ConciertosCrónicas

AV Festival 2004 (Castillo Sohail) Fuengirola, Málaga

A pesar de ser jueves y de ser la primera noche del AV, era la noche más esperada por muchos de los asistentes al festival. No solamente hacía meses que esperábamos que llegara el 1 de julio (desde que se confirmó el cartel), sino que llevábamos años esperando que Morrissey traspasara los Pirineos y actuara por primera vez en solitario en nuestro país. Así que hacia allá nos fuimos – por desgracia solamente el jueves; el trabajo nos reclamaba en nuestras ciudades – para disfrutar no sólo de un concierto soberbio, sino de una noche mágica, llena de buena música y de nostalgia. Un año más es necesario resaltar los fallos de organización. Si para un festival de aforo tan modesto – 3000 personas -, el sistema habitual de pulseras funcionaba bastante bien, ¿para qué complicarlo todo con la pijadita de la huella digital? Esto no hizo más que crear grandes colas para canjear las entradas y los abonos, y colapsar el acceso al recinto. Además, los fallos en los horarios hicieron que las esperas fueran demasiado largas y en algunos momentos la desesperación hacía mella. Nuevamente, es un aspecto que se tendría que replantear. Lo que no se repitió fueron los interminables minutos entre banda y banda, y los colapsos en las barras, a pesar de haber un lleno casi absoluto.

El recinto, como es habitual, mágico. toda la noche estuvo ambientado con proyecciones de cuadros de Picasso e imágenes de Frank Sinatra. Aquí podéis ver una pequeña muestra:
Con un importante retraso (las puertas debían abrirse a las 20h, y no lo hicieron hasta las 21.30 pasadas), salieron Broken Social Scene al escenario. Las colas en el acceso nos impidieron llegar a tiempo, y tan solo pudimos ver los últimos temas. El multitudinario grupo – ocho personas sobre el escenario – se coordinaban a la perfección. Gozaron de un sonido perfecto (la verdad es que fue una constante en todas las actuaciones) y, a pesar de haber poco público – el resto de gente peleaba por conseguir entrar al recinto o cambiar la pulsera -, lograron un gran éxito. El escenario cobró mucha vidilla con los vaivenes de la banda, y sin duda sorprendieron a los pocos afortunados que pudimos verlos. Potentes y elegantes.
Trespassers William quizás fueron los que peor suerte corrieron. La delicadeza de su música, la melancolía que se desprende de sus canciones y la lánguida voz de la cantante se perdió en parte por un sonido demasiado suave y un público expectante que empezaba a llenar el recinto que no dejaba de hablar. Estuvieron más que correctos, pero no lograron hacer brillar sus temas en la forma en la que lo hacen en el disco, Different Stars (Sinnamon, o4). Esperamos verles en un recinto más pequeño y más íntimo para poder disfrutar de su música.

Y antes de lo previsto, el gran Morrissey salió al escenario vestido como un dandy, con mucha energía y muy cercano, con el público ganado de antemano y dando la bienvenida a la «costa de Morrissey». En seguida nos sorprendió: no iba a renegar de algunos de los temas de The Smiths, y, aunque no todos fueron sus temas más carismáticos, enseguida descubrimos los primeros acordes de «Shalespeare´s Sister». Hubo un tema muy especial, que presentó diciendo que «el pasado puede ser muy doloroso, pero ya ha quedado atrás: «There is a light that never goes out», uno de los momentos más emocionantes de la noche.
El ex-Smiths actuó envuelto de una aura divina. Cada gesto, cada movimiento era recibido con auténtica devoción, y él, más divo que nunca: continuos acercamientos al público tanto para conversar con ellos como para dar la mano, hasta cuatro cambios de camisa, y una histriónica gesticulación. Cada tema lo vivía tan intensamente como el público. Su invocación al cielo en «I have forgiven Jesus» resultaba realmente descorazonadora, y los movimientos de micrófono, muy elegantes. Que aprenda Brett Anderson!

En un ambiente muy distendido, presentó gran parte de los temas de You are the Quarry (BMG, 04). Incluso se lanzó a bromear sobre la posición de su álbum en el chart español – «está en el número 900» – y sobre la distribución de su último single en nuestro país – «en Sudáfrica está, en España quizás» -. Los temas sonaron realmente bien, interpretó un repertorio bastante completo. Brillaron especialmente «The first of the gang» o la deliciosa «Let me kiss you». Precioso.

Se nos hizo muy corto. Mucho. Apenas hora y poco para despedirse por todo lo alto y con mucha fuerza con «Irish blood, English Heart». Una actuación prácticamente perfecta, aunque éste pueda ser un juicio hecho desde la euforia. Puestos a pedir más, podría haber hecho caso del público de la primera fila y tocar «This Charming man», «Suedehead» o «The last of the international playboys».

Las comparaciones no son buenas, pero tras el impecable concierto del señor Morrissey, era difícil llegar a vivir sensaciones parecidas. Muchos abandonaron el recinto, otros se quedaron en su propia nube y fuimos, básicamente, los fans de James los que bajamos para dejarnos llevar por la voz y los singulares movimientos de Tim Booth.

El concierto no pudo empezar mejor que con «Wave hello», la canción que abre el primer disco en solitario (sin contar su colaboración con Badalamenti) de Tim Booth, Bone (Sanctuary, 04). Pero seamos sinceros, la iniciativa en solitario no le ha salido demasiado bien al británico. Cuando todavía no nos hemos recuperado de la despedida de James, el ex-líder vuelve a nuestro país presentándonos un trabajo algo irregular. Eso sí, los mejores temas del disco sonaron redondos en directo, como el ya mencionado «Wave hello», la pegadiza «Bone», la sencillamente mágica «Down to the sea», o la hipnótica «Monkey God», que cerró el concierto hasta el bis. Un bis, por cierto, de lujo, con el «Head held high» de la Velvet Underground.

Un concierto muy bien defendido, pero que disfrutaron más que nadie los fans de la mítica banda y del artista. Y no nos olvidemos de la impresionante versión lenta de «Sometimes», el momento lagrimilla que nos puso la carne de gallina. El error fue esperar algún otro tema y además pedírselo. Parece que a Booth no le hizo demasiada gracia, y es normal si lo que quiere ahora es que se le reconozca por su trabajo en solitario.
Y qué pena que la impertinencia de algunos asistentes impidiera que tocaran «Fall in love». Un delicado tema para el que Booth rogó y pidió por favor absoluto silencio. Ay, pobre iluso…Tim, Spain is different. La resaca no pudo ser mejor: al día siguiente, esperando para embarcar de vuelta a casa, tuvimos el enorme placer de coincidir con Morrissey en el avión. Charlando un rato con él, nos confirmó lo que ya intuíamos: que había disfrutado casi tanto como nosotras en el concierto. Quizás sea lo que dice en cada ciudad que pisa. Quién sabe. Estaba también algo intrigado por el precio de las entradas – «¿tan caras eran?» -, y tenía ya ganas de coger el avión para ir a Roskilde, su siguiente parada. En menos de un mes, en el FIB Desde luego, pensamos repetir.

 

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