Danza Invisible – Gira de despedida (La Riviera) Madrid 21/06/24

Los Danza empezaron por el principio, “Tu Voz” cerraba su estreno discográfico a través de Sueños (1982) y sirvió para destapar una vez más el mejor directo que un grupo haya tenido nuca de forma ininterrumpido desde hace 43 años. Una Riviera llenísima hasta las escaleras aplaudió a rabiar la entrada en escena de Danza Invisible y a la vez tuvo que sujetarse ante la alta presión sonora, nítida y perfecta, que marcó toda la noche.

La emoción estaba en el aire y eran muchos los círculos que tocaba sellar en algo más de dos horas tan dulces como frenéticas. Danza Invisible no sería lo mismo sin el público de Madrid y viceversa, su primera actuación fue en un octubre de hace 42 años en la tan traída y llevada Rock Ola, con otro llenazo que resultó fundamental para la trayectoria de la banda malagueña, ya que sus fieles madrileños siempre fueron un sostén innegociable para ellos en todas sus etapas, en los mejores y peores momentos.

“Tiempo de Amor”, “Agua sin Sueño” y “Mercado Negro” siguieron a “Tu Voz” para confirmar la grandeza de los primeros Danza Invisible, aquellos que aprovecharon las etiquetas generacionales del post punk y la new wave para crecer y conformar una originalidad arrolladora que alumbró otras tantas canciones para el recuerdo como “Sin Aliento” o “El Ángel Caído”, que también tuvimos el placer de disfrutar al máximo, entrelazándose ya con las canciones más descaradamente pop, tropicales, afro, reggae o de toda aquella inspiración incitadora claramente al baile, sin descuidar ese funky malaguita con denominación de origen: “Por ahí se va…”, “Reina del Caribe”, “Catalina”, “ A sudar”, “La Estanquera del Puerto”…

Además de los grandes textos de Danza Invisible o de colaboradores estrella como Rodrigo Rosado, Los Danza siempre han sabido asimilar como nadie obras maestras del calibre de “Yolanda”, “Naturaleza Muerta” y, cómo no, “A Este Lado de la Carretera”, antes conocida como “Bright Side of the Road” de Van Morrison.

Así llegamos al aparente cierre de la velada, relamiéndonos sobre aquellas canciones que nos transportaban a grandes discos: Música de Contrabando (1986), A tu alcance (1988), Por ahora (1996)… Y de cien comentarios volando sobre las enormes canciones que no daría tiempo a que aparecieran, pero siendo conscientes del presente y de la grandeza de las que sonaron: “El Pintor y la Modelo”, “Al Amanecer”, “Contacto Interior”… Ya lo he escrito antes, pero insisto, el público de Danza Invisible carece de prejuicios y va sobrado de criterio, saben disfrutar del viaje completo, sea cual sea el paisaje sonoro.

Afortunadamente no hubo gentrificación de invitados, más bien todo lo contrario, solo Gino Pavone, percusionista de pro y con peso específico en Los Danza  de los noventa fue uno más durante la velada, al igual que Nando ‘Sansón’ Hidalgo, rítmica y coros, y Miguelo Batún a la batería, ambos en el corazón de Danza Invisible desde hace veinte y quince años respectivamente. Hubo tiempo para agradecer y recordar con cariño la labor de Ricardo Texidó, pieza fundamental en los primeros años y en el combo hasta Clima Raro (1993), pero la otra celebración era la de cuatro amigos que lo han sido siempre llegando alto y lejos artísticamente, disfrutando de las mieles del éxito y también de sus sinsabores, algo digno de total admiración: Chris Navas (bajo) y Manolo Rubio (guitarras, programación), fundadores originales del grupo, más Antonio Luis Gil (eléctrica) y Javier Ojeda (voz) han formado una entente musical imbatible que se vació en Madrid, al igual que lo ha venido haciendo en esta gira de despedida que bajo la cabecera de Sin Decir Adiós deja un resquicio a que haya una posible vuelta sobre los escenarios, aunque está claro que como formación todo quedará desactivado en un tour para enmarcar, donde La Riviera madrileña fue la penúltima estación antes de Laredo, donde el próximo 29 de junio en el Campo de Fútbol San Lorenzo este viaje llegará a su fin. Nadie que pueda ir, debe perdérselo.

Y nos habíamos quedado en ese aparente cierre “A Este Lado de la Carretera”… Y todas sabíamos que habría un epílogo a la altura, pero fue algo más, Javier Ojeda es un volcán sobre el escenario, textual, y ya venía soltando lava desde el principio, donde empezó con chaqueta y corbata para transitar por diferentes variaciones textiles y colores, hasta llegar a bailes de alta tensión para provocar e imantar al público. Tampoco faltaron bajadas al foso, torso desnudo y dramatizaciones al límite… Todo llegó a su máximo exponente con algo inesperado, fuera de carta, pero pleno de pop loco y exquisito como es “Si Tú no Estás que Poco Tengo”, la impresionante aridez de “Espuelas” y, cómo no, “Sabor de Amor”. El último trago, lo han adivinado, fue “El Club del Alcohol”, pasión en máximos y delirio final. Ojalá esta resaca dure toda la vida.

Foto Danza Invisible: Rodrigo Haro

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