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Joanne Robertson – Blurrr (AD 93)

A Joanne Robertson no le gusta la sobreexposición en medios especializados. Su carrera como pintora y compositora es una experiencia catártica e inmersiva, pero llevada de forma silente y desde los márgenes. Sus lienzos se nutren de una amalgama de colores que se entremezclan creando una experiencia sinestésica. Ella dice que la pintura y la música tienen agencia propia, y ambas expresiones van unidas en su peculiar universo. Mientras compone ella misma se va cuestionando qué significa su música, y si el método de improvisación que utiliza es realmente el adecuado. De esta manera, los sonidos espectrales que salen de su mente se nos muestran como pentagramas en continua mutación; espacios sensoriales abiertos a posibles giros, a diversas tonalidades y a estados de ánimo.

Desde que se embarcara en la composición, la de Blackpool ha seguido una carrera en donde siempre ha priorizado el método sobre los resultados, aunque la parte sensorial siempre ha estado ahí aunque estas sean musitadas a cámara lenta, y con el lo-fi como estética en donde delimitar un ideario espartano, abstracto, desenfocado, atemporal, lúdico e intelectual. Sus aportaciones a los discos de Dean Blunt han sido muy importantes para reforzar el ecosistema de ambos, y ha permitido tenerla como uno de los referentes en la escena underground de Glasgow.

A muy temprana edad a Robertson le ha interesado acercarse a la música desde una visión espeleológica: buscar variaciones en las texturas y en el timbre de los sonidos de los instrumentos y los que emite su voz; una forma de entender el acto creativo como espacio para la experimentación, y para crear simulacros de collages sonoros.

En  Blurrr (AD 93, 2025), su quinto álbum, nos situamos en estas coordenadas en las que acotar un discurso que invita al oyente a dejarse llevar a través de estos sonidos que transmiten calma, y que son inesperadas variaciones sobre unos mismos acordes que van gravitando y creando círculos concéntricos.

Unas tonadas preñadas de misterio que encuentran su sentido en las cadencias a cámara lenta con la guitarra reverberada, y los arreglos de violonchelo de Oliver Coates en algún tema. Unos surcos en donde adivinar la presencia de Kristin Hersh (“Why Me”), ecos a Cocteau Twins en forma de dream pop escuálido y difuminado entre neblinas (“Friendly”), arreglos de Coates que la hacen bascular hacia parajes iridiscentes a la manera de Arthur Russell (“Gown”, “Doubt”), la sombra alargada de Nick Drake (“Always Were”), o el lirismo otoñal de Vini Reilly (“Last Hay”). Sencillamente cautivador.

Escucha Joanne Robertson – Blurrr

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