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Entrevistamos a Luis Albert Segura (L.A.)

Luis Albert Segura nunca ha sido un artista estático. Cada etapa de su carrera con L.A. ha sido una respuesta a su momento vital, una búsqueda de sonido y significado que, en estos veinte años, lo ha llevado desde el folkie de Heavenly Hell (2009) hasta la introspección de Evergreen Oak (2021), pasando por su arriesgado debut en solitario en castellano con Amenaza Tormenta (2019), un giro que supuso un revés tanto en crítica como en la recepción.

Este artista mallorquín ha sabido moldear su música según el pulso de su vida, encontrando en cada nuevo inicio el mood exacto que necesitaba explorar. Sin embargo, esa inquietud creativa no siempre ha sido comprendida y apoyada: algunos de sus cambios de registro han generado desconcierto entre medios y público, mientras que otros lo han llevado a giras internacionales y a firmar canciones icónicas dentro del imaginario independiente español.

Cuatro años después de su última entrega, con A Modern Odyssey (2025), su nuevo disco, da un nuevo golpe de timón. Dejando atrás la calidez acústica, se sumerge en un universo más electrónico, donde los sintetizadores y un pop contemporáneo toman el protagonismo. Doce canciones que condensan su visión artística en constante evolución, reafirmando su espíritu inquieto. ¿Conectará este nuevo álbum con su público? Solo el tiempo lo dirá.

Desde Muzikalia, acompañamos a Luis Albert para que nos explique el contexto y las posibilidades de esta nueva etapa.

“Sé que Heavenly Hell funcionó, pero no puedo estar cada dos años haciendo lo mismo. ¿Para qué? No me excita”

Un placer hablar contigo. Enhorabuena por tu nuevo trabajo. Este disco supone un cambio significativo en tu estilo y enfoque respecto a tus anteriores publicaciones, abriendo una nueva etapa en tu carrera. ¿Cómo estás viviendo esta evolución?

Sí, era necesario. Un cambio que necesitaba para reenamorarme de mí mismo, como persona y como hacedor de canciones. También para volver a conectar con todo este mundo: las entrevistas, los conciertos, la industria. Necesitaba comprarme un coche nuevo para volver a la ciudad.

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Nunca has sido un artista continuista; cada uno de tus álbumes ha supuesto una ruptura y una exploración diferente. ¿Cómo vives esta evolución constante y qué te motiva a reinventarte en cada proyecto?

Ojo, que esto siempre tiene una doble lectura. Claro, puedes desviar un poco a los fans. Tengo oyentes muy fieles y otros que solo son fans de un disco en particular. Es algo que nos pasa a muchos artistas que exploramos diferentes sonidos. Un álbum suena a algo que les encaja y se quedan con ese: ‘Me gusta este porque el siguiente era demasiado folk, o este otro demasiado electrónico, o demasiado rock’.

Esto hace que las carreras sean un poco desconcertantes para el público, pero es algo que necesito para seguir adelante. Sé que Heavenly Hell funcionó, pero no puedo estar cada dos años haciendo lo mismo. ¿Para qué? No me excita.

¿Cómo crees que recibirán este nuevo disco?

Tengo casi la certeza de que va a entrar bien, porque no creo que se aleje demasiado del ritmo de Heavenly Hell, por ejemplo. Es un disco que te lleva de un sitio a otro. “Hands” no tiene nada que ver con “Evening Love”, y esta, a su vez, es completamente distinta de “Stop the Clocks”. Aun así, hay gente que es muy fan de ese álbum, y creo que este sigue un poco esa línea. Pones el disco y, de repente, estás en un club nocturno con gente bailando. Luego, en una terracita en Capri tomándote un Aperol Spritz. Es un disco corto, con un concepto muy actual: canciones de poco más de dos minutos que entran bien. Así que haters gonna hate, eso está claro, el meme está servido… pero fuck off.

Un elemento común en tu nuevo trabajo es el uso de sintetizadores y diversas capas sonoras, lo que nos recuerda a artistas de corrientes más electrónicas. ¿Crees que, hace diez años, habrías sido capaz de crear y publicar un disco como este?

