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Entrevistamos a Joaquín Pascual

Joaquín Pascual es un artista que va completamente a su bola y con el ritmo más libre que uno pudiera imaginarse. El líder de Mercromina y Travolta, y parte importante de los seminales Surfin’ Bichos sigue ahondando en una fértil y siempre carrera como solista.

Sus composiciones siempre abrigan grandes toneladas de sensibilidad, lucidez y carácter. El año pasado publicó No hay nada que hacer por el romanticismo (25) y prepara gira de presentación. Qué mejor momento para tener una interesante charla con el músico.

“Quería hacer un disco con ganas de convertir el desencanto y la destrucción en fuerza vital”.

Lo primero que quería preguntarte es cuál ha sido la principal fuente de inspiración a la hora de crear las canciones que forman parte de tu último disco No hay nada que hacer por el romanticismo (25).

El disco en principio se titulaba “Medio desnudo” y así fue hasta el último momento. Lo cambié porque intenté hacer una portada con una fotografía mía y no me convencía. Después de darle muchas vueltas ya no conseguía hacer nada que me gustara y decidí cambiar a “No hay nada que hacer por el romanticismo” que era mi segunda opción.

Cuando empecé a escribir las canciones, había un protagonista en todas ellas. El protagonista de “Medio desnudo”. Un tipo desencantado que había perdido su leit motiv en la vida. Su corazón se había vuelto frío y se veía a sí mismo medio desnudo y como encerrado en una extraña celda. Después las canciones fueron evolucionando y aparecieron otras temáticas, quizá algo alejadas de la idea original. También el personaje protagonista se fue volviendo algo más valiente, más destructivo, crítico y menos melancólico.

 

Desde mi punto de vista, es un disco que suena con una tensión contenida, con un magma distorsionado que late en la profundidad de los temas y que, en cierta manera, le da cierto punto de amenaza a las canciones. No sé si estás de acuerdo en esta apreciación y si en caso de serlo era algo que buscaste intencionalmente.

Más que amenaza, creo que hay valentía. Ganas de convertir el desencanto y la destrucción en fuerza vital. Pero sí, hay cierta rabia interior, energía. Quería hacer un disco de rock, de alguna manera acercarme al sonido de los discos que siempre me han gustado de los 60 y 70 que tienen ese ímpetu sonoro, esa inmediatez que te llega tan rápido y de forma tan directa. Por eso acompañé los adelantos con versiones de algunas de esas canciones.

Tu anterior trabajo, Baladas para un atraco (23), me parecía en cierta manera y por decirlo de algún modo, un álbum conceptual en torno a la idea de buscar una paz en el atardecer de la vida rodeado de aquello que a uno le llena y quiere. No dudo que esa es una tónica habitual de tu discografía, pero en este álbum más que una huida o refugio vislumbro una mirada hacia aquello que nos rodea entre la perplejidad, la complicidad y la aceptación. ¿Es así?

Sí. Es un disco en el que las letras parten más de una mirada al exterior que al interior de uno mismo. Te preguntas por qué ese personaje protagonista ha perdido el rumbo, por qué de repente ha dejado de emocionarse con aquellas cosas que antes le llenaban de energía positiva, por qué ha dejado escapar lo que siempre tuvo a su lado, por qué se siente preso en su propia vida. La mayoría de las respuestas las encontraba fuera de sí mismo. Quizá no era tanto él como lo que sucedía a su alrededor.

Me gusta la dualidad que muestra entre la cohesión sonora de su producción unida a la variedad estilística que presentan las canciones, algo que me retrotrae un poco a tu debut en solitario, El ritmo de los acontecimientos (09).

A mí también me recuerda mucho a mi primer disco en solitario. Quizá El ritmo de los acontecimientos es un disco más sensible en cierta manera, sobre todo en los textos, tratando de captar la poesía de lo cotidiano, estando atento a todo lo que nos sucede en el día a día, dando forma de canción a lo insignificante. Este último tiene otra temática, no tan cotidiana quizá, pero con muchas cosas en común a nivel de sonido, crudo y directo, sin artificios.

