Agoraphobia (Sala Siroco – Inverfest) Madrid 30/01/26
Comenzaba a carecer de sentido la retirada del foco de Agoraphobia. Conocida su notable solvencia facturando álbumes y enalteciéndolos sobre un escenario, logros que la convirtieron en una de las sensaciones nacionales a finales de la década pasada, la coyuntura actual, tan prolija en recreaciones de sonidos 90’s, se ajusta impecablemente, a priori, a los parámetros de esta banda coruñesa. Jamás cesaron su actividad en estos últimos años, conviene apuntar, pero su ritmo de conciertos ha sido muy intermitente, y no parecía existir rastro de nuevo material compositivo. Hasta el año pasado, con la presentación de dos nuevas canciones.
Atienden al nombre de “FCK YOU TONY” y “Eyes Never Lie”, dos singles sueltos que contribuyeron a aplacar la sed de novedades en torno a la formación y que integrarán un nuevo álbum que, según indican en redes, verá la luz el 20 de febrero. El hecho, por cierto, de que, respectivamente, ambos temas sean un prodigio de vigor y un flirteo con texturas electrónicas definen a la perfección la naturaleza de Agoraphobia. Quien pensara que aprovecharían la comentada inclinación actual hacia los sonidos que popularizó Kurt Cobain y demás eminencias de su generación para destaparse con una canción canónica de rock alternativo, no conoce a esta banda, su experimentación, su incesante afán de evolución, su permanente corte de mangas a lo previsible. Quien sospechara que se limarían el colmillo, rebajarían decibelios y perpetrarían un álbum cordial para hilo de ascensor, menos aún.
La expectación en la madrileña sala Siroco, pues, era máxima. ¿La falta de ritmo lastraría las aptitudes de la banda? ¿Ese aire más moderno y experimental que parece anunciar la flamante “Eyes Never Lie” debilitaría su identidad en favor de otro tipo de actitud escénica? “However It Goes” y “Silent Lullaby”, los cortes iniciales, no parecieron disipar la duda; el grupo gallego parecía situarse, tantear, pulsar el ambiente. La chispa no tardó en arder cuando el formidable Unaligned (19) se puso sobre el tapete y “Salvation” y “The World Is Dying”, del tirón, desplegaron todos sus encendidos atributos, con esa virulencia y el marasmo de guitarras que lucen en estudio intensificados sobre las tablas. El nivel jamás decaería desde entonces, y fue entonces, justo ahí, cuando la actuación borraría posibles reticencias de un plumazo y colocaría la velada en el lugar de las elegidas, en las que uno difícilmente no valorará a finales de año a la hora de hacer balances, confeccionar rankings y, sobre todo, sentir gratitud.
Porque es muy de agradecer que bandas de estas características no desfallezcan y mantengan semejante salud. Por muchos motivos, incontables. Como que publicaran uno de los mejores lp’s nacionales de debut de aquellos años prepandémicos, Incoming Noise (17), tal vez su cénit en términos de inspiración y melodías, y lo sigan reivindicando tan atinadamente con los rescates de “Karlova”, con esos ramalazos stoner, y las frenéticas “Space Race” y “Grape Juice”, y que sonaron engrasadísimas. O que, aún en mayor medida, eleven a los cielos temas posteriores, como “We Own Us” o “Slow Goodbye”, descerrajada a mitad de actuación, lance probablemente más excelso e intenso de todos, con las primeras filas hechizadas sin remedio ante lo que tenían delante.

Porque otro motivo de celebración es poder contar en este país con una cantante tan magnética sobre un escenario como Susana Saavedra. Base rítmica, sin clemencia e inapelable, y guitarras, soberbias de principio a fin, fueron ejemplares, el sonido también acompañó, pero costaba dejar de contemplar el despliegue de la vocalista, que comenzaría tocada por un gorro, y que obviamente no tardaría en perder a consecuencia de su arrojo. Un derroche, por otra parte, nada grueso ni subrayado; Saavedra, aferrada a su micrófono, equilibraría en todo momento la sensualidad y el candor con una cierta distancia, un punto inaccesible e introvertido, que redoblaba tanto el mérito del logro como su evidente carisma. Contención muy bien entendida, en definitiva.
“Remain Unchanged” o “Zero”, con una audiencia entregada a la causa, descollarían hacia el final del set, momento en el que se lanzó al público, casi como pidiendo permiso, y sin apenas haber pronunciado una palabra fuera de sus canciones. Ni rastro de referencias a las nuevas canciones (asomaría “FCK YOU TONY”) ni de detalles del anhelado nuevo disco. Admirable ejercicio de laconismo y austeridad de la cantante, por otra parte, que multiplicó la fluidez del concierto, sin cansinas retóricas que cortan el ritmo y alargan innecesariamente este tipo de actuaciones. Por no haber de más, no hubo ni teloneros ni merchandising. La mejor promoción fue su talento, su actitud, sus canciones. Si el mundo se está muriendo, como vaticinan, no será por ellas.
Fotos Agoraphobia: Pedro Rubio Pino