No, creo que no. Si hubiera sacado este disco en otro momento, es probable que me hubiera comido más de un meme y algunas críticas bajas. Era otra mentalidad. Tambien ha cambiado todo mucho, solo hay que ver la velocidad a la que van ahora los hypes, que duran apenas una semana, incluso unas horas. Los medios, la industria y los fans ya están acostumbrados al cambio constante. Nada es solo azul, todo tiene muchas gamas. Por eso creo que este es el momento para sacarlo.

Hay otro factor clave, que es la convicción y la energía con la que yo lo vendo. Si ahora estuviéramos sentados con la banda de rock, con canciones acústicas, piano y violines, no tendría la energía que tengo en este momento. No sentiría esta excitación de ver qué pasa, de cómo lo recibe la gente, de observar sus reacciones cuando escuchen “Healer” o “White Smoke”.

Aun así, el elemento central es ese pop luminoso tan representativo en artistas como Harry Styles, por poner un ejemplo. 

Harry Styles es herencia Beatles. Venimos de ahí, del pop británico vestido de otra forma, pero el modelo sigue siendo el mismo. He mamado tanto de los Beatles y de la melodía pop que eso es lo interesante: escuchar a Kendrick Lamar y pensar, ‘Si cojo esto y lo mezclo con mi movida, ¿cómo puede sonar? Vamos a jugar con ello’. Y ahí estamos, escuchando bases, líneas de bajo… ‘Hostia, Michael Jackson. Vamos a pensar en Quincy Jones’. Cosas que nunca había explorado. Antes tenía mis ojos puestos en Pearl Jam, The Black Keys o Band of Horses… pero, de repente, todo cambia.

Hay un factor clave, que es la fama. Yo nunca crucé esa línea. He tenido la suerte de llevar quince años viviendo de la música, viajando, teloneando… pero nunca llegué a ser una estrella. A muchos rockstar  les pasa eso: llevan haciendo lo mismo siempre, como Pearl Jam, pero sus millones de fans lo aceptan sin problema. Y no pasa nada. Yo no tengo eso, ni lo tendré. Cada vez que saco un disco no gano millones que me aseguren una carrera para la próxima década. No funciona así. Siempre he estado subiendo y bajando, así que, ¿qué más da si el disco suena a Heavenly Hell o no? Lo que quiero es pasármelo bien y ser fiel a mis gustos.

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Tu anterior trabajo, Evergreen Oak (2021), estuvo fuertemente influenciado por tu nueva vida en la Sierra de la Tramontana y por la presencia de tu familia. ¿Cómo ha sido el contexto personal y creativo para este nuevo disco?

Tengo una familia numerosa, con tres niños, y de repente me encuentro siendo un padre de familia las 24/7, con todo lo que implica: sus crecimientos, sus historias, sus problemas… y siempre con un ojo puesto en cuándo me volverán las ganas de hacer música, de salir de gira, de dar entrevistas.

Mi contexto ahora es muy tranquilo, muy familiar. Han sido casi dos años yendo al estudio casi todos los días, que lo tengo a cinco minutos de casa. No llevo una vida de farándula. Estoy en Mallorca, donde todo va a otro ritmo, muy slow motion, todo muy tranquilo y bonito.

Lograr equilibrar estas dos vidas es una locura. Lidiar con todo y, aun así, conseguir que todo esté lo suficientemente en calma como para poder escaparme dos horas al estudio… Pero cuando llego allí, todo cambia, todo fluye de otra forma.

¿Cómo ha cambiado tu capacidad para compaginar la gira y la promoción con tu vida familiar? 

La buena noticia es que mis hijos ya tienen 7, 9 y 11 años, pueden quedarse con los abuelos y mi mujer está conmigo. Eso me permite hacer conciertos e incluso llevarlos a algunos, sin pañales ni todo ese caos. Ahora puedo conciliar la gira y la promoción con una parte de mi familia o con toda mi familia.