 

Comentando otras cuestiones recientes de tu actividad artística, quería preguntarte acerca del homenaje audiovisual en concierto que rendiste al tristemente desaparecido David Lynch a través de tu propuesta “Carreteras perdidas”. ¿Cómo surgió la idea? ¿Cómo relatarías la experiencia?

Carreteras Perdidas” fue una propuesta del festival Abycine de Albacete que estrenamos en 2007. Después se recuperó en 2013 por el aniversario del festival y de nuevo el año pasado, en 2025 por el fallecimiento de David Lynch. La idea era realizar un montaje con fragmentos de la filmografía de Lynch en el que apareciera reflejada la dualidad de su cine, esos mundos reales e imaginarios, calmados y violentos, tan pronto llenos de amor como de crueldad que iban sucediéndose en cualquiera de sus películas y componer una banda sonora para ellos. Dividimos el montaje en tres actos que iban evolucionando de lo más emotivo y sensible de sus imágenes en el primero hasta lo más violento y cruel en el último de ellos. La banda sonora evolucionaba también, de una primera parte armoniosa y emotiva hasta un final ya cercano al noise. Lo escribí para un grupo formado por siete músicos y un coro de ocho voces. La verdad es que fue una experiencia muy enriquecedora y de alguna forma alejada de lo que venía haciendo habitualmente. Siempre me ha gustado mucho la música de cine, la composición instrumental.

Con grandísimo fan también de la obra de Lynch, me gustaría saber si su filmografía, pintura o música, su arte en sí, ha podido ser relevante especialmente en algún momento de tu vida artística.

Pues seguro que sí. Siempre me ha fascinado su cine. Esa visión de la realidad tan clara y preciosista, ese petirrojo en la valla, contrastando con ese mundo que vive bajo nosotros lleno de violencia, crueldad, horror, pasillos y cortinas. Además, soy un grandísimo admirador de su música, pero sobre todo de la de Angelo Badalamenti.

Una cosa que valoro muchísimo de tu obra es la tremenda versatilidad y diferentes texturas y sensibilidades que se pueden encontrar en tus diferentes obras y proyectos artísticos. ¿Esa, digamos, riqueza de sonido y diferencias surge más del estado personal que vives en un determinado momento u obedece más estrictamente a apetencias artísticas?

Hay un poco de todo. Son ciclos. Justo antes de Baladas para un atraco (23) estuve un tiempo componiendo al piano. Antes de eso, una época con sintetizadores. Mis primeros discos, con guitarras. Ahora de nuevo con guitarra. También responde a qué tipo de canciones quiero hacer y en qué momento me encuentro a nivel compositivo. No es algo demasiado reflexivo tampoco. Me dejo un poco llevar.

También como escritor de canciones me gustaría que nos contaras si el grueso de tu obra musical surge más de la experiencia personal o eres un artista que a veces busca la inspiración en historias o cuestiones ajenas a tu persona.

Creo que en mi caso responde más a la experiencia personal. Y aunque a veces venga algo de fuera, lo paso también por una especie de filtro personal. Cuando compuse La Frontera (12), me obsesioné de una forma muy loca con buscar temáticas, palabras, imágenes, que el resto de personas que escuchasen las canciones pudieran identificar con tanta claridad como las veía yo. Creo que, desde entonces, esa obsesión nunca ha desaparecido del todo. Cuando escribo una canción, siempre busco ese momento en el que a pesar de todo el resto del texto, de la música, de las guitarras o los teclados, esa imagen aparezca con la mayor nitidez posible.

Me gustaría aprovechar para preguntarte por esa estupenda banda que es Mercromina. Siempre he defendido Desde la montaña más alta del mundo (05) como el ejemplo perfecto de una banda que se despide artísticamente con una obra colosal, en un punto altísimo de su sonido y evolución. ¿Llegasteis a pensar esto en el momento en que dijisteis adiós (momentáneamente por lo que ya hemos podido disfrutar)? ¿Se baraja de alguna manera la posibilidad de que la banda publicara un nuevo trabajo?

