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Kali Malone (CentroCentro) Madrid 24/01/26

Kali Malone irradia introversión. Desde su salida al escenario donde le recibe un compendio de aparatos y cableado, su adecuación frente a la mesa parece tener algo de obligatoriedad. En la introspección e intimismo, aspectos distintos y complementarios —a veces— de lo introvertido, navega el sonido que la estadounidense despliega como arma sensorial para provocar cierta catarsis en lo personal, pero también en lo definitorio hacia el público.

La compositora en ningún momento desconecta de esa posición. Se sabe escrutada desde la fascinación y esa densidad se traduce tanto en una posición hierática como en una mirada hacia la lejanía. Es esa averiguación de lo perdido la que plantea la duda de si su acción busca la concentración o la inspiración, aunque más probablemente sirva para, simplemente, reafirmarse en que todo lo que está vertiendo es una de las posibilidades más bellas que puede ofrecer al arte sonoro enraizado en la música de pedal, aunque este no exista como tal.

A través de la repetición y de una gestión de las capacidades físicas de los sonidos, de la progresión en el volumen y del juego constante con las frecuencias, Malone es capaz de dibujar unos paisajes de escape personal en el que el bucle hipnótico resultante sirve para sobrevivir y para impactar, mientras que el tiempo pasa y todo fluye. En su concierto, por momentos aparece muy lejanamente lo que se considera más una parte de la música o, por lo menos, en su constreñida definición.

La de Denver hace válida la comprensión sucinta de su propuesta. Nadie podría identificar una influencia mayor o menor de cualquiera de sus épocas o grabaciones, por mucho que lo que se presente sea una creación más actual orientada a explotar los límites de la electrónica. Ella se sabe generosa en su capacidad de generar alternancia sensorial en el espectador, tanto en la sensación como en sensibilidad hacia lo oscuro o lo desconocido, y crear una confianza guiada por esa repetición constante que se transforma en el camino en el cual transitar.

La sala pasa de una minúscula sensación de tensión mantenida a una explosión en la que todo vibra. El tiempo no se para, pero aparece sostenido en la obra que se percibe. En ningún momento Kali Malone sale de su trance y siempre está cautiva en ese hilo de sonido residual que mantiene entre los pasajes. De ello depende, no solo su concentración, sino también su salvación dentro del mundo interno que muestra y que parece combatir la inadvertencia de un exterior que ha fracasado.

Fotos Kali Malone: Amapola Creativa

 

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