Hay muchas razones para no ir a un concierto de Peter Hook en 2017. Los conciertos de viejas glorias suelen ser celebraciones onanistas de un pasado glorioso que dejan al público con una sensación un tanto agridulce de “Esto debió ser increíble en su momento pero ahora…”.
¿Qué pasa? Que uno tampoco se va a resignar, solo por su edad, a no ver a determinados músicos legendarios encima de las tablas cuando hay ocasión, y si la ocasión es tocar seguidos el Substance de New Order y el de Joy Division, es una de las buenas.
Salen los músicos al escenario, empiezan las primeras notas de “Ceremony” y ya te recorre todo el cuerpo un escalofrío. Una de las últimas canciones escritas por Ian Curtis, la canción aún es más de Joy Division que de New Order. La evolución de esta segunda encarnación de los mancunianos se hace evidente según van cayendo los singles; “Everything’s Gone Green”, “Temptation” y el celebérrimo “Blue Monday” hicieron que la gente se viniera arriba. “Thieves Like Us”, una de las canciones favoritas del propio Hook, sonó fantástica; En algunas canciones, como “Confusion” o “The Perfect Kiss”, asumía el papel de cantante David Potts (Monaco), con un timbre de voz mucho más similar al de Bernard Sumner.
Fueron cayendo, en el mismo orden que en Substance, singles más flojos (“Shellshock”, “State of the Nation”) con las grandes de su catálogo como la preciosa “Subculture” o las absolutamente infalibles “Bizarre Love Triangle” y “True Faith”, acabando en todo lo alto. Un acierto empezar con New Order, como se iba a comprobar enseguida.
Tras el consabido descanso para separar ambos grupos, salieron para volarnos la cabeza con el repertorio de Joy Division con una fuerza tremenda y una más que notable ejecución, muy bien todos, mención especial para Paul Kehoe, que tenía que tocar las partes de, para mí, uno de los mejores baterías de todos los tiempos, Stephen Morris.
Ya con la primera, “Warsaw”, dieron un puñetazo sobre la mesa y dejaron claro que vale, no son Joy Division, tampoco son New Order, pero es quizá la mejor ocasión que vas a tener de ver tocar sobre un escenario unas canciones irrepetibles. Sonaron también poderosas, físicas, hirientes, “Leaders of Men” y “Autosuggestion”, dando paso al demoledor inicio de “Transmission”, insuperable, uno de los momentos ágidos del set, y “She’s Lost Control” , para atacar la parte final con “Incubation”, “Dead Souls”, “Atmosphere” (que dedicó a Ian Curtis) y “Love Will Tear Us Apart”, que, previsiblemente, desató la locura del público ( aunque nunca he entendido el empeño de corear el precioso arreglo de teclado como si fuera el A por ellos, oé). Aún hoy sorprende lo increíbles que eran Joy Division, es algo que no se puede explicar.
Los bises aún deparaban grandes momentos como “Procession”, “Disorder”, “Isolation” o “Shadowplay”, en la que aún nos parecía ver a unos bisoños pero abrasivos Joy Division tocando en el programa de Tony Wilson y cambiando para siempre la historia de la música.
Inevitable no pensar en mejores tiempos pasados con sus otrora compañeros de grupo, pero muy buen concierto de Peter Hook and the Light repasando con impecable solvencia un cancionero magnífico.
Foto: Facebook de Peter Hook & The Light.

















