ConciertosCrónicasDestacada

La Plata + Los Manises (Sala Moon) Valencia 10/01/26

Como decía aquél clásico de los Módulos, todo tiene su fin. Pero aún así, resulta impactante que dos de las bandas más carismáticas que ha dado los últimos años la ciudad de València, Gazella y los más longevos La Plata, hagan un alto en sus caminos tras los conciertos que en la, curiosamente, misma sala, ofrecieron en días sucesivos para un número bien nutrido de entusiastas fans. Y claro, jugando en casa.

Para los primeros, el futuro es incierto. La que se va es su cantante, Raquel Palomino, dentro de lo que se anuncia como un cierre de etapa tras el cual la banda, supuestamente, seguirá explorando su sonido. Y similar, aunque por diferentes motivos, es el caso que nos ocupa: La Plata, quinteto integrado por personas muy apreciadas en la escena valenciana como son Diego Escriche, María Gea, Miguel Carmona, Salva Frasquet y Patricia Ferragud, que lleva ya más de diez años de andadura y tres fantásticos álbumes a sus espaldas, anuncia bajada temporal del telón tras este concierto en Valencia y otros dos que ofrecerán en Madrid y Barcelona. El plan, es, simplemente, no tener plan.

En recientes declaraciones al diario Levante, la banda ha dejado claro que lo que pretende es volver al local de ensayo, sin agenda ni presiones y “volver a lo que es València, donde la música se hace por convicción, no por hacerse famosos”, una frase que sin duda nos da la perfecta descripción de lo que ha sido y sigue siendo este grupo de amigos que está por la música antes que por cualquier otra cosa. Un derroche de honestidad que es, precisamente, lo que les ha hecho tan especiales e influyentes desde que empezaron con aquél urgente y soberbio single que fue “Un atasco”.

El carácter catalizador de La Plata se encuentra no sólo en tierras valencianas, sino también en todo el territorio nacional, donde fueron vertebrales para un resurgimiento de las guitarras y el espíritu punk DIY, que ha generado toda una nueva escena (que podéis rastrear, por cierto, en el libro editado por esta revista de título No Sonamos Mal) y que aún hoy colea.

Por eso esta noticia, aunque da muestras de una actitud hacia la música encomiable, no deja de ser agridulce, puesto que lo incierto de un regreso de estos músicos al mundo de la grabación y los conciertos, deja un vacío difícil de llenar. Aunque seguro que en el ámbito del siempre vivo y efervescente underground valenciano seguiremos teniendo noticias constantes de todos sus miembros, siempre metidos en mil proyectos, aunque el principal fuera este.

No es de extrañar, pues, que el pasado sábado por la noche las inmediaciones de la céntrica Sala Moon estuvieran repletas de gente. De todas las edades, además. Es lo que tienen proyectos así, ponen de acuerdo a propios y extraños. Tanto todas y todos aquellos que les vieron nacer en escenarios como el de la Residencia, como otras y otros que han ido siguiendo su estela conforme iban creciendo para convertirse en un referente a nivel nacional, todos, todos, estaban allí presentes sin querer perderse la despedida -aunque sea temporal- de una banda básica para entender la música hecha en esta ciudad durante la última década.

El evento, por tanto, revestía el carácter de esos que hacen decir “yo estuve ahí” pasados los años. Y el visible estado de emoción del público, así lo certificó. Se vio, ya de entrada, con la sala completamente hasta los topes mientras Los Manises, la estupenda banda ilicitana compuesta por Victor Miralles y MIguel Galán, que abrieron la noche con una electrizante actuación que hizo honores a su excelente mezcla de baile tropical y esencias punk, con canciones como “Espectacular” o “Cienmásuno”.

Tras este primer plato, el principal no se hizo esperar demasiado, el quinteto valenciano, visiblemente emocionado ante la respuesta de su público a la llamada, puso manos a la obra con un repertorio vibrante, y más centrado en los inicios de su trayectoria de lo que cabía esperar, teniendo en cuenta el éxito de crítica que ha cosechado su último álbum, Interzona. Suenan como un trallazo, pese al sonido algo saturado de la sala, himnos nerviosos como “Mirar atrás”, “Miedo”, “Victoria”, “Aire nuevo” y “Hoy el sol”.

Pocas palabras por parte de los músicos, concentrados en darlo todo a un público que se encarga de corear al completo cada palabra de sus letras, mientras no paran de dar saltos. No es frecuente ver tanta comunión de un músico con su público. Quizás es porque juegan en casa, pero también hay algo en estas canciones que se te mete dentro y que cuando suenan en directo, estalla como una bomba. El repertorio está, además, pensado para obtener precisamente esa reacción. No hay concesiones, la velocidad, el vértigo, son la norma.

La Plata no se extiende demasiado, ni se ponen inútilmente lacrimógenos. Hacen lo que tienen que hacer como mejor saben hacerlo. Por eso cuando llegan al tramo final tras haber desgranado maravillas como “Música infinita” o “Un atasco”, uno tiene la sensación de que ha sabido a poco, pero entonces atacan con “Esta ciudad”, “La luz”, “Ángel gris” y la inevitable “Me voy” y vuelve a quedar patente por qué esta banda es lo que és. Y cuánto les vamos a echar de menos hasta que decidan volver. Se encienden las luces, suena “Se telefonando”, de Mina Mazzini, y los ojos se humedecen.

Fotos La Plata: Susana Godoy

WP-Backgrounds Lite by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann 1010 Wien