Ya no es esa locura de levantarme temprano, dar biberones y salir pitando. Se dice rápido, pero yo he estado un mes de gira por Europa con un bebé de dos meses en casa. Me fui a México mientras mi primer hijo estaba empezando a caminar, y cuando volví a España me lo encontré de pie en el aeropuerto. Había dado sus primeros pasos mientras yo estaba en puto  Monterrey. Por eso paré.

¿Cómo logras equilibrar ese ritmo frenético con tu vida familiar?

Es una locura. Algo que me gusta mucho es ver documentales, tanto de artistas que me gustan como de otros que no me interesan tanto, porque siempre te muestran ese lado más familiar. Me gusta verlo porque me recuerda que no estamos solos, que hay gente lidiando con lo mismo mientras hace giras mundiales. Sé que es posible. Ahora queremos ir a México otra vez, pero esta vez quiero llevarme a la familia.

Uno de los elementos más interesantes de este nuevo disco es que inicialmente iba a estar más ligado al rock en directo, con un estilo cercano al MTV Unplugged. ¿Qué te llevó a cambiar de enfoque? 

Totalmente la antítesis. Entré al estudio con una idea, pero a la semana y media, después de grabar varias canciones, dije: ‘No lo veo’. ¿Y con este material qué hacemos?, me preguntaba el equipo. ‘Guárdalo’.

Prácticamente hemos hecho tres discos distintos. Las primeras canciones no tienen nada que ver con lo que terminó en el álbum. Del primer año de grabación no hemos recuperado nada, porque fui escuchando, explorando nuevos artistas, viendo videos de Coachella y Glastonbury… Ha sido un proceso de búsqueda, de ensayo y error.

¿Cuántas canciones has compuesto y cómo elegiste las que finalmente forman parte del álbum?

Treinta y seis, más o menos. Llega un momento en el que Toni me dice: ‘Tío, si queremos avanzar, tenemos que dejar de construir y empezar a vestir las canciones’. Yo ni me acordaba de todo lo que habíamos hecho. A partir de una canción clave, las siguientes doce fueron las que iban a ir al disco. Empezamos a meter capas, a probar cosas. Entró Midas, nuestro batería, en la ecuación y comenzó a producir. Luego vino Sergio y empezó a meter líneas de bajo. Ahí fue cuando todo empezó a tomar forma.

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Uno de los temas que más me ha gustado es “Capri”, que tiene ese estilo Lo-Fi tan característico, casi como si fuera sacada de un video del estilo Chill Lo-Fi Vibes from Mediterranean Sea,  Sunset in the Amalfi Coast.

Ese es el tema. Esa canción en concreto era para banda, con batería y todo, pero no terminaba de convencerme. Se la pasamos a Dimas y le dije: ‘Imagínate un Mercedes descapotable del 65, una terracita, estás con tu pareja, una balaustrada con tu Aperol Spritz… Todo el Mediterráneo delante. Piensa en eso’. Por la noche me envió la base y me preguntó: ¿Qué te parece? Le contesté: ‘Es eso. Cierro los ojos y estoy ahí’.

Ellos dos trabajan en Hollywood para diferentes empresas haciendo bandas sonoras para tráilers y se mueven en ese tipo de descripciones: Esto lo queremos azul plasticoso, pero con flores.

Hay gente como ellos que sabe plasmar música bajo estos conceptos difusos, conocen tantos estilos que, al final, es como un chef mezclando ingredientes. Por ejemplo, con “Beautiful Days”, recuerdo que le dije: ‘Esto molaría que tuviese un punto “Heavenly Hell”, pero también un poco High School moderno, que pudiera sonar en Euphoria, la serie’. Y lo clavó. Me mandó la base y fue como ¡guau!

Me la pasó por WhatsApp, yo estaba en el coche y pensé: ‘qué hijo de puta, tío’. Empecé a pensar en una melodía y, al mismo tiempo que la grababa, él estaba desarrollando una idea… y prácticamente era la misma. Su nota de voz tenía la misma línea que yo había sacado. Nos estuvimos riendo un buen rato. Llevamos trabajando juntos más de una década.

