The Dead Texan – Centro de Arte Contemporáneo (Sevilla)

Siempre camino del concierto de Nocturama que toque, vamos especulando sobre la cantidad de público que habrá. Es una manía que tenemos, que aquí (Sevilla) no vamos sobrados de público precisamente, y es entretenido imaginar el tipo de público que habrá en propuestas tan desconocidas para una parte del ‘indie’ local (esa sección que como no sea un grupo nacional, o no les suene el nombre, no son capaces de arriesgar cuatro euros de su bolsillo para descubrir horizontes dispares)como B. Fleischmann, Nlf3 Trío, o la pareja que ayer se subió encima del entarimado del CAAC, The Dead Texan, en la noche dedicada al sello Kranky. Pues bien, es una lastima decirlo, pero anoche el vacío se cernía sobre el bello emplazamiento: no mas de setenta personas dispersadas. Claro, es que hoy comienza el FIB. Perdona, ¿tú crees que Bennicassim le va a quitar cientos de personas a este concierto? Ayer, viendo a Howe Gelb, había muchísimos más. ¿Cuántos de ellos han ido al festival? No, señores. Ayer estaba vacío porque el grupo no era ”conocido”. Y el riesgo hay quien lo valora como oro en paño, como pistola guardada en trapo, cargada, amodorrada en el cuarto cajón de los calcetines y la ropa interior. Aunque cueste cuatro euros, tres cervezas y la vuelta en chicles, eso vaya usted al kiosco, gracias. Sí. Hay quien prefiere ver por cuarta vez a ”x” por diez, quince euros, que dejarse caer por propuestas diferentes a cambio de lo que cuesta la carrera mínima de un taxi. Y ahora se me podrá decir: ”la gente se puede gastar el dinero en lo que le de la gana”. Por supuesto. Cada cual es libre de malgastar su tiempo como quiera.

El caso, la retahíla que ahí arriba habeis tenido que soportar (o no, me da igual), es para deciros a todos los que estáis leyendo esto y no fuisteis porque ”paso de gastarme cuatro euros” (de aquí están exentos los parados, enfermos o en proceso de ahorro por causas mayores), que habeis cometido una estupidez del grosor del bodrio del “Código Da Vinci”.

Cuando llegamos, otra manía curiosa que tenemos es tomarnos una cerveza bien fría, que la primera, como no, es la que mejor sienta (aunque no, no se engañen, lo del Nocturama no es Cruzcampo). Mientras la pedíamos, pude ver a Jose Ufos departiendo con una curiosa pareja vestida como si recién saliese de un partido de Tenis él (polo lacoste blanco incluido), recién salida de la piscina ella (pantalon corto blanco incluido). Y sí, eran The Dead Texan. Muy jovenes, o eso parecían, e impolutamente pincelados, sonrientes y sanos. Que el que dijo aquello de que el hábito del músico iba parejo a su estilo, que venga y se los presento. Un poco más tarde se subieron ya al escenario, enfrentados. Comenzó el viaje. Christina Vantzou (la chica recién salida de la piscina), era la responsable del diseño de las audiovisuales, amables, de colores pastel, evocadoras. También de pespuntes vocales y timidos teclados. Adam Bryanbaum (también en Stars Of The Lid)procesaba guitarras y esparcía el sonido por todo el terreno, apenas modificandolo por melodías de piano mínimas. El espíritu del estonio Arvo Pärt, Harold Budd o Brian Eno se dejaba sentir entre ese magma borroso de drones ensanchados, de propiedades telúricas y balsámicas. Hubo un momento en el que derrotado me tiré en uno de los poyetes que delimitan el cesped, y juro que entré en un estado hipnótico, semiinconsciente, en el que los brazos me pesaban y las piernas se me llenaban de hormigas. Cuando terminó, me costo esfuerzo recobrar el sentido. Más que un concierto al uso, lo que vivimos ayer fue una terapia de grupo, sonido destinado a curar. Muchas veces se habla, y demasiado a la ligera, del poder subyugante de cierta música. The Dead Texan sí que pueden decir que ellos, lo tienen.

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