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Maria Iskariot (Sala El Sol) Madrid 20/01/26

El pasado martes, las belgas Maria Iskariot aterrizaron en la Sala El Sol como quien no pide permiso para entrar en una habitación, pateando la puerta con un concierto corto, directo y sin alargar nada innecesariamente, como las que saben que el punk no se estira, se lanza a la cara.

Desde el primer redoble de batería de “Waaromdaarom” quedó claro que lo suyo no es nostalgia ni revival y eso que hay ADN riot grrrl a toneladas, sí, pero también frescura inherente a su insultante juventud, canciones regurgitadas con humor ácido y una electricidad que contagia.

Sonaron compactas, peligrosas y con ese punto de caos que separa a las bandas con canciones de las que solo tienen actitud (aunque ellas de eso van sobradas). Al cuarto tema, cuando todavía algunos se preguntaban qué les estaba pasando por encima, Helena Cazaerck soló su guitarra y decidió que el escenario era un lugar demasiado pequeño, para lanzarse al público, certificando que lo suyo son los directos. Gesto que repetiría a lo largo de la actuación.

El repertorio giró, como era lógico, alrededor de Wereldwaan, su primer álbum, publicado en España por Montgrí, que les ha traído de gira por nuestro país junto a Primavera Tours. Temas como “Leugenaar” o la propia “Wereldwaan” funcionaron como auténticos misiles de escaso minutaje; redondos, urgentes y con ese desparpajo que algunas bandas van perdiendo según cumplen años.

Hubo también espacio para guiños bien elegidos, a saber, a: Gorki y a Pixies, llevándolos a su terreno y encajándolos perfectamente en su set, demostrando que saben de dónde vienen sin perder identidad. También a The Stooges al final con (o eso soñamos) “I Wanna be your Dog”, que ellas tocan bajo el título de “Lief Klein Kind”.

Se fueron rápido, tal como asaltaron el escenario, sin discursos ni despedidas solemnes, como debe ser. Dejando la impresión de haber visto una banda en plena eclosión y ciertamente convincente.

Maria Iskariot no reinventan el punk ni parecen interesadas en hacerlo, tampoco lo necesitan. Tienen canciones, tienen actitud y tienen algo más difícil de explicar, la pulsión de crear algo imperecedero, fabricado con deseo y una creencia (siempre algo absurda) de que el rock and roll sigue mereciendo la pena.

Fotos Maria Iskariot: Fernando del Río

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