Otro ejemplo lo tenemos con el piano de “Game Over”, otro de los temas que más me ha sorprendido.

Fue Toni jugando con una progresión de acordes de jazz. Queríamos probar algo al estilo Chet Baker. Buscábamos algo cálido, con mucho grosor, una progresión un poco pantanosa, densa. Y lo que me pasó fue espectacular. La primera toma que hicimos ya tenía la melodía que se quedó. De hecho, la voz que está grabada es la toma dos.

¿Cómo han sido los tiempos de producción y grabación de este nuevo disco?

En junio de 2023 entramos en el estudio y lo hemos terminado más o menos en el otoño del 24.

«No llevo una vida de farándula. Estoy en Mallorca, donde todo va a otro ritmo, muy slow motion, todo muy tranquilo y bonito»

Me comentabas antes cómo la industria musical, y la sociedad en general, han cambiado en estos últimos años a una velocidad vertiginosa, que incluso da miedo. Un aspecto interesante es que solo has lanzado tres singles hasta ahora, y lo subrayo porque hoy en día muchos artistas, al anunciar un nuevo álbum, ya conocemos prácticamente todas las canciones antes de su lanzamiento. 

Se me ha hecho largo el tiempo de publicación entre single y single. Al final, de tanto buscar mi algoritmo de Instagram solo me propone estrategias de marketing para lanzamientos de discos. Todos coinciden en que el máximo que puedes dejar entre un single y otro es un mes. Pasado el mes y medio, ya estás olvidado.

Piensa en esto: tú y yo hacemos una canción ahora, la subimos a TikTok y, si por algún casual encaja en ese hueco perfecto, esta noche tenemos ocho millones de visualizaciones y mañana, dieciséis. Lo hemos petado. La gente nos buscará y nos subiremos a la ola. Pero es evidente la mierda que es, lo efímero que resulta todo. En un mes, ya nadie se acordará de nosotros.

Creo que todo esto va a eclosionar. Lo veo como una centrifugadora que gira demasiado rápido, y tú piensas: esto va a reventar, pero no revienta… simplemente se detiene. Pues creo que va a explotar. Llegará un punto en el que los One Hit Wonders durarán un solo día. Porque va a ser así. Hay tal saturación que es imposible que entremos todos.

Eso también afecta a todos los niveles. Imagínate a un programador de festival. ¿Se arriesga a contratar basándose en el éxito momentáneo de un artista o prefiere optar por carreras consolidadas?

Imagínate que cuando contratas a un artista está en su punto más alto, con un caché de 40.000 euros, tirando por lo bajo. Pero luego lo llevas a un festival medio año después, te cuelgas la medallita, pero para entonces ya ha caducado y no va nadie. Es muy complejo. La gente se queja de que cada vez hay menos cabezas de cartel en los festivales o que no son tan potentes como hace unas décadas. Pero, ¿qué hacemos? Si es la propia industria la que está impidiendo que haya carreras como las de antes. Ya no dejamos que eso suceda. Las bandas aparecen y desaparecen en cuestión de horas, la misma tarde en que las descubres ya las estás olvidando. No permitimos que la gente evolucione con su música.Antes me preguntaban si prefería tener una base de fans estable o un éxito explosivo. Pero la cuestión no es solo lograrlo, sino mantenerlo. Hoy en día, construir una carrera es prácticamente imposible.

Nadie tiene la fórmula. Mira a la banda argentina Ca7riel y Paco Amoroso: de repente lo petaron y nadie sabía que eso iba a pasar, ni siquiera ellos. Y ahora tienen uno de los Tiny Desk más vistos. Si con este disco me he cargado por completo mi carrera, me sentaré, me haré un café y diré: ‘chapó’.

Escucha ‘A Modern Odyssey’ de L.A.

Foto Luis Albert Segura (L.A.): Víctor Terrazas

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