo, oscuridad e introspección. Y de un modo muy singular en el que su música puede nutrirse del mencionado black, del death o, por momentos, del hardcore más cáustico. Por eso verles sobre el escenario, en tres bloques, permitió apreciar los lados por los que los noruegos deambulan con precisión y con el convencimiento de estar de vuelta y media de todo.

Attila Csihar, con sus túnicas rituales, su crucifijo invertido de huesos y un cráneo en su mano derecha sobre el micro, movía las manos mientras caían temas y temas de la banda. Evidentemente cayeron títulos de su influyente De Mysteriis Dom Sathanas (1994), pero también de sus otros trabajos, incluido su reciente Daemon (2019).

“Bad Blood”, “Falsified And Hated”, “Pure Fucking Armageddon”, “Freezing Moon” y otras pedradas cayeron con velocidad, guitarras aceleradísimas, bajos reptantes y rugidos que fueron aumentando la sensación de que algo estaba estallando cada vez más aunque la sensación de explosión fuese constante.

Mayhem fueron termonucleares, sí. Y también fueron partícipes de un trozo de historia que sigue avanzando mirando al pasado con cierta distancia, como un eco que puede estar pero que es menos débil que el grito que en 2019 ellos quieren pegar.

Foto: Fernando del Río

 

 

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