Depresión Sonora (Sala Apolo) Barcelona 12/02/26
Tras un día de alerta meteorológica en Barcelona que nos tuvo en vilo por si se cancelaba el concierto, finalmente se celebró sin problema en la sala grande de Apolo que estaba a reventar (con un sold out más que previsible) de devotos del de Vallecas. Puntualmente, el audio del Moisés de «Éxodo 32: 15-28» daba la bienvenida a Marcos Crespo y los cuatro miembros de la banda al escenario, para abrir el concierto igual que su último disco, con la canción «La balada de los perros». El público se desgañitó dándolo todo y esa fue la tónica durante todo el set: el madrileño y su banda repasaron sus dos discos y EPs sin que el público diera tregua.
Sonido impecable en directo para la relectura contemporánea del post-punk de Depresión Sonora actualizado con narrativa de la generación actual. «Estupefacientes», «Mala», «Sin volverme loco», «Dónde Están mis Amigos»… con los asistentes absolutamente entregados y Marcos, convaleciente de una reciente operación, a medio gas en lo performativo pero a tope en lo musical.
En algunos momentos estábamos en un tugurio siniestro de 1979; en otros, parecía que Family hubiese descubierto la distorsión. Siempre con esas melodías marca de la casa que se te meten bajo la piel y esos versos – vamos a llamarlos consignas – que te sacuden reflejando la cruda realidad de forma tan personal pero a la vez tan absolutamente universal (“al final todos somos pobres”, “revuelta en el extrarradio”, «¡Qué difícil es el mundo real!»).
Y las canciones iban cayendo («Veo tan dentro», «Tú no me tienes que salvar», «Desordenarlo todo», la magnífica «Me va la vida en esto» o «Domingo químico») mientras el sonido se iba haciendo cada vez más urgente, cada vez más intenso y potente, hasta llegar al clímax con «Como todo el mundo» que berreó hasta el portero de la sala. Pero aún quedaba pólvora por quemar…
Un nuevo audio hizo de pausa previa al bis. «Mira por donde, sigues ahí», nos apelaba. Como siempre, frases sucintas que encierran mucho. Después, Marcos salió solo a interpretar «Qué pena que nos vayamos a olvidar» y volver a dar paso a la banda con un cierre que prendió la sala con «Fumando en mi funeral», «Ya no hay verano» y una grandiosa «Gasolina y mechero» con pogo incluido. Y para cerrar, invitado de lujo: «Vacaciones para siempre» con Pablo Prieto (Admin) de Alcalá Norte. Muy grande.
En la intimidad de las cuatro paredes en las que Marcos Crespo escribe sus canciones, tienen ese toque íntimo de introspección lo-fi. Pero sobre el escenario, con cuatro músicos más, los temas se expanden para ocupar todo el espacio y se cuelan nuevas sonoridades que les dan una fuerza inesperada. Y todo, sin perder ni un siquiera un poquito de su personalidad.

