Los Deltonos (Ambigú Axerquía) Córdoba 14/02/26
Clásicos populares, escudo de la tradición blues-rock universal, veteranos incombustibles… Descripciones someras y siempre urgentes para describir la música y la actitud de una de las bandas más longevas y esenciales de la escena patria, asentada en Cantabria por obra y gracia, emigración incluida, de su líder e ideólogo, un Hendrik Röver adentrado casi en la sexta década de vida. Sea como la historia escrita quiera que sea, el caso de los Deltonos no debería pasar desapercibida para nadie que desee preservar ciertas esencias sin morir en el intento, aunque sea a coste (elevado, por cierto) de recurrir a la autogestión o disgregar a sus miembros en base a las circunstancias y convicciones. Ni pandemias, deserciones forzadas o voluntarias o curvas mercadotécnicas han podido con el monolito que representa su sonido, ni obviamente con la pequeña gran leyenda que pueden ya contar y cantar en cada uno de sus bolos. Eso tan manido y relativo de la autenticidad, que muchos aún no sabemos muy bien qué es pero la detectamos en cuanto la tenemos enfrente, tiene en el actual trío su más evidente plasmación.
Secundado por Javi Arias a la batería, precisión y pegada garantizadas, y Sergio Rodríguez al bajo, juegos multicolor siempre al servicio de la canción, y tras la marcha del teórico puntal guitarrístico de Fernando Macaya, el ínclito berlinés se apodera una y otra vez del mástil de la Telecaster y se desinteresa por todo aquello que no esté al alcance de su ojo de lince y oído de felino. “Escucha”, “No puedo esperar” y la espídica “Discotheque breakdown” marcan la pauta de salida, pero si tenemos en cuenta que han vuelto a la sala Ambigú Axerquía para presentar las demoledoras canciones de un disco titulado El Futuro, quienes aún no las hayan escuchado pueden darse por aludidos cuando desgranan capítulos de intensidad eléctrica del calibre de “Naufragio”, “El día aquel” o el spin off de su queridísimo “Andrés Muñiz”, en una nueva reencarnación sólo comparable a la original que recuperan minutos después. Para que quede todo claro, pasan como un cohete por otros episodios memorables, como la versión primeriza y mucho menos ingenua de “Listo”, el sudor melódico de “Brindemos” o el trote irresistible de “Repartiendo”. Ironía, lucidez y capacidad de observación imperturbables, por supuesto.
El tema, de nuevo incisivo y certero, que titula una nueva grabación impecable y arrolladora, sucede a otro de sus recientes y futuros hits: “Al revés”, la puerta de entrada a un paseo tan placentero como sorprendente. Nada que objetar a que sigan dándole cancha al guión preestablecido de “Correcto”, “La reina del adiós” o el habitual despliegue de habilidades del “Hard luck blues” que Roy Brown inmortalizó en uno de los hitos ocultos del blues de los cincuenta. Resulta igualmente apabullante que hoy suene igual de brillante o más que cuando las capas instrumentales eran más gruesas, como aquella primera vez que vio la luz en el impecable directo registrado en el Fillmore alicantino de Elda e inmortalizado para la posteridad en un doble disco al que debemos volver tantas veces como sea necesario.
No pueden abandonar ningún escenario, y lo saben, sin proporcionarnos la habitual inyección de adrenalina en vena, o lo que es lo mismo, de su “Gasolina” deliciosamente adulterada, o sin recordarnos que pese a todo el hombre de las guitarras sigue siendo “Un hombre enfermo”. Y ni que decir tiene que también seguimos pensando, como él, que si nos dieran un solo euro por cada ocasión en que hemos escuchado aquello de que el rock ha muerto y ya no hay guitarras ni quien quiera tocarlas, como aseguran en “Hey gente!”, estaríamos pensando en otros términos quizá más crematísticos pero menos esenciales para la supervivencia. Ahí siguen, dándolo todo y dispuestos a todo, para todos aquellos y aquellas que quieran verlo y sentirlo. Sí, queridos nuestros, aquí estamos, para rendiros cuentas y alzar la cabeza en señal de admiración y respeto.
Foto Los Deltonos: JJ Caballero

