Papooz – Papooz & Friends (Half Awake Records)
Como decían los Electroduendes en La Bola de Cristal, “sólo no puedes, con amigos, sí”. Seguramente, el dúo Papooz, demasiado jóvenes y franceses, no hayan escuchado hablar jamás de un programa de televisión que se emitió en España durante los lejanos ochenta, pero sin duda en su nuevo álbum han puesto en práctica aquella sentencia. En Papooz & Friends (el título lo dice todo, ¿verdad?) han contado con una amiga o amigo para dar forma a cada una de sus nuevas canciones y entre ellos está gente tan reluciente como Arto Lindsay, Erlend ?ye o Molly Lewis.
Por supuesto, no es que Papooz no se basten ellos solitos. Desde que Ulysse Cottin y Armand Penicaut se conocieron en la cola de un concierto de Patti Smith, llevan casi tres lustros destilando su particular mezcla de disco, bossa y soft-rock, algo que, obviamente, no cambiará el devenir de la historia de la música, pero que ellos han abordado con especial personalidad, mimo y acierto en una discografía que ya cuenta con cinco celebradas referencias que les han ido asegurando su lugar en el corazoncito del público. Sobre todo a partir de aquél video para su canción “Ann wants to dance”, que se hizo tan viral.
Pero volviendo a la que es su quinta y última referencia, hay que dejar claro que Papooz & Friends no se trata sólamente de una exhibición de amistades ilustres, si no de un trabajo realmente colaborativo en el cual el dúo ha compuesto, producido e interpretado estas nueve canciones junto a cada uno de los amigos que intervienen. Un disco que, además, llega casi por sorpresa no mucho tiempo después del anterior Resonate (2024) y ha sido grabado de forma particularmente viajera entre Francia, Brasil, México, Italia, Inglaterra y Estados Unidos.
La intención era hacer las cosas de una forma lo más recreativa posible, pero lejos del concepto de mero divertimento. Este es un álbum en toda regla. Lo demuestra la excelencia alcanzada en unas canciones que, como ha sido habitual en el dúo, respiran placer, verano y escapismo, pero también una minuciosidad en la composición y arreglos que hacen de éste algo más que un producto de usar y tirar. La brisa de Copacabana que nos da en el rostro en cuanto suena ese “Wasted time” que cuenta con el carioca Zé Ibarra aportando su sensibilidad tropicalista, nos lo explica bien claro, al igual que ayuda a hacerlo el legendario Arto Lindsay en la algo más bossa “Two dolphins”.
Llega el turno al funk vacilón de manos del londinense Hugo Hamlet, que aporta su toque brit en la infecciosa “Love me better”, precediendo al primer momento contemplativo del lote. Erlend ?ye (Kings Of Convenience, The Whitest Boy Alive) contribuye a que “Make It work” funcione como una de esas melodías cristalinas que solo el McCartney (etapa Wings) más inspirado e íntimo sería capaz de alumbrar. Algo parecido al efecto que también tiene la liviana -y no exenta de aire ye-ye- “Repos”, que cuenta con Sacha Got (Le Femme), o la cuasi-lounge “Skyline serenade”, en la que silba Molly Lewis.
El disco no pierde ni por un segundo ese halo hedonista, casi paradisíaco, que le transporta a uno a un lugar mejor. Sus autores saben jugar con la ensoñación de una manera totalmente cautivadora: imposible no rendirse al encanto navideño de “Honest”, con Rení Lane, o el rotundo cierre que propicia la canción titular “Friends”, con el trío Oracle Sisters y sus maravillosas armonías dejando bien claro que el disco que acabamos de escuchar es una auténtica delicatessen, de esas, sí, que no alcanzarán carácter de trascendentales en el año que empieza (ni tampoco lo pretende) pero tienen la suficiente atemporalidad y maestría como para garantizar lo que siempre debería poder garantizar el buen pop: una sonrisa en tiempos aciagos, un refugio en la tormenta, un sonido amable entre tanto grito.