No sabíamos que ese iba a ser nuestro último disco hasta que estuvo terminado y decidimos hacer aquella gira de despedida. De hecho, a día de hoy, todavía me quedo helado cuando veo la portada de Joaquín Reyes con la guitarra clavada en la nieve como una especie de premonición. No tenemos intención de publicar nada nuevo. Al menos no por ahora. Sí que seguiremos, espero, dando algún concierto de forma puntual.

 

Queda muy poco para que comience la gira presentación de tu último trabajo y me gustaría que me dijeras sin spoilear mucho qué podemos esperar de esos directos.

Pues haré las presentaciones en formato trío, con José Manuel Mora de Mercromina y Surfin Bichos al bajo y Pedro Gavidia a la batería. Puede que me acompañe mi hermano Miguel, que se ha encargado de la portada y de algunas guitarras del disco, en algún concierto. La idea es presentar este álbum al completo y recuperar canciones de mi repertorio que encajen con las nuevas. Ya estamos en ello.

Por último, me encantaría mencionarte algunas de las canciones más importantes en mi vida personal compuestas por ti y que me contaras alguna anécdota, curiosidad o vivencia personal asociada a cada una de ellas.

Cacharros de cocina

Una de las primeras canciones que compuse para Mercromina y que siempre ha estado en el repertorio de nuestros directos. Creo que es una de las canciones más representativas de los primeros Mercromina junto con “Pájaros” y “Ciencia Ficción”.

Caterpillar

Nuestra gran oda al ruido y la destrucción. Recuerdo que nunca había suficiente densidad en la mezcla, ni siquiera con la sección de cuerdas. Es una especie de sinfonía del ruido. O al menos así nos la imaginábamos nosotros. La letra es de Carlos Cuevas, como muchas de las de la primera etapa de Mercromina.

Huracán

Creo que es uno de los mejores singles de Mercromina. Tiene mucho de lo que siempre buscamos, una estructura pop que nos permitiera desarrollo, profundidad y expresarnos como nos gustaba sin perder de vista la canción. La letra también me sigue gustando mucho. En realidad nuestro amor nació y creció en un huracán.

Colores (N. del R. canción de Travolta)

Siempre me ha gustado la letra de esta canción. Cuando me necesites aquí estaré. Está inspirada en una conversación entre dos alumnos del colegio en el que trabajaba entonces. Un poco Disney ahora que lo pienso.

Espacio Imaginario

El dolor de la pérdida y la necesidad de encontrar un espacio en tu interior en el que poder guardar el recuerdo para volver a él cuando lo necesites. Todas las canciones de EXJP (18) empezaron siendo piezas instrumentales y creo que tienen un gran componente de música absoluta, cinematográfico y espacial.

Una Cruz Clavada

También es una canción de pérdida. De ese olvido que aún tratando de evitarlo acaba por llegar. Quería que tuviese un tono western que no conseguí del todo en la mezcla. Nunca la toqué en directo, como bien sabes, porque me costaba muchísimo mantener el tipo cuando la cantaba.

Medio Desnudo

Es el look, la apariencia del protagonista de  No hay nada que hacer por el romanticismo (25). El comienzo de esta canción está inspirado en el inicio de “She’s a Mystery to Me” de Roy Orbison, uno de mis compositores y cantantes favoritos de siempre.

Joaquín Pascual estará presentando No hay nada que hacer por el romanticismo (25) en las siguientes fechas:

Valencia, 15 de febrero, Serial Parc

Murcia, 14 de marzo, Microsonidos

Madrid,  20 de marzo, Mazo Madrid

Barcelona, 27 de marzo, Heliogábal

Escucha Joaquín Pascual – No hay nada que hacer por el romanticismo

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