PJ Harvey (Noches del Botánico) Madrid 07/06/24

El tiempo ha convertido a PJ Harvey en una figura casi mitológica. Una autora a contracorriente, con una carrera que desde hace más de 20 años, no tiene que rendir cuentas ante nada ni nadie. No es de extrañar que sus entradas en Noches del Botánico volaran en horas, a pesar de tener unos precios desorbitados, que por lo que finalmente vimos, valen lo que cuestan. ¿Habría agotado si el concierto se hubiera celebrado dos o tres días seguidos? Sin lugar a dudas.

Tras su paso por el reciente Primavera Sound, Polly Jean volvía a Madrid por primera vez desde el lejano Summercase de 2007. Una incomprensible ausencia dilatada en exceso ante la dificultad de que una gira regular de este tipo llegue a nuestro país. Los motivos ya los conocéis. Ha tenido que ser con un disco tan introspectivo y poco comercial como I Inside the Old Year Dying (2023), pero eso es lo de menos.

Fueron noventa minutos de verdadera magia que arrancaron con su reciente entrega, que reconozcámoslo, en directo crece notablemente. Fue capaz de hechizarnos y seducirnos a través de toda una una experiencia inmersiva, con una puesta en escena que se entrelazaba con ese folk inquietante con influencias electrónicas con el respaldo de su inseparable John Parish, junto a James Johnston, Jean-Marc Butty y Giovanni Ferrario. Su figura casi espectral recorría a cámara lenta el escenario mientras cada una de las canciones goteaban como parte de un ritual. La suave «Prayer at the Gate», la cautivadora «Lwonesome Tonight» (¿»Eres Elvis, eres Dios?»), la melodía de «All Souls» o una correosa «A Noiseless Noise» con la que cerraba una poderosa primera parte.

Sabíamos que lo más excitante estaba por venir y un «The Colour of the Earth» a modo de interludio con los músicos luciéndose, anticipaba la llegada de «The Glorious Land» de Let England Shake (2011) donde la reina de Dorset nos atraviesa el pecho para hablar de los efectos de la guerra. No faltó «Black Hearted Love» ni «The Desperate Kingdom of Love», pero fue con «50ft Queenie» cuando llegó uno de esos momentos que difícilmente podremos sacarnos de la cabeza. Uno de esos que se quedó archivado en esos recuerdos para siempre y que hizo hueco a la siguiente catarsis, la que enlazó «Man-Size» con «Dress» e hizo que todo saltara por los aires.

Endorfinas disparadas, ganas de llorar y todo listo para asistir a la gran hostia final, acompañados de «Down by the Water» y «To Bring You My Love». El poder de la energía compartida, la verdadera felicidad culminada con un bis para el que reservó los trotes de «C’mon Billy» y una desarmante «White Chalk» que sirvió de bálsamo con el que cerrar una herida de puro goce, que se convertirá en una cicatriz que luciremos para siempre.

Foto PJ Harvey: Sebas Muriel

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