The Limiñanas – Faded (Because Music)
Se les echaba de menos. Y no por falta de producción, durante un tiempo se han mantenido muy ocupados colaborando con otra gente y haciendo bandas sonoras de películas, pero de alguna manera The Limiñanas, como tales, han accedido a lo largo de los años a un sonido muy reconocible, mezcla de muchas cosas, sí, pero que nadie puede imitar, y del cual mucha gente necesitamos una dosis cada cierto tiempo. Nada menos que siete años nos separan entre este Faded y su anterior disco “de banda”, Shadow People (2018). Así que ya había mono.
Ni que decir tiene que la espera ha merecido totalmente la pena. Faded es todo lo que cabía esperar de un dúo que lleva toda la vida en la música. Lionel y Marie Limiñana se conocen desde el instituto y su inquebrantable relación, tanto musical como sentimental, se cimentó siempre en torno a su participación en bandas de todo pelaje, organización de conciertos o incluso la mercadería vinílica allá en su Perpignan natal.
Ensamblar un proyecto musical conjunto era, por tanto, casi una cuestión de inercia. Sobre todo para una pareja con una imaginería como la suya. Si mezclamos garage, pop yeyé, bandas sonoras de explotación italiana, psychobilly y dark wave obtenemos ese extraño Frankenstein en el que ellos han basado una trayectoria que empezó en 2009, en tiempos de MySpace, y culmina en este disco de bonita portada roja con una serie de rostros difuminados (de ahí lo de Faded, supongo) que llega casi siete años después que el anterior.
Entre tanto, mucha banda sonora y alguna interesante colaboración (De Película, con Laurent Garnier, en. 2021) de las que ellos, se nota, han extraído aprendizajes que les han hecho crecer. Los vierten aquí, en 13 canciones en las que no faltan diversidad ni colaboradores ilustres: Bobby Gillespie, de Primal Scream, pone voz al más que infalible single que es “Prisoner of beauty”, el gran Bertrand Belin hace lo propio también en la algo más psicodélica “J’adore le monde”, Anna Jean, de los muy recomendables Juniore, también participa en la preciosa “Catherine” y, por supuesto, tenemos a Pascal Comelade y Jon Spencer armando una buena juntos en la lisérgica “Space Baby”.
Todo esto podría resultar en un batiburrillo, pero no, los Limiñana se las han arreglado muy bien aquí para regresar con un producto especialmente sólido, disfrutable y, si me apuran, capaz de resumir su carrera desde el punto de vista de la excelencia. Es probable que podamos hablar de su obra mejor acabada y es que aquí están todos sus puntos cardinales: psicodelia bien manejada, a veces hipnótica, otras directamente alucinógena (“The dancer”). Rock and roll motero, pero elegante, como demuestra ese “Shout” tan pegajoso. Scores para películas inexistentes como los que atisbamos en “Autour de chez moi” o “Tu viens Marie?”, e incluso un par de versiones: una algo innecesaria, aunque interesante, revisión del “Louie Louie” de The Kingsmen y para terminar, un recordatorio a la recientemente desaparecida Françoise Hardy a través de su “Ou va la chance”, que pone guinda intimista a un trabajo que lejos de desvanecerse como apunta su título, crece un poco más cada vez que se escucha.
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