El-P/ Matthew Shipp/Blue Series – High Water (Mark) (Blue Series)

Ya tenemos ante nosotros otra entrega de la prolífica serie azul de Matthew Shipp, esta vez en colaboración con el DJ/MC/productor El P (El Producto) ex miembro de los ya desaparecidos Company Flow (FunCrusher Plus, 1997) . Dos años después de su genial Fantastic Damage, empezábamos a echar en falta su facilidad para la construcción de muros de sonido, oscuros y barrocos. Esta es en principio la característica fundamental de las producciones de El P, inabarcables superposiciones de cajas de ritmo, guitarras y teclados, donde se intuyen maltratadas melodías, llenas de melancolía y algo de nostalgia, metáfora quizás de la belleza secreta de todo lo que le rodea. A su lado el combo compuesto por los habituales colaboradores de Shipp (piano), William Parker al contrabajo (al tanto a su ultima colaboración con el coloso del saxofón -sic- Peter Brötzmann en el Die Like a Dog Quartet, Never too Late but always too early, Eremite, 2003), Roy Campbell a la trompeta, Daniel Carter a la flauta y saxofón, Steve Swell al trombón y Guillermo E. Brown a la batería, solamente echamos en falta al saxofonista Joe McPhee.

El irremisible paso del tiempo es leit motiv de todo el disco, un lamento existencial continuo con poco espacio para el optimismo. Durante todo el disco se trabaja con variaciones de un mismo tema, una taciturna melodía que vuelve una y otra vez a lo largo del disco, como para recodarnos que la canción sigue allí, como el bajo continuo de nuestras vidas mientras el tiempo se consume. Se trata de “Hier encore” ( j’avais vingt ans, je caressais le temps et jouait de la vie, comme on joue de l’amour…) compuesta e interpretada por Charles Aznavour en 1964.

La melodía aparece por primera vez nada más empezar el disco en “Please Stay (Yesterday)” acompañada por la bellísima trompeta de Campbell y el preciso piano de Shipp. En “Sunrise over Brooklyn” (el primer single del disco) se empieza a intuir la mano de El P, aparece un Roy Cambell discreto y reverberado, como un quejido en la distancia, mientras Shipp entra con su percusiva y dramática melodía, y empieza la función. Guillermo E. Brown está inmenso, su presencia es constante y obstinada, como el tictac de un reloj. El título de la canción lo dice todo, cual apertura clásica, se trata del despertar de una ciudad. Un modelo que no deja de sernos familiar, caos (óigase el tutti final), soledad (la trompeta inicial de Campbell), supervivencia (la resistente melodía al piano), y alienación (la insistente batería de Brown y los arreglos de El P), como una épica rapsodia “gershwiniana”. El siguiente tema que merece la pena resaltar es “Intrigue in the House of India”, como era de esperar en este tema toman la iniciativa la flauta de Carter y la rica batería de Brown. Mientras Shipp repite una y otra vez una melodía suspendida y se compone el suave fraseo de Campbell, El P inunda la mezcla con guitarras sintéticas y onerosos ritmos secuenciados , cual batalla homérica entre el hombre y los elementos en la que solo sobrevive al final del tema la discreta trompeta de Campbell como una suave ventisca tras el enfrentamiento. En “When the moon was blue” se despliega definitivamente la melodía inicial (“Hier encore”), canalizada a través de la voz de Harry Keys, el lamento final se desvela. La castigada voz Keys, parece deambular frágilmente entre la torrente tímbrico desbocado de los demás interpretes. La canción se desarrolla de forma muy teatral, como una tragedia. Nada más empezar parece que Shipp y Campbell (con la melodía principal) acompañen al vocalista en su agonía, quieren salvar la voz, la voz, ronca y arrastrada, que nos presenta al ser humano en su estado más puro, débil y primigenio, en su lucha contra la alineación y el destino, pero entonces toma protagonismo la mano negra de El P y la cadencia fatal de Brown, que como una irrevocable providencia privan a Keys de su voluntad, y lo acaban convirtiendo en una sombra solitaria (Campbell y Shipp lo abandonan) en forma de loop, que se difumina hasta desaparecer al final.

Hay que agradecer a Shipp y su grupo de trabajo su constante esfuerzo por acercarse a otros músicos pertenecientes a diferentes campos. Y aunque unas veces acierten más que otras (recuerdo sus colaboraciones con Spring Heel Jack), siempre parecen mutar y adoptar la paleta temática de sus colaboradores (en toda la serie nunca suenan igual), demostrando una y otra vez que los buenos músicos son volubles y permeables. Es natural, tampoco nunca es la misma la forma de comportarse y dialogar de una persona frente a sus diferentes interlocutores. Es interesante ver también como se las arregla un productor con un estilo tan recargado, imponente y arrogante como El Producto (valga la redundancia), acostumbrado a construir autistas ambientes sonoros saturados e irrespirables, para compartir su espacio con este combo.

Pues bien, en este caso la relación entre el productor y el grupo ha vuelto ha cambiar, mientras que Coxson y Wales (SHJ) esparcían durante todo la obra fondos y texturas sobre una tela blanca para dejar circular a los músicos a través de ellas, El P parece estar más dubitativo. Aquí parecen convivir dos El P: el respetuoso (la nueva faceta) y el invasivo/abrasivo (la que estamos acostumbrados a oír), por eso al disco le falta algo de la coherencia interna de colaboraciones anteriores como Masses (Thirsty Ear, 2001) o Amassed (Thirsty Ear, 2002), y por eso el conjunto se presenta irregular, aun conteniendo muy buenos momentos (“Sunrise over Brooklyn”, “Intrigue in the House of India”, “When the Moon Was Blue”).

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