Cass McCombs – Sala El Sol (Madrid)

Las secuelas del “Año McCombs” siguen todavía vigentes para el público que ayer decidió deleitarse con el ennegrecido folk del compositor californiano. Si Catacombs (2008) lo lanzó al olimpo indie, ha sido con Wit´s End (2011) y Humor Risk (2011)  (discos bipolares, pesaroso el primero y risueño el segundo), lo que le ha abierto las puertas a la consolidación. Asimilados los antecedentes, el nivel de expectación y exigencia se transformó en excesivo para algunos de los allí presentes, entre los que me incluyo.

Paradigmático fue el comienzo. Al acabar la elegante “Prima Donna”, el visiblemente molesto cantante arremete contra el público, que a su juicio está demasiado cerca de su grupo, exigiendo que se acercara algún responsable para apartarlos. Y ya se sabe, las primeras impresiones son las que cuentan, y muchos no mirarían igual al “pequeño geniecillo”. Ahora ya sabíamos cual era la auténtica prima donna.

Poco más abriría la boca el hasta el momento solemne McCombs. Únicamente lo haría para cantar sin la inspiración y versatilidad con las que nos ilumina en sus discos. Eso sí, su voz en directo nunca llegará a ser anodina como demuestra en los hermosos paisajes sonoros de “Dreams-Come-True-Girl” o la country “Harmonia”, ambas rematadas con desarrollos hermanados lejanamente con los practicados por Wilco, sin llegar a cuajar en su totalidad.

La segunda parte del concierto se basó en un batiburrillo de temas de cadencias asimétricas. Me explico. El rock crudo y vigorizante de “Love Thine Enemy” da paso a la suavidad de “Equinox”, para acto seguido desmarcarse drásticamente con los ritmos post-punk de  “Joe Muder”. Si a eso le añadimos la versión del clásico rock de Larry Williams “Bonie Maronie” y el clásico country “Home on the Range”, la conexión banda-público, enturbiada por la variedad de conversaciones en “alta voz”, acaba por desmoronarse.

Antes de cerrar, el nivel de la actuación se eleva gracias al hipnótico loop de aires hinduistas en el que se apoya “Lionkiller”, así como la más ansiada “County Line”, soul majestuoso y sexy que sacia el paladar musical de la mayoría, afligido por la elección de piezas y su interrelación unas con otras. Notables momentos pero excesivamente puntuales, sin transmitir en su totalidad las sensaciones que lo hacen uno de los artistas con más sustancia del panorama actual.

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