The Disciplines – La Lata de Bombillas (Zaragoza)

El inquieto Ken Stringfellow parece no tener bastante con seguir coliderando a The Posies, formar parte de los Big Star de Alex Chilton, producir discos a bandas de diversos países o acompañar en giras multitudinarias a R.E.M. Ahora añade a su trayectoria la liberación que debe suponerle unirse a tres colegas noruegos para dar rienda suelta a su parte más salvaje. Bajo el nombre de The Disciplines publica un disco de rock a medio camino entre The White Stripes, Queens of the Stone Age y The Raconteurs, titulado explícitamente Smoking Kills (2Fer Records/Pias, 09).

Si hace un mes su compañero Jon Auer ocupaba el mismo escenario para ofrecer un concierto de factura íntima, lo que nos tenía preparado la otra cabeza pensante de los Posies, al frente de su nueva y orgullosa formación, iba a  resultar muy diferente. Desde el momento en que pegó un setlist tamaño póster en la pared de la sala, debimos darnos cuenta de que aquello iba a ser de todo menos un concierto tradicional. Así los que pensábamos que el americano se mostraría recatado al encontrarse ante sólo cincuenta personas y en el pequeño escenario de una sala acogedora, fallamos estrepitosamente. La audiencia tardó escasos segundos en advertir que persiste esa afición del músico por escupir cada vez que pisa un escenario, pero es que al verse además liberado de la guitarra, disfruta de total movilidad para ofrecer una actitud desatada al más puro estilo Iggy Pop. Con la banda tocando a un volumen considerable, nuestro protagonista se contonea y golpea con las paredes, baja del escenario y se patea toda la sala cantando a medio palmo de los presentes e incluso trepa a la barra del bar. A todo esto, canciones como “Get It Right”, “Best Mistake”, “Tours for the Taking” o los temas más Posies del lote, “Therés a Law” y “Oslo”, se suceden imparables con un corte garajero clásico teñido de punk resultón.

Cuando un mito de la música americana está gateando a medio metro de ti, la puesta en escena supera inevitablemente al mismo contenido, enriqueciendo a la vez el mismo. Y lejos de relajarse, según avanzaba la velada el espigado cantante iba electrizándose cada vez más hasta que, durante temas como “I Got Tired” o “Cause or FX, mantiene relaciones con el micro, sube a hombros del personal y se arrastra por el suelo de la sala para terminar tirado en el escenario, emitiendo gemidos extasiado. Toneladas de actitud mostradas por el veterano músico, y las once canciones del elepé interpretadas con sincera rabia, para dejar claro que es un auténtico animal de escenario.

Cuando el resto de la banda ya se había retirado, el de Seattle tuvo que bajar de la barra del local (a la que había subido de nuevo), ante la insistencia de un público ganado que aún quería más. Cogió prestada la guitarra ya desenchufada de su compañero Bjorn Bergene, para realizar a pelo una libre versión del “I Don’t Want to Spoil the Party” de The Beatles, en lo que parecía la calma tras la tormenta. ¿Y dicen que The Horrors son unos salvajes? Venga ya…

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