Melody’s Echo Chamber – Unclouded (Domino)
Más de tres años después de que Melody Prochet publicara como Melody’s Echo Chamber el que probablemente había sido su mejor disco hasta esa fecha, el delicioso Emotional Eternal (Domino, 2022), parece que las aristas de su particular universo compositivo se han suavizado. Traducido en términos de sonido, este Unclouded que nos ocupa hace honor a su título y difumina las nubes de psicodelia centelleante capaz de retar al oyente, para dar con un puñado de sutiles contoneos de pop melódico, burbujeante y etéreo, conciso y estilizado. Todo cristalizado en melodías de las que se adhieren a la piel para lograr contradecir a quienes sostienen que de los momentos de estabilidad emocional, no pueden salir discos disfrutables y trascendentes. No en vano, en la cita del cineasta japonés Hayao Miyazaki que inspira el concepto detrás del álbum, se invoca a “ver con ojos despejados por el odio. Ver el bien en el mal y el mal en el bien”.
Para moldear tal invitación a aparcar las tinieblas existenciales, “The House That Doesn’t Exist” abre con cuerdas melosas y dinámica de instinto publicitario, dando paso a uno de los highlights del conjunto, “In The Stars”, de pulso arrebatador y mirada digna a Saint Etienne y al catálogo de Sarah Records. Podría decirse que acaricia sin arañar, en el punto justo que bascula entre lo acaramelado y lo encantador, seduciendo a fuego lento. En “Eye’s Closed” hay un poco de Tame Impala (recuerden aquella celebrada conexión con Kevin Parker en su notable debut homónimo) y de Temples. En ella, las capas de arreglos disparan sobre seguro engalanadas sobre percusiones incisivas de inercia adictiva. Es a la altura de “Childhood Dream” cuando asoma la influencia de unos Stereolab de picnic por la campiña francesa. Su alargada sombra volverá a impregnar la igualmente destacada “Burning Man”, con vientos celestiales de poso arrebatador.
La línea del álbum se vuelve entonces más variada y ofrece ganchos que apuntan al shoegaze (“Memory’s Underground”), al pop atemporal de tonalidad otoñal (estupenda “Broken Roses”) o a la inmediatez del potencial single “Into Shadows”. Aquí también hay algo de esa melancolía jangle-pop que tan bien manejan Real Estate o Beach Fossils. Menos directa pero igualmente valiosa es la crepuscular “How To Leave Misery Behind”, antesala tras la anecdótica pista titular de la radiante “Daisy”, en la que se identifica de manera más evidente el sello de Leon Michels, figura importante del bedroom pop actual en tareas de producción.
Puede que estemos ante la obra más amable de Prochet, pero no ante una menor. Por los recovecos de estas efectivas y efectistas canciones se esconden sorpresas e ideas capaces todavía de reivindicar el olfato de su autora a la hora de tejer sinuosas caricias de pop lúcido y cristalino, ideal para iluminar el oscuro devenir de los acontecimientos y parapetarse ante el caos.

