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Bill Callahan – My Days Of 58 (Drag City)

¿Por qué los hombres cantan? Lo repite Bill Callahan de forma repetitiva, como si fuera una maldita pesadilla o un mantra en el tema que abre  My Days Of 58 (Drag City, 2026). Lleva más de treinta años tejiendo canciones con la paciencia de un artesano. A su ritmo pero sin pausa, como esos orfebres que cuidan sus piezas con tanto esmero que da hasta vergüenza que tengan que competir en un sistema franquiciado en donde lo que al final importa es la utilidad, no la belleza y el trabajo que hay depositado en ello.

Bill cumple 58 años y está cansado de escribir canciones, aunque sabe que es lo único que sabe hacer. Eso y ver a su alrededor y seguir asombrándose con todo, y tener sueños en donde le espera Lou Reed en el infierno vestido con una túnica blanca, y le dice que se deje llevar, déjate llevar y que fluya tu nueva canción (“Why Do Men Sing?”)

Con 58 en sus espaldas al bardo de Maryland le encanta subirse a su furgoneta y viajar sin rumbo fijo. Necesita recuperarse de los sustos que da la vida. Una analítica de sangre daba su veredicto: cáncer de colon. La vida zozobra a sus pasos, y los días pasan. Hace pocos días le dijo a Philip Sherburne para Pitchfork cuál era el detonante para empezar a escribir. De nuevo la vista, el acto de observar:

“Normalmente empieza como un puntito: estás mirando el océano y hay un puntito en el horizonte, y piensas: ¿qué es eso? ¿Me lo estoy imaginando? ¿Es un barco o un monstruo? Luego empieza a acercarse cada vez más y a tomar forma cuando ya lo tienes justo delante. De un modo abstracto, así es como comienzan todos mis discos. Como si estuviera mirando el horizonte. A veces no hay nada. Y al final aparece algo, y me obsesiono con eso, y eso acaba siendo el álbum, en realidad. Tenía pequeños esqueletos de algunas de estas canciones, pero no terminaba de sentirlas. Y entonces, por suerte… me diagnosticaron cáncer el enero pasado, o en diciembre anterior, y eso realmente me ayudó a escribir estas canciones”.

De lo abstracto a lo concreto. Los sueños están hechos de retazos de abstracción y materialidad; la vida son hechos con los que tienes que cargar siempre con sus luces y sombras. Este es un disco que tiene bastante de cuaderno de notas en donde poner por escrito esa habitar y ese resistir en el día a día.  La banda que acompaña a Callahan (estupendos Matt Kinsey a la guitarra, Dustin Laurenzi al saxofón y  Jim White baqueteando) se suma una orquestación de metales que sustentan unas canciones gloriosas que te hacen sentirte como un estado de ensoñación rara, al borde de que todo salte por los aires. Los versos aquí son como suaves parpadeos, pero también pueden ser fríos como estilete en la yugular.

La voz engolada y varonil de Callahan declama versos en donde explica que lleva tiempo siendo algo así como un juglar cantando sus cuitas. “Pathol O.G” es un juego de palabras entre patología y veterano, y es muy Lou Reed circa New York. “Es importante no tratar tu bote salvavidas como un yate / Es importante no convertir tu bote salvavidas en un yate / A veces simplemente tienes que bajarte y caminar”. Es vital saber de dónde vienes y observar si quedará algo de tí en la tierra. La guitarra resuena en la ciudad, porque la ciudad es el espejo de las almas rotas y solitarias, y de eso se nutre “Lonely City”: esas ciudades que son ahora la embajada de los cafés que siluetea una orografía de cartón piedra.

Una sociedad que enarbola la evolución maquinista es falsa y Bill lo sabe: “Esta máquina se ha convertido en la guillotina del pueblo / Y la libertad de expresión casi se ha acabado”. Versos que se van escabullendo de su garganta profunda sobre un manto de blues quebradizo, con silencios: “Guardar silencio produce un tipo distinto de conciencia” escribe Vicente Luis Mora. Estas canciones son ARTE. Interpela siempre. Nos hace preguntas incómodas, y el ARTE siempre tiene que ser incómodo.

Escucha Bill Callahan – My Days Of 58

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