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Porridge Radio + Our Girl (Sala López) Zaragoza 18/03/25

La última vez que estuve en la Sala López fue en 2014, para ver un concierto poco menos que imperdible dentro de mi universo particular: el reencuentro de La Costa Brava para celebrar el décimo aniversario del Bar Bacharach, fundado por Sergio Algora. El bar cerró, Algora se marchó antes de tiempo y hace mucho que no practico el costabravismo, pero parece que la suerte se alinea para que acuda a la sala junto al maltratado Puente de Piedra para celebrar reencuentros y despedidas.

He leído y escuchado en varios medios que Porridge Radio terminan su camino cuando se encuentran en su mejor momento, y no podía estar más de acuerdo; su ultimo trabajo, el EP The Machine Start to Sing, aunque esté formado por cuatro temas compuestos en momentos diferentes, se me antoja un perfecto compendio de todas las claves de la banda, la rabia apenas contenida, la sensibilidad a ras de suelo y la figura de Dana Margolin como frontwoman del presente, con el grito y el desgarro que toca en los puntos que duelen. Sí, eso es, justo ahí.

La gira de despedida (propiciada por Primavera Sound) ha recorrido cuatro ciudades españolas y estaba previsto que en Zaragoza los acogieran en Las Armas, pero el cierre de la sala provocó que se trasladara a la López. Por cierto, que puedes firmar contra el cierre de Las Armas y su continuidad como espacio relacionado con la música en directo en este enlace. Disculpad el momento reivindicativo pero es que me viene que ni pintado para destacar al colectivo Zaragoza Feliz Feliz, que es una de las mejores cosas que le han pasado a la ciudad desde que me fui, y que son, precisamente, los encargados de organizar el concierto del que estamos hablando.

La noche, de lluvia intensa, comenzó refugiándonos con Soph Nathan en solitario y defendiendo las canciones de su banda, Our Girl, con una calidez inesperada para la desnudez de la guitarra eléctrica. Sobreponiéndose al murmullo inevitable, nos dejó muy buenas sensaciones. Cambio rápido y Porridge Radio aparecen sobre el escenario en una especie de melee fraternal, más juntos imposible: Margolin con el batería Sam Yardley sobre sus hombros y Dan Hutchins, bajista, haciendo malabares entre dar apoyo al percusionista y a su cerveza. Comenzaron con las maravillosas “Sick of the Blues” y “A Hole in the Ground”, con lo que el tono queda claro. No hay lugar para las despedidas y en el horizonte se vislumbra un futuro mejor. Margolin se rompe, quiebra la voz hasta el infinito en “Lavender, Raspberries”, y el bajo le acompaña en su catarsis, incluso cuando deciden bajarse del escenario y juntar sus cabezas en un momento de conexión que parece casi privado, pero que contemplamos y admiramos en silencio.

Porridge Radio no es una banda rompedora ni innovadora, pero encierra poesía (de esa que se te agarra dentro aunque no entendieras ni una palabra), y desborda en el plano emocional. Incluso en temas más comerciales como “7 Seconds”, que la sala baila como se bailan las canciones tristes. Porque eso se palpa en todo momento, ese cantar o moverse alegres sobre la tristeza o la melancolía.

Hay momentos para el solo de Dana Margolin (“Waterslide”), para pedir al público que quien se haya llevado el set list de la teclista Georgie Scott aprovechando el momento de parón antes del bis lo devuelva… (Si me estás leyendo, entiendo que no confesaras). Pero si tengo que destacar un instante, que sea la hipnótica y oscura “Machine Starts to Sing”, que marca el broche perfecto en mi cabeza para la noche del 18 de marzo. Que no lo es, porque todavía quedaba “The Rip” como última canción del set list, pero me apetece que el final de la historia de Porridge Radio sea ahí, entre el desgarro de una voz, la camiseta de la muerte del batería, los aviones de papel y la lluvia que me espera fuera.

Fotos Porridge Radio: Susana Godoy

 

 

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