Dry Cleaning – Secret Love (4AD)
Una de las cualidades más peculiares de Dry Cleaning es la forma de expresarse de su cantante Florence Shaw. Su forma de declamar, entre la apatía y la introversión, sigue siendo un valor seguro, y algo que los diferencia de las múltiples bandas de post-punk que han ido surgiendo en Inglaterra en los últimos años. Al respecto, y mientras ofrecían entrevistas para promocionar su pasado disco, el excelente Stumpwork (2022), explicaba Shaw lo siguiente a la web Loud And Quiet: “Me resulta bastante excitante encontrarme con cosas que algún ser humano, en algún lugar, ha creado, sobre todo cuando percibes un atisbo de la personalidad de alguien en un texto publicitario: a veces hay algo trágico pero dulce en ello, aunque otras veces es simplemente muy gracioso. Luego, cómo encajan esas frases en la composición es pura intuición: cuando estamos improvisando, voy eligiendo trocitos aquí y allá y, mientras escucho lo que ocurre en la sala, intento decir en voz alta una parte del texto, rebotando con el ritmo y el estado de ánimo de lo que están tocando los chicos”. Un patchwork conceptual en donde prima más la expresividad de los fonemas, la sonoridad de la palabra vocalizada, y cómo la cantante y compositora lo descontextualiza. Es una forma de crear una marco de referencia mutante, repleto de dobles sentidos y juegos semánticos que apelan a la imaginación.
Esta propiedad para organizar ambientes de electricidad reptante que se entrelaza con la dicción sonámbula acaba por completar una fórmula exigente y, al final, estimulante. En ello continúan en Secret Love (4AD, 2025), tercer elepé de la banda, y que por si fuera poco, sirve de reválida tras dejar el listón bien arriba con el anterior larga duración que tuvo una acogida comercial y crítica notable.
Tras pasar por diferentes escenarios internacionales que, incluso, les llevó a telonear en grandes escenarios a Nick Cave, el cuarteto londinense ha visitado los estudios de Jeff Tweedy en Chicago para grabar algunas tomas, y posteriormente se han dejado llevar por la más que acreditada labor como productora de Cate Le Bon. La labor a los mando de Le Bon se nota. Estamos ante un cancionero que se abre a nuevas expresiones sonoras, y en donde Shaw -arengada por la propia Cate– se anima a cantar en alguna parte del disco. Su voz cantada se proyecta con dulzura, casi diría que con timidez, pero es, sin duda, un nuevo reto de la vocalista.
Después de compararlo con los anteriores discos, es este un disco más rico a todos los niveles, y es su mejor disco hasta la fecha. La electricidad enconada, las percusiones y sonido de un bajo musculoso suenan robustos en la cimbreante “Hit My Head All Day”, que se divierte con los sonidos funky a lo Talking Heads. Una apertura por lo alto. “Cruise Ship Designer” es una ración de fibroso post-punk ya marca de la casa para, acto seguido, sumergirnos en unas guitarras con ecos a Richard Lloyd y un piano travieso en “My Soul Half Pint”. En la canción titular una guitarra repite los acordes hasta el paroxismo, y unos coros difusos acompañan a Shaw en su forma de cantar tan angelical, a punto de romperse.
Los atisbos a algo parecido al folk suena espléndido en “Let Me Grow And You’ll See The Fruit”, una tonada que destila tonalidades iridiscentes acompañada por saxos que evocan el sonido de Canterbury; las revoluciones bajan con “Evil Evil Idiot” con tenues toques dub y una ambientación que recuerda a la exotica de Les Baxter que, sin previo aviso es atravesada por unas guitarras crujientes y, con Shaw, de nuevo, cantando algún verso, para acabar con “Joy”, una andanada vibrante de rock hecho con escuadra y cartabón.

